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Hablando con dos sargentos y un cabo que han estado en varias misiones de paz, me comentaban que iban fundamentalmente por razones económicas.

Por sus dichos llegué a la conclusión que las diferencias entre lo que percibe la tropa y la oficialidad es un abismo.

La ONU en valores del 2019 estaría pagando por persona y por mes 9.000 dólares. Resulta que a lo sumo, a lo largo de seis meses renovables a otros seis, o sea en un año, un sargento embolsa aproximadamente 12.000 dólares. Nada mal, para los magros sueldos que tienen y para los riesgos que corren y el estar lejos de sus seres queridos. Solo en vacunas se tienen que dar más de quince, por las distintas enfermedades.

La ONU paga 9.000 dólares por mes y por persona sin discernir el grado militar. Si fuera  todo para un sargento, 9.000 por 12 son US$ 108.000.

¿Qué pasa en el medio?, fue mi pregunta.

Una parte va para diferentes gastos del ministerio de Defensa. Por ejemplo, entre octubre de 2013 y setiembre de 2014, de lo recibido por la ONU, por la participación uruguaya en Haití, el 40% fue por equipamiento y el 60% para sueldos y viáticos.

Pero una porción de los sueldos, bastante voluminosa se la queda la oficialidad de acuerdo a sus grados. Más, cuanto más grado se tenga. O sea, un sargento a reventar en un año se lleva entre 10.000 y 12.000 dólares. Los oficiales en promedio se traen de las misiones de paz cuatro veces más aproximadamente. Es en relación inversa, a los riesgos que corren unos y otros.

Por debajo de la pata, un teniente coronel se trae unos 50.000 dólares. Y miren que las diferencias que se dan acá se mantienen allá. Comen diferente, arriesgan diferente, cobran muy diferente.

Estaría bueno que hubiera más transparencia en este tema. Los datos del ministerio son opacos. No está desglosado por grado. Y le faltan muchos detalles.

¿Quién controla esto?

¿En esto se va a terminar el recreo, también?

Porque resulta que muchos oficiales superiores que tienen jubilaciones de privilegio,  te tiran la patria por encima y  la honestidad. Y resulta que los curran a los soldados. Y si no los curran que sean transparentes y digan cuánto se traen de las misiones. Porque si no lo de la preparación para la defensa del país y lo de la paz, como que…da un poco de chucho. Lo del sacrificio de la profesión y lo de la entrega incondicional a la patria…, es más un tema dinerario.

En épocas de pandemia, ¿los mayores, tenientes coroneles, coroneles y generales, no van hacer ningún sacrificio económico?

Porque si nó, tengo el derecho a pensar que lo de ser militar es una carrera como cualquier otra. Y que las FF.AA reproducen las diferencias de clase.

Aunque la mayoría de la oficialidad proviene de los sectores medios, algunos son estancieros, como Guido Manini Ríos. Para el general de repente un soldado es como un peón de estancia. Perdón un poco mejor. Porque gana más un soldado de 1ª que un peón de estancia. Y tiene asegurado el “rancho”. Y hospital Militar, donde también no es lo mismo ser de la tropa que oficial.

Además los usan a los soldados para que les presten servicios personales. ¿Oh no?

Cortan el pasto del cuartel y de la casa de paso. Mano de obra barata que no pasa por la Auditoría de la Nación. Los usan para menesteres variados. Le hacen pesar la disciplina.

Y todo esto, sin estar en guerra contra ningún país. Porque a los dos sargentos y al cabo cuándo les pregunté si teníamos preparación para enfrentar un ataque externo de otro país. Los tres con un gesto que lo decía todo, me dijeron: no se aguanta ni medio día. ¿Cómo? No tenemos ni poder de fuego, ni la preparación. ¿Por qué? ¿Quién lo dice? ¡Lo dicen los viejos!

O sea, que es verdad, nomás. No tienen una doctrina de defensa. Hacia dentro la vieja doctrina de la seguridad nacional reciclada, hacia fuera no dicen nada. Ni hipótesis de guerra…

Autor: Pablo Reveca

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