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De mañana temprano le pregunto a Raquel: ¿Qué es lo primero que te viene a la mente sobre la 20? ¡Masacre!

A mi me viene una conversación en dictadura en el año 1980 con su padre, don Lincoln, metalúrgico, y obrero de Nervión, por lo tanto compañero de trabajo de varios de los asesinados, que se reunían en el Seccional 20 del Partido Comunista. ¡Un partido obrero!

 En las primeras horas del 16 de abril las Fuerzas Armadas habían allanado el local por segunda vez y se habían llevado presos a los compañeros y dejado solo a Mendiola, pero emplazado por la justicia militar en el local, del que no podía salir. Mi suegro salió del trabajo, pasó por el local con la decisión de quedarse si era necesario, pero Mendiola le dijo más o menos así: seguí seguí, no es necesario. “¡Me salvó la vida!” Exclamó emocionado Lincoln.

Con el gobierno de Juan María Bordaberry se profundizaron todos los aspectos negativos que venían del gobierno de Jorge Pacheco Areco. Más crisis, más entrega del país y más hambre y represión contra el pueblo, que se resistía a tremenda ofensiva reaccionaria.

El 13 de abril ante la gravedad de la crisis económica y la falta de soluciones, la CNT convoca un paro general que fue el más grande hasta ese momento en la historia del país. El paro fue total.

Al otro día, el 14 de abril el MLN ajusticia a cuatro integrantes del Escuadrón de la Muerte, produciéndose un cambio en la correlación política a favor de los sectores más conservadores. En el Parlamento la mayoría de colorados y blancos votan el Estado de Guerra Interno, por el cual por dos meses se suspenden todas las libertades públicas y la justicia militar suplanta a la justicia civil, en el juzgamiento de determinados delitos. Fue un paso más en la dirección del avasallamiento de la democracia. Fue la legalización de la tortura y del accionar abusivo de las FF.AA.

El 14 de abril grupos paramilitares fascistas asaltaron la sede central del Partido Comunista, que estaba llena de estudiantes que militaban en la UJC. Entraron ametrallando el local con la clara intención de hacer una matanza.

La llegada oportuna de varios legisladores del Frente Amplio y el PCU, más la valiente actitud del presidente de la Cámara de Diputados, el wilsonista Gutiérrez Ruiz, evitaron el derramamiento de sangre.

Días después estos grupos militares y paramilitares fueron y asesinaron a los 8 obreros que estaban en el Seccional 20 del Partido Comunista. Siete murieron ese día y Cervelli como consecuencias de las diversas heridas el 28 de abril de 1972.

Montaron provocaciones de todo tipo. Allanaron y asaltaron varios locales y el propio local de “La 20” en dos oportunidades, llevándose gente presa.

Los asesinos buscaban una reacción violenta del Partido Comunista para ejecutar a miles de compañeros y compañeras. Pero la respuesta fue de masas y en la calle. Paro inmediato de la CNT, que se prolongó hasta el otro día para ir al sepelio y el entierro. Una multitud con rabia, acongojada, pero firme, acompañó por decenas de miles a los obreros comunistas vilmente asesinados.

En el local de la calle Sierra, donde estaban los siete féretros, había guardias de honor y muchísima gente. A pedido del Rodney Arismendi, que le mandó una carta conmovedora a Monseñor Partelli, éste vino y dio una misa por nuestros compañeros. Sí, el jefe de la Iglesia Católica, fue a la casa de los comunistas a sumarse al dolor generalizado en una actitud que lo dignifica. “El flaco” Arismendi llegó a decir: “Partelli saltó las divisiones artificiales para llegar a nuestra casa”. Años después, hace unos años nomás, Monseñor Sturla hizo lo mismo en un acto de homenaje a los 8 obreros asesinados.

En el año 1972 tenía 16 años y militaba en la Juventud Comunista. Vendía el diario El Popular en Young, mi pueblo. “El Negro” Félix Bogado me había dado la tarea, como parte de mi formación política. Vendía 50 diarios todos los días y 200 los domingos de manera permanente. Bogado me había enseñado que para vender el diario, primero había que leerlo, para intercambiar luego con los lectores. El 18 de abril lo leí, y no paraba de llorar de rabia e indignación. Y salí con todo a hablar con los lectores. Me emociono aún hoy al recordarlo.

Los criminales en patota con 500 efectivos hicieron la peor masacre política de la historia del Uruguay. En democracia, aunque muy recortada por el estado de guerra votado por los partidos tradicionales, el gobierno de Juan María Bordaberry asesinó con ametrallamiento por la espalda o con ejecución con tiro en la nuca o en la boca a los entrañables mártires de la Seccional 20: LUIS MENDIOLA, RAUL GANCIO MORA, ELMAN FERNÁNDEZ, JUSTO SENA, RICARDO GONZALEZ, JOSÉ ABREU, RÚBEN LÓPEZ Y HÉCTOR CERVELLI.

Por milagro se salvó con un tiro en la cabeza cuando salía del local con las manos en la nuca, el entrañable José Machado “Machadito”. También salvaron sus vidas Ernesto Fernández y Enrique Rodríguez que se escondieron en la azotea y que luego el juez militar los tuvo que soltar porque se comprobó que no tenía armas ni habían hecho uso de armas.

Jaime Pérez diputado por la 1001 en una intervención brillante en el Parlamento, demostró que ¡NO HABÍA ARMAS!, en el local. “Está absolutamente comprobado que no había armas en el local. Lo único que había era una escopeta desarmada, que el propio Ministro de Defensa nos reconoció que no había sido usada. No había pues, ningún arma.” Lo que tiraba por la borda las mentiras de los comunicados oficiales.

“Está comprobado por testigos que no pueden equivocarse, porque fue en sus narices –se refiere a los vecinos– que se produjo el hecho, que ninguno de los que fueron asesinados tenía un arma en su poder; que todos salieron con las manos en la cabeza, que fueron perseguidos para masacrarlos, que no cayeron en el mismo lugar; que dos por los menos murieron desangrándose a los gritos de que los llevaran al hospital que tenían familia e hijos.”

Jaime habla de que “hay varios testigos, de los cuales por cierto la mayoría no son del Frente Amplio. Entre ellos alguno, que es acérrimo partidario del gobierno, que ha sido funcionario policial; hay testigos de toda clase.”

La justicia Militar que había sustituido a la civil, no dio lugar a las denuncias. Después vino la dictadura y en democracia aún no se ha hecho justicia. Y la ley de caducidad no aplica para este caso, porque la masacre del Seccional 20 fue antes del golpe de Estado del año 1973.

La balacera cruzada entre los propios efectivos policiales y militares, unos 500 efectivos de distintas reparticiciones, fueron los que impactaron en el capitán Busconi, que estaba en el operativo. Estuvo en coma y murió varios meses después.

Estuve preso en el Penal de Libertad y conocí a un compañero de la Amdet, del transporte, Salvador Escobar, que me contó: yo personalmente fui hablar con el coronel Busconi, que era interventor de Amdet, pero con el teníamos una buena relación. Era el padre del capitán asesinado. Le fui a dar el pésame. El coronel le dijo: yo sé de donde vino esa bala, pero sé también que no fueron ustedes.

Al capitán Busconi, ¡no lo mataron los comunistas!

Quiero terminar con algunas palabras de Rodney Arismendi que dan un contexto: “Este cuadro de opresión, de agravio y de humillación al pueblo, de miseria, de hambre, de gente maltratada, de obreros perseguidos, sindicatos asaltados y viejos robados en sus jubilaciones, se acompañaba por otra cosa (…) el agente norteamericano dictando su voz en la economía, en los entes del Estado, en el Ministro del Interior.

Los bancos vaciados y una oligarquía saqueando la Republica, envileciendo la moneda, liquidando el Frigorífico Nacional y haciendo de los frigoríficos privados el instrumento del más grande negociado que el país conoce. La otra cara, pueblo sin carne, Banco de la República en crisis, millones, infinitos millones en riada incontrolable hacia los banqueros ministros, hacía los directores de frigoríficos enlazados a ministros y monopolios extranjeros, negociados con la moneda, el saqueo impúdico del pueblo y un país por una oligarquía pequeña y entregada al extranjero (…)”

“Pero queremos la república y queremos una paz auténtica, no la paz del cementerio”

“Fascistas son los fascistas y detrás de ellos la oligarquía que los mandó, que los armó, que los respaldó, y el imperialismo.”

“Si, oligarquía o pueblo. Patria o imperialismo y más unida, más profunda, más sistemática, más combativa la lucha de la clase obrera y el pueblo por soberanía, libertad, salarios, programa reivindicativo, soluciones económicas, reconquista de la soberanía, libertad para el pueblo.”

Para terminar. Recuerdo a comienzos de 1973, el día de la reinauguración del local destruido por los fascistas. Habló Jaime anti una multitud. En la columna de la UJC veníamos por el puente del viaducto hacia el local. Me habían regalado la camisa roja de la Juventud y tuve el honor junto con Miguel de ser parte de los ochos compañeros y compañeras elegidos para llevar las antorchas. Mientras escribo, me resuena en la cabeza aquel grito: ¡Al partido salud, aquí está la Juventud!

¡¡MEMORIA eterna para los ochos obreros comunistas asesinados por los fascistas en la 20 del Paso Molino!!

¡¡JUSTICIA ante semejante masacre!!

Autor: Prof. Gonzalo Alsina

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