El Congreso del PIT-CNT caracterizó la etapa que vivimos como parte de un proceso de agudización de la disputa entre dos proyectos de país. Uno que integramos como parte del bloque social y político de los cambios, continuidad histórica de un espacio que, no sin contradicciones y enormes complejidades, funciona desde el Congreso del Pueblo como parte del diseño unitario del campo popular, construido en torno a un programa que la CNT hizo suyo, al igual que múltiples organizaciones sociales y políticas. Del otro lado, un abanico expresiones sociales y políticas de los sectores dominantes de la sociedad. Allí se ubican sectores empresariales y partidos políticos que componen el espectro de derecha. La caracterización de la etapa resuelta en el Congreso no cambió en absoluto.

La caracterización política respecto a la pugna entre estos bloques atraviesa de múltiples formas la vida social y política del país, y también se expresó (aunque nunca estos procesos son lineales) el año pasado en la disputa electoral. Ya sabemos cómo terminó, por poco más de 35 mil votos ganó Luis Lacalle la segunda vuelta y es el presidente electo de los uruguayos.

Algunos de los anuncios formulados en campaña generan preocupaciones: el achicamiento del Estado, la reducción del gasto público de 900 millones de dólares, algunos aspectos de la política exterior (TLC con Estados Unidos), una ley de urgente consideración de la que aún no conocemos el contenido, a modo de ejemplo.

Este breve glosario de propuestas electorales hacen prever situaciones complejas para los trabajadores y para los sectores más vulnerados de la sociedad.

Hemos anunciado que somos independientes pero no indiferentes y mucho menos neutrales ante los procesos de cambio que se desarrollaron en los últimos 15 años y que vamos a defender nuestras conquistas, vinculadas a la negociación colectiva, la libertad sindical, las 8 horas de trabajador rural, la negociación colectiva en el sector doméstico, la reforma del Sistema Nacional de Salud, entre muchos avances y cambios estructurales muy importantes. Después de la elección reafirmamos nuestra posición.

Desde estas convicciones, asistimos a una reunión con el presidente electo y varios miembros importantes del futuro Gobierno. En la misma se colocó la necesidad de tener una comunicación directa con el Gobierno, se afirmó que la negociación colectiva no se va a limitar a ajustar los mínimos por categoría y mantendrá un funcionamiento similar al actual, todo esto reafirmado a la salida de la reunión en rueda de prensa, por el ministro de trabajo designado, Pablo Mieres.

También acordamos agendar una reunión entre los sindicatos del Estado y la ministra de economía designada, Azucena Arbeleche. Otra entre la CSEU y el presidente del CODICEN designado, Robert Silva.

A la salida de la reunión manifestamos que la reunión fue positiva, que se encontraron canales de diálogo y que se aseguró la negociación colectiva. ¿Esto nos puede llevar a pensar de que todo va a ser sencillo? Contundentemente no.

El Gobierno electo va a ser tironeado por una parte de su base social: “Un solo Uruguay”, las cámaras empresariales, el sector agroexportador, empujarán hacia las políticas que expresan en sus plataformas y que han fracasado en todo el mundo, excepto para parte de los sectores que las propician.

Al mismo tiempo parte de los anuncios son francamente negativos, como lo planteamos en los meses de octubre y diciembre. El Secretariado Ejecutivo valoró en estos meses la necesidad de tener la herramienta sindical a la altura de los desafíos para defender nuestras conquistas y avanzar en dirección de mejorar las condiciones de vida de sectores que aún mantienen sus derechos vulnerados.

Ambas cosas las plantemos con la mayor claridad posible. Somos la organización de las trabajadoras y los trabajadores uruguayos, formamos parte de un bloque social con el que debemos articular al máximo: estudiantes, jubilados, cooperativistas, feministas, organizaciones de DDHH, a los efectos de estar preparados ante medidas que puedan resultar antipopulares.

Esto supone prepararse para toda eventualidad y tener las respuestas tácticas adecuadas.

Sostener esto no se contradice en ningún aspecto con la buena reunión que mantuvimos con el presidente electo, porque en todas las instancias se necesitará diálogo y negociación a todos los niveles, y esa reunión fue un puente con esa herramienta fundamental que es la negociación.

Si teníamos razón en lo que planteamos en el Congreso, se vienen tiempos difíciles para importantes sectores de nuestro pueblo de los que formamos parte. Las presiones empresariales, sus propias propuestas electorales, la composición diversa de la coalición a la que le toca gobernar, las tensiones que ya se han manifestado antes de asumir, son parte del complejo escenario que afronta el país.

Para ese enorme desafío que tenemos por delante no podemos amputarnos ninguna de nuestras herramientas, ni las de la negociación y el diálogo, ni las de lucha, señas de identidad del movimiento sindical uruguayo a lo largo de toda nuestra historia.

Es claro que el cambio de Gobierno inaugura una nueva etapa, en la que la defensa de los derechos será el eje vertebrador de nuestras iniciativas. Pero esto no supone una parálisis de nuestra vocación de avances, que nunca estuvo ni debe estar restringida por el color del Gobierno de turno.

Aspiramos a preservar lo conquistado, pero también a impulsar una plataforma programática que ponga el acento en los sectores más vulnerables. Dijimos durante todo el año pasado que es imprescindible avanzar en la generación de empleo. A tales efectos es que propusimos un espacio tripartito para intercambiar sobre políticas públicas que favorezcan la generación de empleo de calidad. Dicho espacio fue rechazado por las cámaras empresariales, pero es necesario concretarlo.

Este año también varias ramas del sector privado discuten una nueva ronda de Consejos de Salarios y allí se juega mucho más que el poder adquisitivo de parte importante de los trabajadores de nuestro país. Existe a esta altura sobrada evidencia del impacto que el crecimiento del salario tiene en la activación del mercado interno. Esto tiene consecuencias directas en el comercio, en la generación de empleo y de consumo interno.

Sin embargo, nuestra lucha nunca estuvo ni estará restringida a reivindicaciones exclusivamente ligadas al mundo laboral. No somos un movimiento sindical corporativo.

Es por eso que vamos a insistir en la importancia de un papel activo del Estado. Promoviendo desarrollo económico y políticas públicas que permitan profundizar la integración de los sectores más vulnerables, especialmente la primera infancia.

La discusión presupuestal tendrá un activo papel del movimiento sindical reivindicando las justas demandas de trabajadores y trabajadoras de la función pública, pero muy especialmente una visión de conjunto sobre el desarrollo del país.

Quizás uno de los aprendizajes más trascendentes que tenemos que procesar colectivamente, pasa por la necesidad de encuadrar todas estas reivindicaciones -justas y necesarias- en un planteo global sobre las dinámicas que priman en la sociedad.

Es cierto que las urgencias que rigen el debate público tienen respuestas posibles y necesarias en el corto plazo. Es necesario avanzar en esa agenda, pero lo fundamental pasa por inscribir esas luchas en un proceso de reflexión profundo sobre aspectos de nuestras vidas que requieren transformaciones sustanciales.

Se expanden en la sociedad ideas de avance, promovidas desde nuevas sensibilidades que ponen su acento en las relaciones interpersonales, en las desigualdades, en la sostenibilidad ambiental y en la necesidad de condiciones de vida que permitan la elevación de las personas desde nuevos parámetro.

Vivimos una etapa de transición cultural que permite visibilizar flagelos que tuvimos naturalizados y construir formas más sanas de afrontar nuestras vidas. Es imposible exigirle al movimiento sindical que asuma la responsabilidad de decretar esos cambios, pero nuestro desafío principal pasa por integrarnos cada vez más a esas causas que germinan un mundo nuevo en el que las personas seamos más libres.

Autor: Fernando Pereira

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