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Ha pasado casi tres meses desde que planteamos “COVID-19: elija su teoría de la conspiración”. Ya puede hacerse cierto balance de cada hipótesis formulada entonces, porque los sucesos se desarrollaron vertiginosamente y ya son bastantes las evidencias y las refutaciones que los hechos aportaron.

Antes que nosotros presentásemos varias hipótesis que andaban en la vuelta el 18 de marzo, basadas en la controversia entre las declaraciones del portavoz de la cancillería China, Zhao Lijian, con el muy personal y directo Donald Trump y un alto funcionario sanitario suyo, Robert Redfied, apareció en el portal de HispanTV, el 9 de marzo, una versión que ha tenido reafirmaciones y desmentidos variados en la realidad. Empecemos por ésta:

“El nuevo coronavirus 2019 (COVID-19) podría ser un arma de guerra biológica de EE.UU. e Israel para dañar a China e Irán, dice el exfuncionario de la CIA, Philip Giraldi… distintos informes sugieren que los componentes del nuevo virus están relacionados con el VIH (virus de inmunodeficiencia humana), que no pueden “crearse por sí solos”.

El 9 de marzo, Irán, “enemigo” de EE.UU. e Israel, era, sospechosamente, el segundo país más afectado por el COVID-19, detrás de China, que ya empezaba a controlar el virus. El 2 de mayo, el virólogo francés Luc Montagnier, ganador del Premio Nobel por su trabajo sobre el VIH, aseguró que el virus SARS-CoV-2, que causa la COVID-19, fue creado en un laboratorio insertando en un coronavirus genes del VIH-1. “Hemos llegado a la conclusión de que este virus fue creado”, dijo, durante una entrevista con el canal francés CNews, el virólogo galardonado en 2008 con el Premio Nobel de Medicina. Según Montagnier, unos “biólogos moleculares” insertaron secuencias de ADN del VIH en un coronavirus”. “Ha habido una manipulación del virus...”, dijo. “En cualquier caso, no es natural”, aseguró. "Es el trabajo de profesionales, de biólogos moleculares. Un trabajo muy meticuloso. ¿Con qué objetivo? No lo sé…”, pero si bien, un premio Nobel en Medicina ratificó uno de los fundamentos de la hipótesis de Giraldi, los hechos la refutan en dos extremos. Israel ha sufrido en estos días un rebrote de la epidemia (curiosamente es cierto lo afirmado esta noche por el Jefe de Gobierno de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, sobre rebrotes recientes en Israel y Corea del Sur) y esto no cierra en la pesquisa de investigación que da por sentado que quien haya “usado un arma de guerra biológica” tiene de antemano el remedio o la vacuna para contrarrestar sus efectos si en el devenir le afectan. En entrevista de Telesur (segundo extremo) el médico cubano Luis Herrera, creador del Interferón, dijo que después de “varios virus de origen dudoso” contra Cuba, EE.UU se preocupó mucho de los efectos que puede ocasionarle una epidemia tan cerca. Irán está muy cerca de Israel.

Quedan en pie, de la hipótesis de Giraldi, dos aspectos. El virus fue diseñado y es sospechoso que Irán lo haya sufrido con fuerza inmediatamente después que China. “¿Tan inferior es la sanidad italiana que la del resto de Europa o la coreana que la del resto de Asia oriental o la iraní que la del resto de Asia occidental? Raro, ¿no?”, decíamos. Y si el virus se globalizó principalmente por el movimiento turístico, Irán no es precisamente un país que se destaque por enviar ni recibir turistas, ni entre los de su región ni, mucho menos, comparado con los europeos.

¿QUIÉN SE BENEFICIA?

Ésta es otra pregunta obligada de una investigación, pero en este caso la situación tuvo un vuelco que complejiza la respuesta. En principio, los dos primeros meses, beneficiaba claramente a USA. Los primeros picos del brote que sucedieron casi inmediatamente al de Wuham, fueron Teherán (un “enemigo de nivel Rusia o China),  Seúl y Milán. Si lo pensamos en términos de relación con Washington, dos graves desobedientes recientes. Seúl dirigida por el presidente Moon Jae-in, con fuertes gestos hacia la unidad coreana, creciente colaboración tecnológica con China, renuencia a facilitarle a Washington intervención agresiva en el sureste asiático. Italia, primer país de la OTAN en ingresar a la Ruta de la Seda, se hizo cargo de los costos de trasplantes de médula para venezolanos por convenio que Venezuela quería, pero no podía pagar porque su dinero para esa cuenta estaba congelado en Portugal por orden de Washington. Todo hacía prever que Wuham infectada en el año nuevo chino, que trasiega por esa ciudad central, millones de turistas internos, destrozaría China por completo, pero el gigante asiático estaba mejor preparado para la eventualidad, de lo que nadie suponía. Utilizó todos sus recursos a la vez y si hoy tenemos que decir quién se está beneficiando de la epidemia, ¿qué duda cabe?

No es pandemia porque ya los principales socios en la Ruta de la Seda, varios países nórdicos, encabezados por Islandia, pese al desastre del “modelo sueco”, que el propio gobierno sueco ha salido a reconocer (ver Página 12 de hoy, https://www.pagina12.com.ar/269996-coronavirus-en-suecia-el-responsable-de-la-estrategia-frente ) y otras potencias como Nueva Zelanda, se la sacaron de encima. No queda otra que señalar a China, la tercera, cronológicamente, en controlar el virus, después de Vietnam y Kerala.

Sin embargo, otras hipótesis consideran que el final de la trama beneficiará al capitalismo, que implantará un nuevo orden internacional por el efecto maltuhsiano del virus. Se basan en otra característica del COVID-19: mata mayormente ancianos que “dejan de ser una carga para la economía”.

Es cierto que la epidemia no ha terminado y que se ha prolongado especialmente en los países donde abundan, junto a la concepción de que las medidas sanitarias drásticas se oponen a la libertad, las hipótesis de que todo ha sido una movida para controlarnos.

OIGA, DOCTOR…

“¡Que ya no se me empina desde que me mandó tener cuidado con la nicotina!” protestaba Sabina en una canción a su doctor. A nosotros ¡otra que tener cuidado!, el doctor Vázquez nos prohibió fumar en cualquier circunstancia o lugar donde otro se sintiese perjudicado por nuestra nicotina. “Es que no podemos asumir honestamente nuestra libertad sin asumir la libertad del otro”, decía Rosa Luxemburgo. Y ahora resulta que dicen que algunos estudios revelan que los fumadores consuetudinarios estamos más protegidos ante el Coronavirus.

Fumadores, digo, aunque no fumo directamente, porque soy asmático y un fuerte ataque me hizo abandonar el cigarrillo a mis doce años, pero por décadas de mi vida laboral, inhalé el humo de esos espesos fumaderos de tabaco que eran las redacciones de los diarios, hasta que llegó el doctor Vázquez. Yo pasé a ser libre de no fumar y le quité al otro la libertad de hacerlo. A veces también en cuestiones minimalistas y cotidianas se hace pertinente la pregunta de Lenin, “¿la libertad de quién?”.

Cuando todos seamos “socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”, como quiere Rosa, ¿vamos a fumar o no, trabajando en la misma habitación, si uno quiere y el otro no? ¿Cuál va a ser libre no tan totalmente?

Hablando de libertad, hace treinta años que nos vigilan cada vez más tecnológicamente y no precisamente para cuidarnos la salud.

Digo “tecnológicamente” y no “mejor”, porque coincido con Slavoj Zizek en que “pobre del tipo que tiene que vigilar en una computadora con la infinidad de datos a considerar”, de los cuales infinitos pueden ser contrainformación. No descarto que esta epidemia le esté dando otra infinita cantidad de datos, informativos o contrainformativos, a servicios de inteligencia, empresas de comunicación, comercios en general y gente curiosa, pero salvo que el capitalismo no sea ese negocio en fase imperialista, financierista, que está perdiendo el fracking, las reservas y hasta bien posiblemente la moneda de divisa global, dudo muchísimo que le convenga tenernos encerrados, con las economías de los países del área de su mayor influencia, hechas mierda, a la espera que China done la patente de la vacuna que ya declaró “bien público planetario”.

Cuarenta millones desempleados en USA tiene un precio. La libertad de la policía a matar afros tiene precio. El innegable derecho al suicidio tiene precio y la libertad en general también lo tiene. A veces es que mes por medio, algún tipo entre a un colegio, a un cine, a una discoteca gay o a una sinagoga a matar todo lo humano que encuentre y lo haga. Nunca lo presentan de ese modo. Los medios hegemónicos prefieren hablarnos del precio de la “seguridad” y nadie les pregunta, “¿la ‘seguridad’ de quién?”. De la elite financiera, por supuesto.

En Uruguay, por la manera insustentable en que se aisló ante la epidemia, las capas medias vieron en los hechos confiscados sus ahorros y quienes no los tenían caen en  la pobreza, los pobres caen en la indigencia, los salarios se pauperizan, las jubilaciones pierden poder adquisitivo, ante las subas de tarifas, impuestos dólar e inflación. el Ministerio de Educación anuncia que va a ahorrar en alimentación a los niños en las escuelas, al MIDES lo están destrozando, muchos pequeños y medianos comercios y otras empresas no van a subir las cortinas porque no pudieron con las tarifas aumentadas, los alquileres, la suba del impuesto al IVA, los otros impuestos y los costos de insumos o mercaderías, decenas de miles de trabajadores quedan sin empleo, pero eso sí, al “’malla oro’ no se lo toca”, dijo el Presidente y mandó la LUC para asegurarlo.

Son libertades que se van perdiendo y otras más se van a perder en el articulado sobre “seguridad” de la propia LUC, si no lo borramos con referéndum. La solución es que la libertad sea siempre la libertad del otro. El problema es que el otro sea siempre y únicamente el “malla oro”.

Autor: Joselo Olascuaga

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