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Nuestro mayor error es que no vivió veinte años más, dijo Fidel, con otras palabras, en Un grano de trigo (1992), así nuestro mayor acierto es que nació y vivió 53 años. Vladimir Ilich Ulianov, alias Lenin, nació el 22 de abril de 1870 en Uliánovsk, Rusia. Hoy hace 150 años.

“La autocrítica está en la obra”, me dijo el Flaco Vila, tupamaro amigo, de humor salvador, que escribió sobre el penal “los que no salimos mal, no salieron”. Lenin salió mal del año en prisión y los tres de destierro en Siberia, seguro. De otro modo no se explica que haya cometido la imperdonable falta de haber muerto veinte años antes que cuando tenía que haber muerto. Fidel lo autocriticó en su propia obra. A principios de este siglo, hizo ir a Cuba a un médico español, célebre y comunista, para que lo atendiera personalmente. “Así fue que nos enteramos –escribió malicioso Juan José Millás en, ¿dónde iba a ser? El País de Madrid–, que la salud de Fidel está muy bien pero la revolución se fue al carajo”. ¡Qué saben ellos! Ellos no saben que la revolución estuvo a punto de irse al carajo porque Lenin no se hizo atender debidamente. La revolución se salvó por un pelo.

Que sin Lenin la revolución se iba al carajo El Pepe Batlle lo escribió con abundantes palabras el 26 de enero de 1924, en El Día, “El fallecimiento del jefe del comunismo ruso es un acontecimiento que pone de inmediato en segundo término a todos los demás que ocurren en el mundo… con él se extingue un magnífico ejemplar humano, uno de esos personajes apasionantes que dan significación a toda una época y sirven para fijarla en la historia… Lenin fue el gestador y el organizador del gobierno ruso, el primero de esa clase de que se puede hacer memoria… esa revolución que sacudió hasta en su médula a una nación que en pleno siglo XX conservaba todavía la estructura de los tiempos bárbaros, tiene que ser fecunda y positiva, a pesar de sus errores y contradicciones, compañeros inseparables de toda empresa humana… “Las revoluciones son las locomotoras de la historia” ha dicho Carlos Marx, y en Rusia las revoluciones de 1917 fueron esa locomotora que la condujo en un plazo de tiempo reducido, desde las épocas primitivas hasta ponerla en condiciones de incorporarse a las naciones más civilizadas de la tierra. Lenin fue el verbo de la revolución. Con él se apagan la doctrina y el nervio que la sostenían… Ninguno de los otros hombres que colaboran con él en la tarea gubernativa puede comparársele. De ahí su prestigio enorme y el respeto casi supersticioso que inspiraba a todos los que lo rodeaban. Las mismas censuras agrias y justificadas que se han dirigido a las crueldades inútiles con que se manchó el régimen, no llegaron nunca hasta él sino muy atenuadas. Reconocida universalmente la potencia de su pensamiento y la energía inagotable. Como buen soldado fue herido de muerte en plena batalla, ya que fue el trabajo abrumador que se impuso el que abatió irreparablemente su organismo físico. Que no fue un fanático cerrado a cal y canto a las enseñanzas de la realidad lo prueba su acción evolucionista de estos últimos tiempos, que ha hecho que se rectificaran muchos errores a pesar de la resistencia de aquellos que sostienen la intangibilidad infecunda de las ideas… (Su enfermedad) dio motivo a que a su alrededor se encresparan ambiciones que ahora no van a detenerse ante ningún obstáculo y que sólo él era capaz de encauzar. Su muerte será fatal para la revolución que acaudilló, privada de su caudillo máximo y fatal también para Rusia que volverá a caer en un nuevo caos en el momento de liberarse de otro. Hacer predicciones de lo que sucederá es aventurado, pero salvo la aparición poco probable, de otro hombre de su estatura mental, no parece que aguarden días muy claros a ese pueblo doloroso y simpático que tanto ha sufrido.”

Batlle estaba bien informado, a juzgar por lo que hemos transcripto, sabía de la Nueva Política Económica (NEP) leninista, conocía la interna del Partido Comunista de la Unión Soviética. Había leído atentamente a Marx y a Lenin, pero su predicción tuvo un título  hacia el movimiento y hacia la acción.

Batlle espera sentado a una mesa, a una larga mesa de una sala de sesiones, espera la llegada de cada uno y los ve ingresar “a todos” como no se cansa de indicarles el portero mientras señala el camino desde la calle hacia la sala. Baltasar Brum, leal hasta la muerte, compañero de firmes convicciones; Irma Zsiacsik, Tomás Berreta, Domingo Arena, el anarquista idólatra de santos napolitanos, Francisco Gighliani que va directamente a sentarse en el lugar de Judas en la pintura de Da Vinci, Julio César Grauert, un valiente, uno de los que va a entender exactamente y ahora ingresa un muy joven Zabala Muniz, de 26 años, junto a otro joven, de 27, Luis Batlle Berres, José Serrato, Juan Campisteguy… todos toman asiento, se percibe en el ambiente el aire de expectación, la espera de una noticia que amerite semejante liturgia. Batlle los hace esperar un buen rato; conversan inquietos hasta que hacen silencio. Entonces Batlle se levanta de su asiento, de su sitial y les ordena, con toda la autoridad que le confiere un liderazgo exitoso de más de veinte años, su avanzada edad, su cercana desaparición física, su peso político y físico, su sobretodo mítico:
–¡De pie!
Todos cumplen la orden mirando que la estén cumpliendo sus compañeros. Batlle mide los distintos grados de solemnidad en cada rostro, piensa que difícilmente alguno ya tenga la noticia. Fue un contacto que hizo en Europa quien le informó y duda, descarta que alguno de ellos tenga algún contacto más cercano que el suyo a la alta política mundial y especialmente rusa. Ya les ha hecho esperar suficiente, respira profundo y encuentra en su voz y en su sentimiento el tono apropiado.
–Ha muerto Lenin.
Así se titula el editorial obituario del 26 de enero. “¡De pie, ha muerto Lenin!”.
Termina con estas exactas palabras: “desaparece con Lenin un hombre excepcional, ante cuya tumba, prematuramente abierta, sería pueril no descubrirse con respeto”.

POR UN PELO DE CHINO

Todos los dirigentes rusos que trabajaron a favor de Lenin en la NEP (1923-1927), murieron asesinados antes de 1941. También el italiano Antonio Gramsci, Presidente de la Internacional Comunista, uno de los principales dirigentes de la NEP en el Moscú de 1926, quien teorizó con Lenin sobre hegemonía y dirección en bloques de poder muy amplios. Murió en 1937, en las cárceles mussolinianas. El único que quedó vivo en la década del 40 fue un chino.

Se llamaba Deng Xiaoping. Salió de Moscú en 1927, habiendo colaborado muy estrechamente con la NEP leninista. Deng participó de La gran marcha, de la guerra, de la revolución (fue su “cuarto hombre” y el “tercero” desde la muerte de Shou De)  sobrevivió  incluso a “la revolución cultural” de “la banda de los cuatro” y en 1978, cuando de todos sus compañeros de aquel Moscú ya hacia treinta y siete años que habían asesinado al último, Deng implantó la NEP desde Beijing, a donde Shou Enlai le hizo volver tras el destierro y Mao Zedong lo designó para que le sucediese.

La revolución había tenido largas marchas y contramarchas, universales victorias y derrotas, pero la derrota que le esperaba era descomunal si China no bancaba la parada. Fidel vivió todos los años que tenía que vivir para decirnos, tras su última entrevista con un camarada chino, “Xi Jimping es un revolucionario”.

Florian Henckel, resumiendo con bastante supresión y un poco de tergiversación, una frase del pelado, le hace decir, "si escucho la Appassionata de Behetoven, no hago la revolución. No se puede escucharla y ser malo". Lo que dijo textual y concretamente Lenin es que cuando escuchaba la Appassionata le daban ganas de acariciar a los hombres capaces de crear cosas tan hermosas y “en estos tiempos no puedes acariciar a nadie porque te cortan la mano”.

Sin embargo organizó la revolución acariciando a Krupskaia, a Armand, a tantos, viendo a Chagall, a Einsenstein, a Meyerhold, leyendo a Maiakoski… “un hombre ha pasado por la tierra/ la ha dejado tibia para siempre”.  

Y predijo bien Batlle, improbablemente apareciera “otro hombre de su estatura mental”, pero ¿quién podía predecir que le haría reabrir a Putin el mausoleo de Lenin una presidenta peronista? Acaso Breton, el compañero surrealista.

En cuanto a las propias previsiones de Lenin, ¿qué, si no citarlo? “Salvo el poder, todo es ilusión”. El cañonazo del Aurora, atracado en el Neva, dando la señal para la toma del Palacio de Invierno. La celebración del 28 de noviembre, “camaradas, hoy cumplimos un día más que La Comuna de París”. La carta al Comité Central para que separasen a Stalin. La certeza de que China sería un próximo eslabón débil en la cadena imperialista.

22 DE ABRIL DESDE URUGUAY

“El recién nacido cegado por la luz, no ve esa luz, no sabe de ella todavía y aún menos del sabor de su alegría para saberla saborear. Aunque ya la siente oscuramente en su sangre, en su misteriosa encarnación viva, pero no la ve ni la oye antes de que sus ojos solares la vean y sus oídos estelares la oigan, porque la pueden mirar y escuchar. Antes de tener alma soñadora, el hombre solamente tiene animación viva como el árbol o el pájaro o la flor o hasta la solitaria estrella.

Y sólo a los ojos del alma (y al oído del corazón) la ciega alegría de nacer (la alegría de vivir naciendo) puede convertirse en clarividencia visionaria”, escribió el leninista católico exiliado en Uruguay, José Bergamín. Pienso en Vladimir Ilich viendo a Londres a un lado y al otro desde el puente del Támesis y sentenciando: “two countries” (“dos países”) con su clarividencia visionaria en la alegría de vivir naciendo.

La alegría de nacer, el placer de organizar la revolución, aparece siempre, con humor muchas veces corrosivo, aún en los debates más duros de Lenin (el marxismo es una tradición de polémicas duras, de pensamiento fuerte) con Bernstein, con Plejanov y con Kautsky y hasta con su adorada Rosa Luxemburgo.

Rosa le llamaba “Gallito de Riña”. Él a ella siempre la llamó “El Águila de Varsovia”. Códigos ornitológicos que se tenían en el trato. Cuando los socialimperialistas alemanes la asesinaron a culatazos, Lenin quizás pensó en aquello de que no hay profeta en su tierra, pero quien sabe si imaginó que en la suya, Rusia, sería tan tergiversado. Ni que el réquiem más lúcido por su “apostolado”, lo escribiría un Presidente uruguayo.

El Uruguay de los años de Lenin fue apasionante por controvertido. Los oligarcas llamaron a Montevideo “sucursal de Moscú”. No sólo la “solidaria” ARU. Entre algunos batllistas, incluso Feliciano Viera que fue Presidente de la República, dijeron que José Batlle y Ordóñez quería sovietizar al Partido Colorado y José Enrique Rodó lo acusó de Jacobino.

Y de verdad es sorprendente las coincidencias que tenían sin haberse conocido personalmente (el único uruguayo que conoció personalmente a Lenin fue Francisco Pintos, el primer secretario del Partido Comunista de Uruguay). Por ejemplo, cuando la colectividad judía en Uruguay le pidió a Batlle el predio  para el cementerio de La Paz, Batlle les dijo que hicieran lo que quisiesen pero que él pensaba que si vivíamos juntos, lo coherente era que nos enterrasen juntos. Cuando la fracción judía del Partido Bolchevique (porque tanto el Partido Socialdemócrata Ruso como el Bolchevique eran partidos de fracciones; el “partido de nuevo tipo” de Lenin no era monlitista), le planteó a Lenin la posibilidad de crear un Partido Comunista judío,  el pelado le contestó que mientras no existiera un Estado judío y estuviesen militando juntos en Rusia, lo coherente era que militaran en el mismo partido, pero que hicieran lo que quisieran (se quedaron en el partido ruso hasta que Stalin liquidó a las fracciones y a las no fracciones, del Comité Central del 17, después que Stalin mató a Trotsky a través de Mercader, él único que sobrevivió fue Stalin). En Uruguay hicieron el cementerio.

Otra coincidencia fue nada menos que el antiimperialismo. Antes que Rosa e Ilich, el primero que escribió teoría del imperialismo económico fue el Pepe, en los considerandos a la ley de estatización de la banca de seguros.

BLANCOS TAMBIÉN, ROJOS TAMBIEN, ROJINEGROS Y VERDES TAMBIÉN

En cuanto al antiimperialismo político y militar, particularmente antiyanqui, ya en 1903, Herrera lo establecía por escrito desde filas del Partido de Leandro Gómez y, especialmente inspirado por la gesta heroica de Paysandú, pero desde el Partido Socialista de Uruguay, años después, Vivian Trías (y José Pedro Cardozo, Reynaldo Gargano, José Díaz, Eduardo Galeano… pero Trías descollante), basado en la teoría de Rosa e Ilich, desarrolló con fuerte marca de especificidad para la patria grande, el principio antiimperialista de un “socialismo nacional”. Los chinos dirían, jugando al mikado, “con peculiaridades nacionales”. 

Los temas de los libros originales de Vivian con mayor bagaje leninista son, por supuesto,  el imperialismo, desde el estudio del imperialismo inglés (se destaca la implacable argumentación económica de Vivian contra ese Imperio en la llamada “Guerra de la Triple Alianza”, el genocidio guaraní) hasta el rol de las fuerzas armadas en América Latina, “Simón Bolívar y el nacionalismo del tercer mundo”, pasando por todos los estudios de rigor obligatorio en el tiempo, lugar y circunstancias concretas en que le tocó luchar. Visionario y hombre de acción, su obra escrita fue reeditada íntegra por la cámara de diputados. Abreva en Lenin para discutir la existencia de una auténtica burguesía nacional en Uruguay, para delinear estrategia, tácticas y resumen político antiimperialista. Los poderes económicos cada vez más concentrados y los devenires revolucionarios siempre heterodoxos de nuestro continente, hacen a Lenin con el Gordo Trías cada noche más vigente. 

En tanto en el Partido Comunista de Uruguay, uno de los tres hijos de Tibaldo Arismendi, diputado batllista ¡por Cerro Largo! (el departamento de Aparicio), Rodney, “nacido leninista”, lo fue hasta su muerte, conversando con Lenin por escrito, es decir: pensando con cabeza propia, por muy socrática que era la del pelado, porque así su propio pensamiento marxista lo exigía. Rodney Arismendi, poco antes de su muerte física, en 1989, escribió en la revista Estudios, que, de igual modo, “es con Lenin, con quien conversa más Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel”.

En uno de los libros del Rodney, Lenin, la revolución y América Latina, le entra al tema de las vías y los medios para la revolución, en polémica a varios frentes, en el fermento de los años 60, desarmando puntualmente al por entonces llamado “eurocomunismo”, ahondando en el influjo de la revolución cubana, que ya desde sus albores venía reflejándola Rodney en Problemas de una revolución continental. A los bolches se nos ha oído decir que el Flaco Arismendi y la dirección del 56 (José Luis Massera, Jaime Pérez, Enrique Rodríguez, Enrique Amorín… pero Arismendi impar) construyeron una “teoría general de la revolución uruguaya”, pero también es cierto que Rodney escribió, "una revolución hecha vale por diez en teoría”.

En ese sentido, vale sintetizar que el libro del Flaco Para un prontuario del dólar (recopilación temprana de estudios esenciales) tiene sentencia a favor mañana, 23 de abril de 2020, cuando el Banco Popular de China habilita al mundo entero el cripto-Yuan para todos los celulares con sistema Android y otros. Por varios motivos que reseñaremos en otra nota es una sentencia inapelable y da precisión, a la correcta traducción de la obra fundacional antiimperialista de Lenin, Imperialismo, última fase del capitalismo y no “fase superior”, como se tradujo por error durante casi un siglo.

Un error teórico del Rodney, en mi crítica, fue haberse autocriticado, en extremaunción, cierto “servilismo ideológico”. Su teoría científica se atiene a las peculiaridades nacionales y es probadamente certera en la construcción de la fuerza política del pueblo. Si había “oro de Moscú”, en el sentido que se quiera entender, el Partido supo manejar en todos los términos el manual de Lenin Acerca de los compromisos. Lo que no supo fue reconvertirse con proyección de garantía de unidad tras la salida del fascismo, desde la cárcel, el exilio y la clandestinidad. Ningún partido revolucionario lo hizo. Y pudo haber un decisivo componente ideológico en ese fracaso concreto, pero no fue servil. Al menos, no desde el XVI Congreso. Estamos en el Frente y el único error que ni acertando cometimos fue no luchar.

Ni qué decir los trotkistas, leninistas raigales, en sus exponenciales vertientes, entre las que destaca, por su incidencia política, la del Partido Obrero Revolucionario, posadista, con la conducción del compañero Campanella.

Pero en Uruguay hasta los anarcos se hicieron leninistas con su Partido por la Victoria del Pueblo, grande y fuerte, el Partido que en dictadura, porcentualmente a su militancia, más sangre ofrendó a la libertad y a la democracia. Numéricamente fue el Partido Comunista de Uruguay.

A los verdes militares, cuarta condición (de las 21 del año 19), “la lucha de clases no se detiene a la puerta de los cuarteles”. Una pléyade de generales y coroneles leninistas uruguayos, militantes de partidos obreros, Frigerio, Petrides, Baliñas, Montañez, Aguerre, Cardozo, entre tantos… A los verdes animalistas Lenin les plantea una incógnita, la cuestión del gato.


22 DE ABRIL EN EL MUNDO

 

Una de los misterios leninistas (después de todo nadie se religa sin liturgias ni misterios) que los exégetas no han sabido resolver –ni Althusser, ni Harnecker, ni Lukács, ni Benjamin, ni Badiou, ni Zizek, ni yo– es el de los registros fotográficos y testimoniales de Lenin con su gato. Salvo el poder, todo es ilusión; esto es ilusión:

¿Cómo hacía Lenin para que ese gato lo siguiera por tantos lugares donde anduvieron? Ni la Cheka ni la KGB supieron explicarlo. ¿Cómo hacían? Porque Lenin hubo tiempos en que cambiaba de casa cada semana, sino cada noche y los gatos son de volver al lugar de origen. Además las fronteras estaban vigiladas, no podía pasarlas con su cara, Lenin se disfrazó prácticamente de todos los personajes verosímiles (viajante de comercio fue su personaje favorito), ¿pero siempre pasaba con el gato? ¿Cómo hizo para que lo siguiera por toda Europa?

Cuando Lenin compartió un pequeño apartamento en París con Nadievna e Inessa, el gato estaba con ellos. Dando clases con Alekxandra Kollontai también se aparecía. También cuando Lenin vivió con su suegra o con su madre que, dicho sea de paso, Lenin era muy madrero, desde que el Zar ejecutó al hermano mayor de Vladimir, Aleksándr Ulianov (1887, con 21 añitos, cuatro años mayor que Vladimir Ilich), Vladimir estuvo con su mamá todo lo que pudo y dejó escrita su última voluntad de ser enterrado junto a su madre. No quiso ser embalsamado en ese horrible mausoleo que le construyó Stalin. Cristina se lo hizo abrir a Putin para decirle que lo saque de ahí y lo entierre, como corresponde, junto a su madre.

Sugiero una hipótesis. Todos sabemos que los humanos hemos domesticado a todos los otros animales. A todos, menos al gato.

Hemos domesticado al lobo por ejemplo y es nuestro perro, pero el gato nos domesticó a nosotros.

¿Alguna vez un gato lo miró fijo, compañero?

Cuando un gato nos mira fijo nos está domesticando. Es sencillo. El gato no seguía a Lenin. Lenin seguía al gato. A Lenin lo perseguía la policía, pero el gato iba escuchando la música de los tiempos. Y no se equivocaba. Una vez viajaban en tren a Finlandia cuando en uno de los innumerables trasbordos, en el andén de una estación, el gato lo miró fijo y se lo llevó a París, donde había un congreso más importante que al que Lenin iba a asistir en Finlandia (salvo por la mirada del gato, éste es un hecho histórico, Lenin tomó esa decisión crucial en medio del viaje). Además atravesaron Alemania en un tren blindado fantasmal. Hicieron Iskra en Leipzig y en Munich. Atracaron en Viena. Cruzaron a Italia para tomar el sol en Capri (echados los cuatro al sol). El 3 de abril de 1917 el gato lo llevó a Petrogrado. Cuando se separaron en San Petersburgo, el gato le dijo: “vos sabés que los gatos somos naturalmente anarquistas y yo sé que no debe haber habido ningún buen político, pero vos debés ser el mejor”.

Dice Putin, prolongando un argumento de Sinoviev, Kamenev y Stalin, entre otros en 1922, que la URSS "implosionó por una bomba de tiempo que le puso Lenin en su Constitución", el numeral 26 que varias repúblicas citaron al separarse casi setenta años después de promulgado (es interesante constatar hoy, que casi todas esas repúblicas –Federación Rusa incluida– junto a otras tantas y más, integran, libremente ahora, el Foro de Shangai, una unión bastante más potente y numerosa que aquella, aunque, igual que aquella, agredida por el imperialismo con bases militares y, desde hace décadas, laboratorios biológicos en las bases).

Fidel Castro, en su crítica a las faltas de principios en la historia de la URSS (crítica enmarcada en un resumen para nada maniqueo de su historia, formulada personalmente pero destacando que era fruto del estudio del mando militar colectivo) y sin cargar las tintas en la personalidad de Stalin, ni para los crímenes ni para los aciertos, señaló los quebrantos a la libre autodeterminación de los pueblos, en el pacto germano-soviético –al que además consideró militarmente perjudicial para la URSS, porque dio más tiempo a la maquinaria nazi que al Ejército Rojo– y en las ocupaciones posteriores.

En 2018, la portavoz del ministerio de exteriores chino, Hua Chunying, citada por la agencia Xinhua, coincidió con el portavoz del Kremlin Dmitri Peskov en que el informe Trump, que los calificó como enemigos de USA, tiene "un fondo imperialista que rechaza una concepción del mundo multipolar".

"China jamás llevará a cabo su propio desarrollo agrediendo a otros países" resaltó la dirigente del Partido Comunista Chino. Esta crítica al imperialismo compartida por Rusia, en un lenguaje que Rusia había abandonado, remite a Lenin "cuando nosotros mismos caemos en actitudes imperialistas hacia naciones oprimidas quebrantando por ello nuestra sinceridad de principios".

Dicho sea en descargo de Putin: Desde que la OTAN bombardeó Belgrado, Alemania se sumó a Rusia en un frente paneslavo para detener los bombardeos. Corría 1999. Merkel ya estaba en la Democracia Cristiana. Putin era el jefe de la KGB de Moscú  (Secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Rusia). O sea, encargado de la seguridad del borracho Yeltsin, un tipo que de sólo pensar que ya era el Secretario del Partido en Moscú en tiempos de Brezniev, nos da la pauta de a qué extremo estaba todo en ruinas desde treinta años antes que Putin se hiciera cargo. Y, después de todo, Putin fue inmediato subordinado de Andropov, un peregrino solitario leninista hacia la NEP entre multitud de dirigentes bernsteinianos.

Putin se llama Vladimir Vladimirovich. Su padre y su abuelo los nombraron en homenaje a Lenin. O a Maiakovski.

La otra crítica que Putin le ha hecho a Lenin de manera explícita es sobre la ejecución de los zares. Un tema impuesto en la Rusia de Yeltsin en versión HBO.  Pero con los Romanov Lenin negoció sin violencia. No fue jacobino. Mucho tiempo, mucho más tiempo del que aconsejaba la prudencia, intentó un canje. Cuando no cesó la intervención extranjera ni apareció un mísero rublo de los familiares reales europeos de los Romanov y encima en la bolsa de París trepaban al alza los bonos de deuda zarista repudiada por Lenin en enero de 1918, todo “Occidente” había decidido abandonar a los Romanov y financiar a los ejércitos interventores en Rusia bañándola en sangre.

En su crítica no explícita a la revolución sexual, Putin fue tergiversado en Occidente, con traducciones que lo hacían oír intolerante del homosexualismo y cuando RT difundió la misma alocución con una traducción correcta, lo que Putin dijo fue “si tú eras varón y actúas como mujer y te sientes mujer u oso panda o la que sea, tienes todo el derecho a hacerlo, pero yo tengo derecho a ver en ti un varón sin que por eso me llames homófobo”. Es ecléctico, pero los 9 de mayo preside el desfile de conmemoración de la victoria en La Gran Guerra Patria, detrás de un púlpito con águila bicéfala, escudo zarista, pero sin ninguna medalla a su lado, mientras las fuerzas armadas a su orden saludan a un estrado de ancianos que milagrosamente no caen de bruces por el peso de las medallas que cargan en sus pechos, y a un pueblo con banderas rojas, hoces y martillos, estrellas rojas y efigies de Lenin. Bajo el zarismo era ley, no ya el corte de mano, sino la pena de muerte a los homosexuales. Lenin derogó todas las leyes contra los homosexuales. Fue el primero en la historia en legislar expresamente a favor de las uniones libres en general y homosexuales en particular. La legislación de la Rusia soviética, eliminó las leyes zaristas represoras de la homosexualidad por ser “contradictorias con la conciencia y la legalidad revolucionaria”, promovió además lo que hoy Manini llama “ideología de género”, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. (sobre estos temas leer, entre otros, La revolución sexual en la URSS, del terapeuta alemán Wilhem Reich y La mujer, el Estado y la revolución, de la historiadora norteamericana Wendy Goldman).


Pero no fue solo ni primero Lenin. Aleksandra Kollontai llega a Rusia el 18 de marzo de 1917, como enlace de Lenin con el Comité Central. Ante el gobierno con su postura ambigua sobre el sufragio femenino, se pone al frente del reclamo y dice: “¿Pero no es cierto que nosotras, la mujeres, con nuestras protestas sobre el hambre, sobre la desorganización de la vida rusa, sobre nuestra pobreza y los sufrimientos que trajo la guerra, fuimos las que despertamos la cólera popular?. La revolución, señaló Kollontai, nació el Día Internacional de las Mujeres. “¿y no fuimos las mujeres las primeras en salir a las calles para luchar con nuestros hermanos por la libertad, e incluso, se era necesario, morir por ella?” El 19 de marzo una inmensa manifestación de 40.000 mujeres se dirige al Palacio Táuride, exigiendo el derecho de la mujer al voto. Esta lucha obligó al gobierno a aprobar en julio de 1917 el sufragio femenino. (“La historia de la Revolución Rusa”, de China Miéville,España, 2017).

LA CUESTIÓN FUNDAMENTAL

“Inmediatamente después de la primera guerra mundial –escribe Ho Chi Minh, el Primer Presidente de la República Democrática del Viet Nam– trabajaba como asalariado en París, ora en un taller de ampliación de fotografía, ya como diseñador de “antigüedades chinas” (fabricadas por una firma francesa). En esta época, simplemente por una especie de simpatía espontánea, apoyaba a la Revolución de Octubre, No comprendía aún todo su alcance histórico. Respetaba a Lenin simplemente porque era un gran hombre que había liberado a sus compatriotas; hasta entonces no había leído ni una sola de sus obras… En esta época, en las secciones del Partido Socialista se discutía ardientemente con el fin de saber si había que continuar en la II Internacional o crear una Internacional II y media o adherir a la III Internacional de Lenin. Asistía con regularidad a todas estas reuniones dos o tres veces por semana. Al principio no comprendía enteramente el contenido. ¿Por qué discutir con tanto encarnizamiento? Con la II Internacional o la Internacional II y medio o la III Internacional se podía hacer la revolución. ¿Por qué encarnizarse en discutir? Quedaba aún la I Internacional. ¿Qué había sido de ella?

El problema que ardientemente deseaba saber –y sobre el cual no se discutía en el curso de estas reuniones– era éste: ¿cuál de las internacionales apoyaba la lucha de las naciones oprimidas?

En el marco de una reunión planteé esta cuestión que no era la que interesaba más. Algunos camaradas respondieron: es la III Internacional y no la II y un camarada me dio a leer en un “L’Humanité” las tesis de Lenin sobre el problema de las nacionalidades y de los pueblos coloniales.

En estas tesis había términos políticos difíciles de comprender. Sin embargo, leyéndolas y releyéndolas varias veces, había llegado a captar lo esencial. Las tesis de Lenin suscitaron en mí una gran emoción, un gran entusiasmo, una gran fe y me ayudaron a ver claramente los problemas. Mi alegría fue tan grande que hasta llegué a llorar. Solo, en mi habitación, exclamaba como si estuviera ante una gran multitud: ¡Querido compatriotas oprimidos y miserables!: He aquí lo que necesitamos. He aquí el camino de nuestra liberación”. (Ho Chi Min, “el camino que me condujo al leninismo”).

Exclamó sin descanso aquella ilusión a su pequeño gigante pueblo vietnamita, cuyo poder popular y nacional terminó derrotando a todos los imperios del mundo, uno tras otro, invicto. “Existen días que sintetizan años y años que sintetizan décadas”, decía Lenin. También existen hombres que sintetizan multitudes y pueblos que sintetizan la humanidad.
 

Autor: Joselo Olascuaga

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