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En julio de 1938, el magnate y productor de Hollywood Howard Hughes, dio la vuelta al planeta en 91 horas y 14 minutos, a bordo de su avión Lockheed.  Fue la vuelta al mundo más rápida hasta esa fecha.

 La distancia que recorrió, en kilómetros unos 23.814. 

Redondeando, 24 mil kilómetros en 90 horas son muchísimo menos en la sensación humana, que esos mismos kilómetros en los 180 días que imaginó Julio Verne se podría dar en globo aerostático la vuelta al mundo.

Y aún menos que en los años que les llevó a los antecesores de Hughes dar esa vuelta en distintos medios de transporte. Es decir: Hughes achicó el mundo en su sensación, por lo menos 48 veces. Fue 48 veces más rápido de lo que su imaginación de las distancias del mundo había podido concebir hasta entonces.

Es fácil decir que el mundo es un pañuelo y que cabe en una baldosa, pero en una baldosa es bien difícil vivir.

Hughes achicó su mundo a una dimensión que su claustrofobia no pudo soportar. Murió completamente loco, cuidando que nadie se le acercase.

Cuando el invento militar yanqui denominado Internet, comenzó a direccionarse hacia todas las ramas de la producción, en los años ochenta del siglo pasado, Paul Virilio, urbanista francés, en su libro Velocidad y política (1986), recordó a Hughes y pronosticó que la humanidad entraría en claustrofobia colectiva una vez que todas las distancias del planeta se redujeran de pronto a un instante.

Virilio, en su libro Cibermundo, ¿una política suicida? (1997) vuelve a la anécdota verídica de Howard Hughes y va más allá, predice un contagio global del hikikomorismo japonés.

En aquel momento se calculaba que había un millón de Hikikomoris en Japón. No era exactamente que padecieran agorafobia. Era, es, que reaccionan con un completo aislamiento social para evitar cualquier reacción exterior y no había entonces ninguna pandemia ni epidemia. Varones en su mayoría, se encerraban en un cuarto de la casa de sus padres durante años. Tristes, dormían de día para pasar la noche frente a la pantalla del televisor o de la computadora. “Fantasmas tumbados, de muertos en vida, de ensimismados tristes”, les llamó Vila Matas.

Tuvieron efecto en el decrecimiento inesperado de Japón, que había pasado a gran velocidad, bruscamente, de atávicas tradiciones a pionera tecnológica.

Otro francés, psicólogo, Félix Guattari, hizo contrapunto a Virilio en El devenir de la subjetividad (1992), afirmando que el disco interactivo contribuiría a democratizar la información e incidiría en una revolución molecular superadora del “laminado capitalístico de la subjetividad”.

Vale puntualizar que el debate polémico se daba entre dos luchadores antifascistas y que la antinomia “globalistas y habitistas” viene desde “la noche tenebrosa de los tiempos”. En nota anterior a ésta, ejemplifico con Isabel de Castilla, Vespucio, Marco Polo y Blaise Pascal entre otros, https://joseloolascuaga.blogspot.com/2020/05/xi-trump-y-soros-juego-de-naipes-entre.html  y que no es la relación velocidad-distancia la única causal de la antinomia

Hoy, treinta años después de aquellos primeros abordajes teórico críticos a la cuestión cibernética, estamos a las puertas del 5G y la inteligencia artificial, a caballo de la locura claustrofóbica que predijo Virilio, o en la derrota del sistema capitalista integrado del mapa deseante de Guattari.

Con un agravante o ventaja: el encierro (Virilio) o la salida (Guattari) hoy resulta doble, en Internet y en el “aislamiento social”. “El mundo al instante”, literalmente el mundo y literalmente al instante y, temporalmente, toda persona a dos metros de cualquiera otra persona.

Hughes murió en 1976 tras haber pasado años apenas sin contacto humano aparte del de sus asistentes. Estaba esquelético y desnutrido por el exceso de fármacos, enganchado a la codeína, a la fenacetina y al diazepam, y por falta de alimentos —había decidido matarse de inanición—. Según la biografía escrita por Donald Barlett en 1979, Howard Hughes: su vida y su locura, tenía los dientes podridos, anemia, un tumor cerebral, una úlcera péptica y neumonía. "Insistía mucho en el aislamiento, usando pañuelos y toallas de papel que lo protegían de los gérmenes patógenos”. Necesitaba tomar distancias hasta la muerte.

EL DOBLE ENCIERRO O LA SALIDA DOBLE

Es perfectamente comprensible que estemos hoy en pánico doble, por el “aislamiento social voluntario” o mejor dicho “distanciamiento corporal voluntario” y por la aplicación de la cibernética a nuestro control de salud y los bombardeos mediáticos focalizados. Es una distopía que el notable y apocalíptico libretista de Black Mirror (y gran escritor) Charlie Brooker, heredó de Virilio.

También es interesante ver en el esloveno, originario de Liubliana, Slavoj Zizek, un epígono de Guattari. La utopía de un comunismo reinventado y los devenires subjetivos que sucederían a la epidemia actual y a la concatenación tecnológica, vanguardia de la producción, para que no tengamos que renegar hasta del invento de la rueda.

Digo bombardeos mediáticos focalizaos, en plural, pero es singular el artillero, porque el mismo que ayer nos quería convencer de quedarnos en casa, ahora nos convence de que estuvimos aislados al pedo por culpa de los chinos (y de la Organización Mundial de la Salud, “partidaria de los chinos” –dice Trump–).

Internet nunca dejó de ser un arma militar. Virilio, quien además incursionó en temas militares, la asoció a La administración del miedo, pero Internet también devino en redes sociales por disco interactivo, tales como predijo Guattari, fallecido en 1993, quien muy precozmente, pronosticó la ola progresista latinoamericana para la primera década de este siglo.

LA DISTANCIA EN LA NIEBLA

Liubliana es una ciudad bastante a menudo neblinosa, de unos trescientos mil habitantes. Allí se extravió James Joyce porque la niebla le borroneó un cartel a tres metros de sus ojos. Viajaba en tren hacia un nuevo trabajo en Trieste y a causa de la niebla ente el cartel y su ventanilla, se confundió de ciudad y se bajó en Liubliana, donde pasó la noche en la Estación Central esperando el tren del día siguiente, porque no tenía dinero para pagarse un hotel.

Slavoj Zizek no ha sido con Joyce más hospitalario que la niebla de Liubliana, donde nació Slavoj en 1949, poco después que Joyce allí se extraviara. Los ídolos de Zizek son Kafka, Beckett y Platonov, pero compartió con el narrador irlandés su impresión desfavorable al comunismo no globalista de los últimos años de Joyce.

Si lo vemos en términos de velocidad y política, la disputa entre la NEP y “el socialismo en un solo país” lo fue entre la audacia vertiginosa globalista del pelado y el habitismo de trinchera del bigotes. Y las reformas maoísta-denguistas fueron la NEP no concebida por “paso atrás” leniniano, sino por consecuencia antiimperialista de respuesta. La visibilidad también acorta las distancias y, aunque muchos chinos son miopes, tienen en conjunto buena fama de reflexivos. La reflexión aproxima la realidad sin el frenesí del mareo que enclaustra.

Quien no responda a los desafíos del Pentágono hace ficción. A veces muy buena. En política por lo general demasiado fácil. La crítica rasa del capitalismo no se diferencia en su efecto del “que se vayan todos” de la antipolítica. Hoy, la guerra híbrida en la que estamos inmersos, incluye ciertos efectos de guerra bacteriológica que afectan una doble claustrofobia (aislamiento corporal y control cibernético) pero gravitando en la órbita imperialista del mundo, en su situación concreta para un estudio concreto, de una guerra con sucesos en pleno desarrollo, se requiere reflexión.

Si nos detenemos en la irreflexión de que un superpoderoso Grupo Bilderberg o Iluminati o algo así, planificó a la velocidad de la política moderna vigente, una conspiración comunicacional mundial para desmovilizarnos, es porque el vértigo de los acontecimientos nos paraliza, es el pánico claustrofóbico en su doble condición actual, afectando nuestra situación.

“La aproximación reflexiva en modo alguno disminuye nuestro goce de lectura (de la realidad, dice Zizek), sino más bien lo contrario, la complementa con el añadido del placer intelectual, que es una de las marcas del verdadero modernismo”.

Reflexionemos, la última reunión del Grupo Bilderberg en 2019 juntó cuatro veces menos poder que la del Foro de Shangai, especialmente entre empresarios de tecnologías de punta. Los Iluminati son la mafia del café con leche y toda esta movida antichina del Deep State (y hasta sus zarpazos a Venezuela) son producto de la debilidad.

Importante debilidad del capitalismo en su fase actual imperialista. No es una expresión de deseo mía. Desearía no saber que esa debilidad, por desesperación, termina en guerra nuclear.

Eso no quita que varios gobiernos y entre ellos el nuestro, intenten aprovechar la situación tendiente a la claustrofobia, para manipularnos a través de las corporaciones mediáticas y sus reflejos en redes (desde que existen lo hacen), pero nuestro pueblo está demostrando enorme imaginación para adaptarse a la velocidad tecnológica, para aplicarla en redes y encontrar siempre caminos eficaces de lucha.

El Primero de Mayo abarcó a más compañeros informados y participantes que en otras circunstancias y lo mismo está ocurriendo hacia el 20 de mayo. Con mayor fuerza aún, con firmas y plebiscito, vamos a resistir y a derrotar la LUC.
 

Autor: Joselo Olascuaga

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