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Hace poco más de 10 años se aprobó la Ley N° 19.272, LEY DE DESCENTRALIZACION Y PARTICIPACION CIUDADANA.

Después de varias discusiones entre el poder legislativo y el ejecutivo, el entonces presidente Tabaré Vázquez logra la creación del tercer nivel de gobierno, con el apoyo de todos los partidos políticos con representación parlamentaria.

Esta ley creó 112 municipios en todo el país, los cuales son electos por la ciudadanía. Rescatando del ostracismo el sistema colegiado, se prevé que el primer titular de la lista más votada se convierta en alcalde seguido en forma proporcional por 4 concejales municipales que se repartirán los cargos en forma proporcional a la cantidad de votos.

Si bien los municipios existen en todo el mundo, la izquierda latinoamericana buscó a partir de la desconcentración política que los gobiernos locales y las organizaciones sociales barriales fueran una trinchera de trabajo que permitiera de forma germinal apuntalar los procesos necesarios de igualdad y transformación social.

Las prácticas de educación popular y organización de diferentes comunidades se difundieron, y experiencias como el Foro Social Mundial de Porto Alegre, que a influjo de Olivio Dutra Gobernador de dicha ciudad e integrante del PT en la comuna, permitió que estas estrategias se divulgaran para que los gobiernos de cercanía se convirtieran en herramienta de inclusión.

Para ello se implementaron políticas como la del presupuesto participativo, con el fin de trasladar poder de decisión a la gente sobre las prioridades presupuestales con una visión barrial. Si bien comparten el nombre, en el sistema brasilero apuntó a organizar a la comunidad, mediante asambleas populares y trabajar de forma colectiva con vecinos las prioridades, y no caer en la simple posibilidad de votar una propuesta en función del dinero que se encuentra a disposición por zona como ocurre en Montevideo y en buena parte del país.

Hablamos de participación local organizada, capaz de discutir la política de alumbrado de la zona, pero también, la situación económica del país. Esa experiencia buscó a partir de los gobiernos locales generar participación real. Sin embargo, queda claro que la creación del tercer nivel de gobierno no garantiza el traslado de poder de decisión a las personas, pero la ley apunto a crear un marco para superar la experiencia de juntas locales y concejos vecinales.

La creación en Uruguay de los municipios, recuperando el sistema colegiado de gobierno, nos puso ante la incertidumbre de si estábamos generando más burocracia y agrandando "el elefante" del Estado o por el contrario se lograba que los presupuestos finitos del Estado se inyectaran como una aguja hipodérmica en los sectores más vulnerables, con la apreciación que permite ver la realidad y actuar desde una perspectiva local.

Sin aseverar que en todos los casos ha sido igual, sí podemos afirmar que nos encontramos (después de 10 años de gobierno) con cambios importantes en varios municipios, con experiencias de gestión e implementación de planes y programas diferenciados, adaptados a cada lugar, ajustados a las necesidades de la gente.

Esto va más allá de la mirada citadina de Montevideo y la forma en que se establecieron en la capital, exige elevar la mirada acerca de las transformaciones que se viven en diferentes ciudades y pueblos de todo el país. Y también en la propia capital, donde a partir de redes y trabajo de organización, se han logrado mejoras considerables a la calidad de vida de la población. En muchos casos sin variar demasiado el presupuesto por departamento, lo que sucede es que la mirada cercana hace rendir más los dineros públicos.

Si bien los números de satisfacción con respecto a una de las potestades de los gobiernos locales, como son los espacios públicos, es alta. Siquiera en los gobiernos frenteamplistas se ha logrado romper el equilibrio que siempre busca el gobierno departamental con respecto a los municipios. A veces parece que la burocracia y la tecnocracia buscaran nuevas barreras para que no avanzaran los proyectos que en los papeles se supone se quiere. Y la realidad marca que el desconocimiento del sistema de gobierno implementado atenta contra el desarrollo del mismo.

Las experiencias organizativas actuales de organización barrial también son relativas, hay experiencias interesantes que logran en coordinación con los gobiernos locales transformar realidades complejas, pero otras tienden a institucionalizarse y convertirse en parte del aparato Estatal, en lugar de ser justamente esa herramienta que pinche, exija avances y transformaciones sociales.

¿El desarrollo local es una herramienta de transformación social?

¿Los municipios pueden ser lugares de desarrollo y apuntalamiento de esa transformación?

Respuestas que generan más interrogantes si no se es capaz de repensar la organización barrial pensando en nuevas formas, nuevos conceptos, con los mismos principios.

Autor: Pablo Khalil

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