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A la edad de 78 años, víctima de una afección cardíaca, ha fallecido en España el histórico líder revolucionario Julio Anguita, ex Alcalde de Córdoba, ex Diputado, ex Coordinador de Izquierda Unida y ex Secretario General del Partido Comunista de España.

“Ya es eterno, nos deja muchas enseñanzas. Nos sentimos huérfanos, hemos perdido al padre de la Izquierda, una persona única, ejemplar…” escribe en el diario El País de España nuestro compañero, el diputado Enrique Santiago, actual secretario general del Partido Comunista de España y abogado de derechos humanos.

Julio Anguita ha sido en rigor una de las figuras más destacada de la Izquierda a nivel internacional. La modestia y consecuencia de este revolucionario que alguna vez dijera que “venimos de la nada y a la nada vamos por eso hay que luchar toda la vida y morir luchando” lo hace un referente moral y le sitúa en un privilegiado lugar no sólo de la historia de su país sino de la historia de los demócratas y revolucionarios de todo el mundo. El “califa rojo”, como le llamaron en Córdoba en sus tiempos de jefe comunal, solía encontrarse jugando dominó y charlando con amigos allá por el sótano de un tradicional café de su hermosa tierra. Siempre modesto y fraternal.

Anguita tuvo problemas de salud. Y un enorme dolor, que probablemente influyó en sus varias crisis cardíacas ya iniciadas en los años noventa, fue la muerte -en el año 2003 – de su hijo Julio Anguita Parrado, de 32 años de edad, que cayó luchando en la guerra de Irak.

Nuestro apreciado amigo el historiador español Mario Amorós nos recuerda hoy que en septiembre del año 2000 viajó a Madrid nuestra querida dirigente Gladys Marín, acompañada por el camarada Oscar Azócar. Por esos días, Pinochet era desaforado y procesado en Chile y la lucha por los derechos humanos y el castigo a los criminales estaba encendida. Entonces fue, evoca Mario, que nuestros dirigentes se reunieron con Julio Anguita y dieron una exitosa conferencia de prensa en cuyo centro estaba la causa chilena.

Por mi parte recuerdo que por esos años Gladys nos habló del cariño y camaradería con el que entonces fueron recibidos por el histórico líder español.

Y un agregado final acerca de su probidad: Julio Anguita vivía de su modesta jubilación como profesor porque había renunciado a la jubilación como parlamentario.

Autor: Eduardo Contreras

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