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Veintidós minutos con cinco segundos duró el silencio y aunque se hizo el acto de simulación del habla, no se dijo nada.

Acompañado, como ornamentos necesarios, por el ministro de Salud Pública, el presidente de ASSE y el presidente del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública, el mandatario uruguayo, Dr. Luis Lacalle Pou tuvo en la noche de este miércoles 22 de abril, una nueva puesta en escena.

Lo de anoche fue algo así, como un inercial ritornello de estos singulares “stand up” presidenciales, a los que ya muchos se han venido acostumbrando.

Misma escena: la mesa, las aguas, los micrófonos, los acompañantes, esas especies de figuras silenciosas cuyo único parlamento sin palabras en el acto, es intentar decir: “vean somos un equipo”, pero hasta eso lo dice el Presidente, para ellos no hay “verbo”, apenas si musitan un “amén” recorriéndoles el rostro.

Ya, desde el vamos y antes de la palabra, la escena es muy discursiva: sentados a contrapelo de la distancia que exhortan mantengamos los uruguayos, ellos que mandatan nuevas obligatoriedades, sonríen o se enserian a rostro descubierto.

No le pidamos “peras al olmo”, deben salir “enteros” para la foto, de allí que “la mascarilla/tapa bocas”, solo sea esa especie de “apoyo” para decir lo que no se dice: un adminiculo con el cual “jugará” el mandatario.

Si hubiera un buen “muchacho” de esos con experticias informáticas, haría una colosal entrada en escena colocando sobre el despliegue de esta, esas otras conferencias de prensa, donde los que anoche y siempre suelen ser “ornamentos”, andan blindados de “mascarillas/tapabocas”, aunque sea, la verdad sea dicha, un falso blindaje que, a la vuelta de la escena, todos salen a quitarse presurosos.

Las falsedades tienen ese problema, deben recordarse siempre, so pena de ser rápidamente descubiertas.

Pero, volvamos al punto, ¿qué no dijo diciendo el señor Presidente?

Hagamos como los teólogos, definamos diciendo lo que no dijo, para arribar a lo que, en efecto fuera dicho y para ello, empecemos con lo aparentemente; y sólo aparentemente, fuera lo más banal.

Por primera vez, desde la emisión de estos “stand up”, el mandatario no llamó a los periodistas por su nombre de pila.

¿Interesante no? Pero, no nos apresuremos, la explicación es muy sencilla: la escena no precisaba de este típico ejercicio de “captura”.

No fue tampoco, una escena montada para el anuncio de nuevas medidas, fue, digámoslo así casi que un acto de solemnidad sacramental, donde lo que se celebraba era la “verdad” del verbo primigenio: “la exitosa medida” de reapertura de clases en escuelas rurales y el apoyo “científico” que fundaba las decisiones

Fue un “stand up” muy bien actuado, hasta casi el final, ¿vieron que siempre hay uno que recuerda aquello de que el rey puede estar desnudo cuando se viste de tanta soberbia no?

Los especialistas, que los hay, de “análisis de voz”, podrían dar “fe” de lo que se afirma: la voz tremulante y emocionada de un mandatario que se mostraba “sensible” con la alegría de los niños, la emoción de los reencuentros de los maestros (esos mismos maestros a los que en otras oportunidades afirmó no estaban trabajando), la identificación con los padres que se negaron a enviar a sus hijos a las clases, el aplauso a los que sí los enviaron; y otras minucias, todas ellas parte del registro telenovelesco de la escena de anoche.

No habló, en cambio, de que la “luz” que se inventaba, no brilló, por ejemplo, en todos los lugares, ni siquiera, en aquellos donde se montara toda la parafernalia oficial para celebrar “la buena nueva”, ¿nadie le avisó al Presidente, “justo antes de entrar”, que en la escuela rural elegida por primaria no asistió ningún niño?

“Justo antes de entrar”, “hoy mismo hablábamos de eso”, son frases que a estas alturas del partido ya todos sabemos que constituyen las muletillas que usa el mandatario para armar “sus respuestas”.

Se acompaña de ellas, para empezar a “responder” algunas de las interrogantes que “los estimados colegas”, como dice la “presentadora/periodista”, realizan.

Siempre hay, o, mejor dicho, casi siempre y a pesar del rigor del ordenamiento de la escena, alguna “oveja/o negra/o preguntona/ón”.

Ellas/os son aquellos colegas periodistas, que retoman el espíritu siempre rebelde de aquél niño que en su ingenua interrogante desnudara reyes repletos de soberbia.

Algunas, por ejemplo, hacen “caer” la escena nombrando las cosas por su nombre, y lo hacen a conciencia de que, al hacerlo, desmontan toda la parafernalia de un poder que se organiza por el peso de sus asimetrías: el poder no soporta igualaciones, por eso exige el “protocolo de los nombramientos formales”.

Otras, como la de anoche, atraviesan todo el espacio para simplemente recordar que, en algún momento del acto, debe hablarse de verdad de algo serio, de algo que sea del espesor de lo que verdaderamente ocurre en el país.

Rebobinen la escena y observarán cómo se desarma todo y se improvisa, al filo de lo autoritario, lo que no quiere discutirse.

La interrogante sobre el proyecto de Ley de Urgente Consideración, lanzada por el representante del semanario “Brecha”, vino a estropear el final de la fiesta o si quieren de su significado casi “eucarístico”: malogró el deseo de “soplar esas velas” que tanto le gusta al eterno cumpleañero.

A esas alturas, supimos entonces “la verdad de la milanesa”: la cena ya estaba servida.

Por eso todos se levantaron y se fueron: no había nada que decir y que importara escuchar.

Habrá que hacer rebotar tanto silencio, justo a partir de ahora, cuando el próximo combate está recién empezando.

Autor: Rolando Arbesún

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