Hace pocas horas El País de Madrid, en su página editorial se pronunciaba sobre los espacios que habían sido construidos para que los lectores dieran su opinión, transformados en plataformas para que la extrema derecha destilara odio todo el tiempo, llegando a comentarios xenófobos, a minimizar los femicidios, insultar a los progresistas, transformando esa nomina de comentarios en una ciénaga. El diario dice además que en estos tiempos de coronavirus se ha agravado, y que el diario deberá tomar acciones para que un espacio que fue construido para los aportes, se haya transformado en un lodo.

Nada diferente sucede en los espacios de comentarios de los diarios o de las redes sociales, donde operan trolls, pero también personas cargadas de odio, que sin ninguna rigurosidad, atacan las causas feministas, de DDHH, sindicales y sociales, generando todo tipo de insulto basado en odio, intentando contagiar ese odio al resto de la sociedad.

Estos insultos en los últimos días no frenan en ninguna parte, insultan maestras rurales por pedir garantías máximas para poder educar con los cuidados de salud necesarios, a las organizaciones de DDHH porque reclaman verdad, justicia y nunca más dictadura, a los sindicatos por todo lo que se puedan imaginar, llegando a amenazar, a difamar, a envenenar.

No me imagino como hacen para cargar con sus pobres vidas, estas personas llenas de odio, pero aseguro que me da más pena que rabia.

No obstante hay que defenderse sin usar ningún mecanismo que luego nos avergüence, pero sí mostrando todo nuestro accionar en la cancha, en nuestra unidad, solidaridad y lucha.

Teniendo la paciencia para explicar al que se dejó influir por este veneno, sin levantar muros con el que piensa distinto.

Hay mucho por hacer en estos días, colocar en cada casa de un trabajador una plaza donde pueda celebrar el 1° de mayo, identificar nuestros hogares conmemorándolo, poner en el centro del debate los puntos de la plataforma.

Pero no dejemos que nos transformen en una sociedad cargada de odios y resentimientos.

 

Autor: Fernando Pereira

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