En estos días se escuchan voces que sostienen que la única voz autorizada para intervenir en la esfera pública es la del gobierno, y todas las voces disidentes estaríamos colocando palos en las ruedas de decisiones que no pueden ser objetadas. Un verticalismo en las decisiones que los demás deberíamos obedecer sin objeciones y esta forma de ver el funcionamiento de la sociedad violenta todas las libertades y los principios elementales de la democracia.

En estos días aparecen otras voces a nivel global, como la del Papa Francisco, que en un documento dirigido a las organizaciones populares manifiesta “Pienso en las personas, sobre todo mujeres, que multiplican el pan en los comedores comunitarios cocinando con dos cebollas y un paquete de arroz un delicioso guiso para cientos de niños...”. En Uruguay diversas organizaciones sociales, barriales, clubes y sindicatos, están haciendo esta tarea solidaria a lo largo de todo el país, sin otro afán de protagonismo que servir un plato de comida para el que no está pasando bien.

Prosigue el Papa Francisco “Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento... y las cuarentenas se les hacen insoportables. tal vez sea el tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan, capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos".

Se parece mucho a la renta de emergencia que el PIT-CNT junto a la Intersocial, le hicimos llegar al presidente Lacalle y que debería tener el apoyo de los líderes de la Iglesia en nuestro país, en la lógica de “ningún trabajador sin derechos”.

En otro orden, la premio Nobel de economía Esther Duflo, recomendó realizar transferencias para frenar el contagio del Covid-19, planteando: “No hay intercambio en los países pobres entre ayudar a las personas a mantenerse económicamente y mejorar las condiciones de salud; los dos tienen que ir de la mano. Porque si no puedes asegurarle a la gente que podrán comer en el futuro, será imposible que se queden en casa”, según recoge El Periódico.

Prestigiosos académicos del mundo están planteando políticas de asistencia económica para los sectores con mayor debilidad y eso no los transforma en detractores ni en divisionistas, muy por el contrario, se trata de fortalecer el interés compartido del bienestar para los sectores más afectados.

Generar la división es no permitir la disidencia, los matices e incluso las diferencias que conviven dentro de la sociedad son nuestra principal fortaleza.

Autor: Fernando Pereira

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