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Dada la importancia del tema voy a compartir parte de una entrevista realizada en 2007 por María Noel Domínguez al General Óscar Pereira, que salió en:”Cuadernos de la historia reciente Nº 3, Ediciones de Banda Oriental”.

¿Cómo se presenta?

Como siempre. Como un uruguayo típico y medio que tuvo la suerte o la desgracia –según se pueda interpretar- de vivir en su tiempo, que no siempre fue ni bueno ni tranquilo. Ingresé a la Escuela Militar en el año 59, cuando Fidel Castro se hizo cargo de Cuba; entré de aspirante y me retiré en el año 2000. Entonces fui producto desde adentro del Ejército de la época pre dictadura cívico militar, durante la dictadura y el posterior proceso que yo llamo un poco por imitación de lo que sucedió antes, “democracia cívico militar”. Es el proceso posterior en el cual todavía hoy pienso que, de alguna forma, estamos saliendo, pero estamos adentro en muchas cosas.

¿Por ejemplo en cuáles?

Por ejemplo en la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado; es el monumento a la impunidad. Con estas actitudes actuales de los liderazgos políticos, se está confirmando nuevamente la ley que fue oportunamente ratificada por el pueblo, pero ahora creo que es más peligroso y más grave.

¿Por qué?

Porque esta ratificación se produce por omisión y después de la prueba de los acontecimientos. O sea, cuando el pueblo votó, todos los delitos de lesa humanidad eran negados; ahora se conocen. Han sido de alguna forma aunque tímidamente reconocidos, no repudiados. Entonces, mientras esa ley permanezca vigente en nuestro ordenamiento jurídico, vamos a estar –aunque no nos guste, aunque nos neguemos a que así sea- dentro de una democracia cívico militar, porque estamos manteniendo la impunidad del criminal militar.

Usted habló públicamente de la necesidad  de derogar esta ley, ¿no cree que ese hecho podría romper un pacto tácito con los militares y resultaría peligroso? Por ejemplo en el libro de Álvaro Alfonso, “presos a la uruguaya”, el teniente general (R) Ángel Bertolotti dice que habría acordado con el presidente Tabaré Vázquez dar por cerrado el caso de los desaparecidos.

Eso es parte del criterio de mi afirmación de democracia cívico militar. Ese hecho en sí mismo (si sucedió) es la confirmación de lo que digo. Porque es inconcebible en un Estado de derecho una negociación o pacto de ninguna naturaleza con ningún militar. Vuelvo a mi razonamiento: los militares son tan fuertes  como tan débiles sean los civiles que los mandan.

Si eso es verdad, porque Bertolotti ha mentido mucho.

El General agrega: “El hecho de acordar implica una autonomía que no tienen los militares…El Militar funciona  con el mando y la obediencia…

(…) Es la educación que hay que cambiar… (…), no se puede aceptar autonomía para determinadas cosas y no para otras. Además a los comandantes los pone el Presidente. Un comandante no es elegido para hacer una política, es elegido para cumplir una política que hace el mando superior.”

Más adelante en el reportaje manifiesta: “El gran debe de las FF.AA. no fue tanto la inclemencia como un hecho general, sino que más bien fue el apoyo tácito a la actitud inclemente. Creo que ese es el gran delito de nosotros los que quedamos en actividad. Porque unos…, tuvieron distintas actitudes que los llevaron a discrepar contra ese estado de cosas, lo que pagaron con años de cárcel, con el oprobio de todo el mundo y fueron expulsados de la fuerza. Con esto quiero decir que el enfrentamiento con los tupamaros duró poco, después empezó la política.

Lo que pasa es que la política la hicieron generales y un pequeño grupo de asesores que sobre unas ideas de la Doctrina de la Seguridad Nacional llevaron adelante un proyecto político.”

Cuando en la entrevista se le pregunta sobre Sanguinetti, Pereira dice: “Sanguinetti… (…) Se presenta entonces ante la historia como perseguido por los militares. Yo tengo la firme idea de que Sanguinetti fue un protegido de los militares, pero como es inteligente supo llevar las cosas y hacer los planteos y las intervenciones oportunas para lograr reacomodarse, porque más que una salida en paz, se presentó como la única opción presidenciable que se fabricó en esas negociaciones. (…) En el círculo inmediato que ocupaban las máximas jerarquías militares en el momento de las negociaciones, muchos eran de Jorge y Julio. Entonces algunas personas, más que ir presos, fueron casi a blanquear su  situación con la opinión pública. (…) Y en los temas militares se creó una figura que no tiene antecedentes en la historia que es la del desaparecido. Por eso es que yo insisto con el tema de los desaparecidos, que es el gran drama moderno de este país y que va a seguir siéndolo hasta que se den determinados pasos que son para mí absolutamente imprescindibles.”

¿Cuáles?

En principio, el reconocimiento  pleno de los delitos de lesa humanidad, el repudio de esos delitos y pedir perdón por ellos, como una reparación ética institucional a toda la sociedad; a toda. Aún hasta los que estuvieron de acuerdo con los militares y que yo quiero suponer que no estaban al tanto de todas esas situaciones. (…)

Me llama un poco la atención que aún ahora no lo encuentren tan mal. Eso lo tiene que hacer el Comandante del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea, pero el Ejército en particular. Porque un comandante es representativo de la fuerza, es responsable de lo que se haga durante su período, pero es representativo de la fuerza en todo tiempo histórico. Pero después de este hecho, que es algo interno y de las fuerzas, tiene que aparecer el Estado. Porque acá hubo un terrorismo de Estado y ese Estado debe intervenir, dando mucha educación sobre el tema de los derechos humanos, dando a conocer esa historia dramática del Uruguay para que todo el mundo la sepa. Después tiene que profundizar la investigación de los desaparecidos y hacer absolutamente todo lo que esté a su alcance para lograr arrojar luz en lo que sea posible. El punto final lo van a poner los familiares de los desaparecidos, cuando se den cuenta de que ese Estado terrorista ha dejado de ser terrorista y ha hecho todo lo posible para aclarar esa situación y poner las cosas en su justo término de acuerdo a la historia. Y lo otro es la anulación de la Ley de Caducidad y ahí se va a cerrar el ciclo y vamos a recuperar  el artiguismo que hemos perdido.” (…)

¿Qué opinión tiene sobre los militares que ya están detenidos?

Creo que faltan detenidos. Si es que acá hubo una guerra, que la guerra obviamente duró muy poco, la mayoría de las víctimas no son de allí sino de la tortura y la desaparición, no del enfrentamiento directo. Tenemos que aceptar que estamos en un Estado de derecho, en el que existen reglas propias y es la justicia la que debe determinar quién debe estar libre y quién debe pagar por algún delito cometido. Pienso que las personas que están presas están allí por orden judicial, no vino ninguna mano mágica. Han tenido todos sus derechos, todos los abogados, hasta cuentan con el abogado del departamento jurídico del Ejército. Tienen todas las posibilidades de defenderse, pero que por los delitos que se los acusan y por la organización que integraron deben aparecer los generales que estaban a cargo de la fuerza durante la época en que se cometieron los delitos de que son acusados. Porque de alguna manera me deja un cierto residuo de amargura generar en la opinión pública y ante la historia la idea de que los militares funcionaron en pequeñas bandas haciendo tropelías y los superiores estaban en otra cosa y aparecieron, como los comandantes en jefe, firmando comunicados que no comunicaban nada y cuando pretendieron aclarar prácticamente dijeron que los comandantes eran responsables de que todos se levantaran temprano y desfilaran bien en las fechas patrias; del resto no…en esta época histórica…funcionó la Junta de Oficiales Generales. El mando es único, personal e intransferible y es el pilar del funcionamiento de una organización como el Ejército. Manda el comandante, es responsable de todo lo que haga o deje de hacer, dice el código. Cuando se crea la Junta de Oficiales Generales el mando se hizo corporativo, dejó de ser único, personal e intransferible. Era una junta que tomaba decisiones, que incluso se legalizó, y ellos nombraban a los generales, echaban a otros, designaban entre ellos a los comandantes, que era un amanera de seguir estando. Eso fue la base de todo lo que se actuó. O sea, que pretender decir que el Servicio de Información de Defensa, que el general Amaury Prantl, trabajaba solo y la Junta de Oficiales Generales no tenía idea de nada, es un absurdo histórico y las personas que afirman eso le hacen mucho mal a la organización. Creo además que cuando el General Prantl hizo algo que no les gustó, lo echaron.

Autor: Pablo Reveca

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