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El “panel de control” del Presidente Lacalle devino en “grifo” en boca de Director Nacional de Salud Miguel Asqueta. El grifo también necesita de una mano que lo “vaya modulando” para lograr el “equilibrio justo” que nos permitirá convivir con una pandemia de forma ordenada y productiva, logrando así el objetivo fundamental del gobierno de mantener los “motores de la economía encendidos”. 


El gobierno define una estrategia que, sin dudas, nadie puede desear que sea equivocada. Asume un riesgo, claro está, porque el “equilibrio justo” para el gobierno puede ser entre que el capital gane más o menos, pero para la gente, para los trabajadores y trabajadoras que se suben al ómnibus todos los días, para las que estamos de este lado del mostrador, es entre “la vida y la muerte”. 


¿Qué hacemos con nuestros viejos y viejas? ¿Qué hacemos con nuestros hijos e hijas con problemas respiratorios? No están en una isla, convivimos con ellos. 
Durante los últimos años, el movimiento sindical y en particular desde el SUNCA, el concepto “defender la vida” como consigna de lucha, sacudió a quienes seguimos aquel periplo en la pelea por la aprobación de la “Ley de Responsabilidad Penal Empresarial”. 


Este sindicato, con una terrible y dolorosa historia de trabajadores de la construcción fallecidos en su lugar de trabajo debido a la falta de condiciones de seguridad, resumió esa injusticia en una Ley, que, en su esencia, protege la vida. 


Siguiendo esta línea de pensamiento, es responsabilidad del empleador asegurar todas las medidas sanitarias dispuestas por el Ministerio de Salud Pública para evitar el contagio. Si nos obligan a salir a trabajar en medio de una pandemia, la obligación de quien nos obliga es cuidarnos. 


Porque cuidarnos, además, implica cuidar a nuestras familias, donde se encuentran quienes entran en la inevitable proyección del número ascendente de víctimas mortales de esta peste. 


Decimos “inevitable” si nos atenemos al plan del gobierno. Plan que, por cierto, también tomó Inglaterra bajo el asesoramiento de Patric Vallance, asesor científico en jefe del Primer Ministro Boris Johoson y hoy, ese país, superó a Italia en el número de fallecimientos. 


Nos queda confiar en el Sistema Nacional Integrado de Salud que se construyó y fortaleció en los 15 años de gobierno frenteamplista, sistema que en Inglaterra  existía -considerado incluso como el mejor sistema de salud de Europa-, pero que, producto de la lógica neoliberal de “achicar los costos del Estado" y priorizando la economía sobre la salud, su primer Ministro decidió no utilizar. Ni siquiera la "Dama de Hierro" se decidió a demolerlo. Todo esto condujo a una situación de enorme gravedad social y sanitaria.


Nos queda también, definir cuál será el posicionamiento del movimiento popular organizado ante este escenario. Qué programa común construir para dar la pelea por la vida, por la salud y la subsistencia. Y también por la paz, en medio de tensiones beligerantes agitadas por EEUU en las costas cercanas a Venezuela. 
Nos queda definir cómo resistir, cuidar y luchar para que en los lugares de trabajo las condiciones sanitarias se cumplan, para que nuestros hijos e hijas estén protegidos, para que nuestros viejos y viejas tengan la atención necesaria a tiempo. Tal vez queda también pendiente poner sobre la mesa la necesidad de que el gobierno obtenga el medicamento Interferón Alfa 2 B, cubano, probado en China con una altísima taza de recuperación, disminuyendo así, la tasa de mortalidad del virus. 


En pocos días más celebraremos las trabajadoras y trabajadores del mundo un nuevo 1 de Mayo: las circunstancias actuales nos obligan a ser creativos, pero no por ello dejar de movilizarnos y en Uruguay ya hay medidas dispuestas por el Movimiento Sindical en ese sentido. Las aguas de marzo pusieron a la sociedad uruguaya frente a un torrente de nuevos desafíos, de incertidumbres sobre todos o casi todos los terrenos de su vida cotidiana, soterrando, además viejos temas sin resolución. Ahí está la LUC, vivita y coleando, esperando un empujoncito más para dar a luz a un nuevo Uruguay, menos democrático, en franco camino hacia nuevas formas de control social. Habrá entonces  que hurgar en todas las formas de movilización, creativamente, en unidad ancha y en clave continental.


La tarea sigue siendo necesaria, la de la organización para la acción, el pienso y la construcción de una perspectiva política que nos encuentre enfocadas y predispuestas en una lucha común que atraviese y unifique los esfuerzos de la resistencia. 


Resistencia a ceder mansamente al relato de lo inevitable con el que nos intentan mantener bajo control. Relato que viralizan los multimedios desde sus tentáculos de múltiples plataformas empachándonos de significantes que, si los rascas un poco, terminan cayendo en la simple y llana falsedad.

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