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El Teniente Dardo Víctor Barrios Hernández, alias “El Zo­rro” fue detenido por Interpol en Villa Florida, departamento de Misiones en Paraguay.

Detienen en Paraguay al carnicero conocido como El Zorro, quién castró y asesinó a Horacio Gelós Bonilla.

El Teniente Dardo Víctor Barrios Hernández, alias “El Zo­rro” fue detenido por Interpol en Villa Florida, departamento de Misiones en Paraguay.

Fue quien castró a Horacio Gelós Bonilla en el Batallón de Ingenieros de “Combate” Nº 4. Está ubicado entre la Ruta 9 y Laguna del Sauce, al este de la Base Aeronaval Capitán Curbelo en el Departamento de Maldonado. Depende de la División de Ejército IV (ex Región Militar IV) que com­prende toda la región este del país. Este Batallón se destacó por la tortura sistemática.

El 24 de noviembre de 1972 asesinaron por torturas al mili­tante del Partido Nacional Eduardo “Chocho” Larrosa, que tra­bajó como peluquero, pescador, taxista y cocinero, además se desempeñó como comerciante.

El 29 de abril de 1975 Amelia Lavagna de Tizze muere víc­tima de torturas en el 4º de Ingenieros de Maldonado. Dos días antes había sido detenido su esposo José Pedro Tizze y al otro día ella. Horas más tarde le comunican a su hija que se había suicidado. Le prohíben hacerle una autopsia.

El 6 de enero de 1976 asesinan por torturas y hacen desapare­cer a Horacio Gelós Bonilla.

El 9 de marzo de 1976 asesinan por torturas a Eduardo Mon­dello, de profesión fotógrafo y le atan con alambre la boca para mostrárselo a un detenido.

El 4 de noviembre de 1976 son detenidos en Punta del Este por fuerzas represivas en el marco de la Operación Cóndor los hermanos Claudio y Lila Epelbaum Slotopolsky, de nacionali­dad argentina, y trasladados a ese país a un centro clandestino de detención (“El Banco”), donde fueron asesinados y desapa­recidos.

En democracia los Intendentes blancos le dieron trabajo en la In­tendencia. Cuando ganó el Frente Am­plio, Barrios emigró a Paraguay. Dardo Barrios siendo Teniente 2º hizo el curso Internal Security Opera­tions CC-6 entre los días 11 de enero y 5 de febrero de 1971, en la maldita SOA (Escuela de Las Américas). Está acusado tam­bién del asesinato de Mondello.

 

¿QUIÉN FUE HORACIO GELÓS BONILLA?

Gelós Bonilla era Secretario General del S.U.N.C.A en Maldonado y militante del Partido Comunista. Fundador del Frente Amplio en Maldonado. Participó activamente a fines del año 1970 cuando se estaba ges­tando. No fue una casualidad que fuera edil suplente por la 1001, nada menos que de Car­los Julio Barrios.

Además, los ediles del Frente actuaban colectivamente. Era frecuente que el su­plente fuera titular y que en la misma se­sión fueran alternando. Gelós Bonilla es el único Edil desaparecido.

El 2 de enero de 1976 en la tardecita secuestraron a Horacio Gelós Bonilla en la plaza de Maldonado en plena Operación Morgan.

 

TESTIMONIOS DE QUIÉNES LO CONOCIERON

(Fuente del libro: Horacio Gelós Bonilla, Héroe de la Patria. De Gustavo Alsina y Gonzalo Alsina)

Nivert Fontes, delegado obrero de la construcción en Maldonado.

Consultado sobre lo que recordaba sobre las características humanas de Horacio Gelós Bonilla…

“Era muy humilde, era tan humilde que hacía refuerzo de pan con pan o refuerzo con grasa. Eso sí, yo no podía creer, pero al­guna vez comió un refuerzo de grasa, ¡pan con pan! Cortaba un pan…, grasa, grasa, viste…, le ponía grasa y comía…Aunque ustedes no lo crean, ¡fue así!”

Álvar Narciso Dávila, delegado obrero de la construcción en Maldonado.

“¿Cuándo lo conoció a Gelós?

Cuando conocí a Gelós yo trabajaba en la Torre Gorlero…

¿Era obrero de la construcción?

¡Sí!, era oficial albañil y oficial carpintero. Como dije, yo tra­bajaba en la Torre Gorlero, que fue una de las primeras torres que se hizo en Punta del Este. Trabajé muchos años. Se me en­treveran los años. Trabajé antes en la Laguna. Yo trabajaba en la construcción y Gelós también. Y nos conocimos como obreros de la construcción.

¿Y en el sindicato?

¡Sí! Luchamos juntos por la unidad. Veníamos a Maldonado en camiones. Y Gelós recorría las obras. Venía a la obra. Era muy amigo mío. ¡Una excelente persona! Después de una breve pausa continúa: Gelós… ¡qué tipo Ge­lós! (lo dice muy emocionado y no puede seguir). Te alentaba. Me decía: que no me iba a pasar nada. Me lo decía caminando por Gorlero. Te pasaba la mano por arriba del hombro. ¡Qué persona! Yo fui muy amigo de Gelós. Una persona excepcional. Hacíamos asambleas del SUNCA en Maldonado. Llegaba a mi casa a las nueve de la noche. En mi casa tenía unos líos barbaros. Hacíamos reuniones en el SUNCA de Maldonado. Veníamos en camiones a Maldonado. El local quedaba de la Plaza dos cuadras para bajo.

Se hacían las asambleas, pero con gente cuidando en la ve­reda, con seguridad, porque los milicos andaban desesperados. No era changa. Había represión. Cuando venían los milicos nos íbamos todos para el fondo y llegaban hasta la oficina. Venían los milicos y se paraban en la puerta. Estaban la Medidas de Pacheco… No se podían hacer reuniones. Pero no les dábamos pelota. Se ensañaban. ¿Yo no sé por qué? Si nosotros luchába­mos para que todo el mundo viviera mejor; ellos también. Pero ellos… ¡qué cosa rara…!

Nos poníamos como que estábamos haciendo otra cosa. Cuan­do lo milicos se alejaban del local, los compañeros nos avisaban y de nuevo a juntarnos y seguía la asamblea. Pero era difícil. Era difícil, porque nos perseguían por todos lados. Me vigilaban el rancho de manera permanente. Mis hijos me decían que habían estado vigilando la casa. Uno iba para allí y el otro caminaba por la vereda. Era bravo y uno siempre en la puerta.

¿Las características de Gelós…?

Era un tipo alegre. Despierto. Aconsejaba a todo el mundo. ¡Muy inteligente! Te aconsejaba: no te hagas problema que no te va a pasar nada. Gelós te agarraba y te sacaba a charlar por la vereda. Vení que tengo que hablar contigo.

Era un crá, un fenómeno como persona. Era íntegro. Si no tenías plata para comer, te conseguía igual. Por­que era una persona, ¡extraordinaria!, Gelós. Muchos años estu­vimos juntos. Luego fuimos hacer la obra en la Laguna y fuimos a marcar la obra.

Gelós era una persona que si le sacabas el tema, él te lo agarraba, pero no era una persona de abrir temas, pero le sacabas el tema y el hombre… ¡era un infierno lo que sabía!, era un infierno, porque si yo aprendí algo ¡lo aprendí con él!

¡Sabía escuchar! Era una persona dócil, no era una persona que te atacaba. Éramos muy amigos. En la Laguna nos hicimos amigos. En la Laguna era difícil, porque estaban los amarillos, había un sindicato “amarillo”. Y nosotros al principio éramos pocos, un sindicato chiquito. Con mucha paciencia me sacaba para el fondo y hacíamos una asambleíta entre cuatro o cinco. Teníamos que cuidarnos porque se armaban piñatas con los amarillos. Gelós nos aconsejaba que lo que servía era convencer. Y de a poco fuimos cambiando la cosa. ¡Era un tipo sensacional!

Lo quería todo el mundo. A mí me acompañaba hasta la puerta del local, me pasaba la mano por el hombro, porque yo era muy calentón, muy temperamental y él me orientaba. Tenía mucha paciencia. ¡Ayudó a mucha gente! A mucha gente ayudó. -Mira hacia arriba como buscando las palabras-. Se hace una pausa y agrega: ¡yo lo quería mucho a Gelós!”

Arturo Rubens Machado Pioli, , delegado obrero de la construcción en Maldonado.

“Un día al mediodía cuando estábamos comiendo llega una persona, hablando de formar un sindicato, que ya era S.U.N.C.A. Yo sindicalista medio viejo porque tenía unas cuantas batallas, le digo: sí, sí, bueno… Empezamos a hablar y reunimos a unos diez compañeros. Vamos a formar el sindicato, ¡vamos a formar el sindicato! ¡Era Gelós Bonilla!, que andaba recorriendo. Don­de había una obra él iba. Empezamos a conversar. A la semana vino de nuevo. Un fin de semana vino para hacer una asamblea 319

en un galpón que había ahí abajo, donde un hombre hacía comida. Hicimos una asamblea grande y fundamos el S.U.N.C.A.

Alguna característica de Gelós…, por ejemplo, ¿en la asamblea tenía un vozarrón?

Sí, era de voz gruesa. ¡Muy entrador! ¡Tipo psicólogo!

¿Cómo…?

Te entraba con la palabra. ¡Que te convencía! Una vuelta vino a una asamblea porque no pagaban y vino a la una de la tarde y esta­ban en pedo. En ese galpón que le dije, se habían empedado la mi­tad. Y fue al galpón y les pasó una felpeada. ¡Lagrimeaban algunos!

Un hombre muy entrador, aparte de mucho conocimiento. Ma­nejaba muy bien el sindicato, con relación a las empresas tenía todo bien encaminado. Conservo una imagen muy buena de Horacio Gelós, ¡muerto por los fascistas!, en el cuartel, el 4º de Ingenieros.”

Martín Julio Alvira, el “Remache”, el mejor amigo de Gelós Bonilla.

“¿Cómo era Horacio?

¡Era buenísimo! En tiempos que no había trabajo hacíamos planchas. Salíamos juntos a buscar trabajo. Me decía: esperá un poquito que allá hay una obra por el ruido de las tablas. Y allá íbamos. Nos decían vengan la semana que viene, y allá íbamos. Si no tenía plata el que no quedaba en la obra, él organizaba una colecta para darle al otro que no tenía nada.

¿Conoció a otros obreros del SUNCA?

Yo conocí todo, sí, yo de gurí chico andaba entreverado con ellos…Era toda gente buena… Se reunían en un caserón y ha­cían comida para todos. Si alguno no tenía para comer le decían: vení y comé. Ahí estaba Bonilla. Hacían una banca y hacían co­mida pa todos.

¿Por qué le tenían tanto odio a Bonilla?

No sé por qué. Era como yo, como usted. Vaya a saber. Yo lo conocí bien, pero Bonilla era retobado. Tenía mucho carácter. No se quiso ir para la Argentina. Que irse era de cobarde, pensa­ba. Y pudo irse si hubiera querido.

¿No se quiso ir, entonces?

Yo nunca le pregunté nada. Otros se fueron, pero él no quiso. “Chico” separaba la amistad de lo político. Nunca me inculcó nada. Yo no le preguntaba. Se crió acá como un hermano, pero nunca dijo nada. Muy reservado. Lo único que le dije fue, por qué no se iba para Argentina. Y él me dijo: no soy cobarde.”

 

Heber Bonilla, hermano menor de Horacio.

¿Sobre la detención…?

“(…) el que participó de su asesinato hace un tiempo que se fue para Paraguay, de apellido Barrios. Uno de los médicos del cuartel era Braga, que trabajó en la policlínica del barrio y mi señora lo increpó y se terminó yendo.

Los milicos fueron a la casa donde vivíamos, con ametralla­doras. Yo estaba durmiendo y trajeron a mi hermano esposado a revisar la casa. Y se despidió de nosotros cuando yo estaba en la cama. Y me dijo: no sé si vuelvo. Estaban mis sobrinas y ellos entraron para adentro de la casa a revisar sus cosas, a punta de ametralladora, y él aprovechó para despedirse de nosotros. Ese es el último recuerdo que tengo… (lo dice muy emocionado y se produce un silencio).

Fue tarde, tarde. Mi hermana tenía una tiendita y sintió que golpeaban fuerte la puerta con los fusiles y las ametralladoras. Mi hermano se despidió de nosotros. Me dio un beso a mí, a mi madre… A mí sobrina Raquel le quedó eso.

Lo llevaron porque era sindicalista. Para ellos ser sindicalista era un delito. ¡Él lo que hacía era defender al obrero! Iba al local del SUNCA, defendía al obrero.

¡Mi hermano está enterrado en el Batallón!

Seguimos mirando fotos y aparece uno de los hijos de Heber que nos pregunta cómo va la investigación, a lo que responde­mos que le estamos dando vida a través de los testimonios. Mi padre me ha contado lo que le hicieron… Si, fue muy canalles­co, me salió decir…

¡Mi hermano está enterrado en el Batallón! Mi madre se recorrió todo. Fue hasta Montevideo, a Minas, anduvieron por todos los lugares buscándolo. Lo buscaban con mi hermana. Siempre le dijeron: su hijo nunca salió del Batallón. Lo llevaron de la plaza para el Batallón y ahí lo mataron.

Cuando soltaron a Varona, lo tiraron atado de pie y mano al lado del cementerio, había un monte y balastro, y ahí lo encon­traron atado de pie y mano. Yo fui hablar con Varona a la zapate­ría y me contó todo, cómo había sido la tortura. Que escuchó los gritos de mi hermano. Estaban cerca los dos, y él, encapuchado escuchaba y sentía los gritos de las torturas que le estaban ha­ciendo.

 

TESTIGOS DE LA DETENCIÓN, TORTURA, ASESINATO Y DESAPARICIÓN DE HORACIO GELÓS BONILLA

Testimonio de Sócrates Martínez

“La fecha más probable del cruel asesinato de Gelós Bonilla fue el 5 de enero en la noche o el 6 de enero de 1976 en la ma­drugada. Ya sabemos que fue en el Batallón de Ingenieros Nº 4 de Laguna del Sauce, en un lugar conocido como el “chiquero”, a los fondos del cuartel.

Horacio Gelós Bonilla fallece luego de estar estaqueado y recibir feroces torturas. Habría sido castrado por un militar que estaba fuera de sí por la resistencia que oponía Gelós en los in­terrogatorios. El lugar donde acontecen los hechos es dentro del área del cuartel ubicada a orillas de la Laguna del Sauce, lugar que usaban para realizar la técnica de tortura conocida como el “submarino” a los presos. El día que lo matan, los militares realizan un operativo de búsqueda en la zona para disimular su muerte.”

Testimonio de Amado Práxedes Viera

“Yo lo que sentía es que él estaba estaqueado y que las cosas que le estaban haciendo serían muy graves porque en determinado momento él dijo que para que le siguieran haciendo eso, era preferible que lo mataran; después el empezó a quejarse, a gritar y pedir que lo ahogasen o que lo matasen, hasta que la respiración que era muy fuerte se empezó a sentir cada vez menos hasta que de repente se oyó como un quejido y luego no se oyó más nada y en ese momento nos sacaron muy rápido a todos, yo calculo que en cinco minutos cargándonos de apuro en un coche y llevándonos de ahí. Eso fue lo último que yo recuerdo de él.”

Testimonio de Carlos Julio Barrios González

“Me sentaron en el suelo y me interrogaron sobre una lis­ta secreta de contribuyentes al Partido Comunista. De repente vino uno que le dijo al que me interrogaba: - Déjelo a ese viejo traidor, que ahora vamos a hacerle una operación a su querido camaradita Bonillita y después se la hacemos a él…”. Ahí me le­vantan la capucha y traen a Gelós Bonilla, maneado con las rodi­llas junto a la cabeza. Lo traían a rastras. Ahí vi que lo castraban y salía sangre a borbotones. Yo sólo veía parcialmente el cuerpo de Gelós, se quejaba espantosamente. Los quejidos se fueron apagando y a mí me ponen una venda en los ojos y la capucha y me llevan a unos 20 metros del lugar con un soldado al lado.”

Autor: Prof. Gonzalo Alsina

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