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Escribe: Pablo Reveca.

Foto: Benito Nardone (der.) con Eisenhower (presidente de EEUU) en 1960.

 

A Manini Ríos no le conviene hablar del pasado.

Pero tiene admiración por Benito Nardone. Supongo que debe haber leído al historiador Raúl Jacob, que es la máxima autoridad sobre “Chicotazo”. Escribió el único trabajo histórico que analiza el surgimiento del ruralismo de los años treinta y su posterior transformación en un movimiento de capas medias rurales de la mano de Benito Nardone y la Liga Federal de Acción Ruralista.

Raúl Jacob estudia el proceso iniciado en 1938 y que después de la guerra mundial va a tener un gran protagonismo. Nos muestra la coincidencia que van a tener entre el terrateniente Domingo Bordaberry – de extracción colorada antibatllista, y primer secretario de la Federación Rural en 1915 y director del diario terrista El Pueblo- y Benito Nardone, para emprender la lucha por la “democratización” de la Federación Rural.

Ante las políticas sociales – consejo de salarios-, en el gobierno de Juan José de Amézaga, y el apoyo a la industria, en desmedro de los grandes estancieros, a Bordaberry le preocupaban los impulsos reformistas, en particular los proyectos de reforma agraria y el estimulo para la sindicalización de los asalariados rurales.

Bordaberry y Nardone, ante los avances de los sindicatos clasistas de la ciudad, impulsaron un policlasismo conciliador. En este proyecto jugó gran papel Nardone desde su programa radial, con sus dotes de comunicador.

En agosto de 1946 Domingo Bordaberry resumió en la Federación Rural los postulados básicos del nuevo ruralismo: repudio al intervencionismo estatal en el sector agropecuario y apoyo a la iniciativa privada; rechazo de nuevos impuestos al agro; reivindicación para los productores como los únicos destinatarios del precio de los productos agropecuarios y reconocimiento de las gremiales rurales y su participación activa en asesoramiento para los proyectos legislativos.

Con las políticas estatistas, la profundización del modelo industrial, la legislación laboral y el crecimiento del los sindicatos durante el neobatllismo -1946-1958-, se produjo una rápida transformación del ruralismo hacia un movimiento suprapartidario.

Las discrepancias con la Federación Rural, produjo en 1951 el alejamiento definitivo y la fundación de una organización gremial autónoma, la Liga Federal de Acción Ruralista.

Esta liga dirigida por Benito Nardone con un lenguaje populista y una forma de movilización innovadora, “atacaba” los privilegios de las clases altas terratenientes a las que ubicaba a la derecha; cuando en realidad la demagógica autoidentificación como “centrista”, oculta una real postura conservadora de derecha.

Junto con la crisis de estructura de 1955 Nardone entabló contacto con sectores derechistas de los partidos Nacional y Colorado, integrados por herreristas y colorados antibatllistas, como terristas, riveristas y blancoacevedistas.

Usted lector empieza a entender por qué Guido Manini Ríos integra la coalición restauradora de derecha. Por qué admira a un reaccionario como Benito Nardone y por qué no quiere hablar del pasado. Pero sigamos.

Lo admira a Benito Nardone porque fue desde sus orígenes, un movimiento anticomunista.

El ruralismo tanto en lo organizativo como en lo político se inspiró en los populismos, en lo peor de ellos. Porque desde el punto de vista económico se aleja de los populismos de la época, porque es liberal. Fue el primer colegiado blanco del que fue presidente en 1960 el que trajo al FMI y sus políticas liberales de apertura, al servicio del capital financiero y los grandes terratenientes, que antes había criticado.

En el plano social Nardone impulsaba un tipo de participación corporativista inspirado en el fascismo de Mussolini, en sintonía con la carta encíclica de Pío XI y con el falangismo español. También de acá se nutre el pensamiento de Guido Manini Ríos.

El movimiento liderado por Benito Nardone es conservador y reaccionario, caracterizado por una movilización tutelada. Incorpora la movilización de las masas pero bien controladas, porque desconfía en su independencia. Nardone tenía plena conciencia de ganar la calle en la lucha política. Para ello levanta un programa populista y despliega un discurso y una práctica social demagógica.

Este pensamiento conservador reaccionario lo inicia en la Federación Rural Irureta Goyena y lo continúa la Liga Federal de Acción Ruralista de Benito Nardone.

Para que haya un relato creíble se necesita un enemigo o más de uno. Con el reflotar la idea de colegiado para frenar al neobatllismo, se unieron los hermanos Batlle Pacheco y crearon la lista 14, con el herrerismo, el blancoacevedismo y el presidente Martínez Trueba. Los enemigos eran Luis Batlle Berres y su modelo industrialista y el temor ante el avance de los sindicatos. El acuerdo apuntaba a un gobierno multipartidario capaz de enfrentar la movilización sindical.

Para la coalición de herreristas, colorados antibatllistas y ruralistas el triunfo de la reforma equivalía a la caída del régimen estatista y dirigista que perjudicaba a los sectores agroexportadores, que sostenía con sus ingresos a una industria artificial y carecía de mano dura con los reclamos de los trabajadores organizados.

Pero la idea de un Partido Ruralista naufragó y el ruralismo de Nardone terminó aceptando la invitación de Herrera para ir a las elecciones con el lema Partido Nacional.

Y así llegaron juntos. La reacción gestada a fines del ciclo de Gabriel Terra y tras un nuevo impulso batllista, triunfó en 1958, donde el ruralismo fue aliado circunstancial del herrerismo con un programa que sintetizaba conservadurismo social y liberalismo económico.

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Autor: Pablo Reveca

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