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En la jornada de este martes y en un acto inesperado, se procedió a restituir en la Dirección Nacional de Inteligencia del ministerio del Interior el cuadro del Inspector General Victor Castiglioni.

Junto con ello quedó sin efecto el nombramiento que se había dado al Salón de Actos de dicha dependencia, que hasta la fecha llevaba el nombre del fallecido y destacado director nacional de Policía Julio Guarteche.

Ambas acciones, desataron fuertes polémicas y denuncias por parte de actores sociales, de organizaciones de derechos humanos y de relevantes figuras de la política nacional.

De una forma inconcebible, el acto de “restitución” se realizaba en la misma fecha del homenaje a Wilson Ferreira Aldunate, el destacado político del partido Nacional que había sido ferozmente perseguido por el entonces director de Inteligencia Victor Castiglioni.

En carta dirigida al ministro del Interior, el 16 de junio, un grupo de ex presas y presos detenidos en diferentes momentos en la Dirección Nacional de Inteligencia y Enlace (DNII), recordaban al Dr. Jorge Larrañaga:

“En el día de ayer, 16/06/20, nos enteramos de la reinstalación de la placa de homenaje al Inspector Víctor Castiglioni en la Sala de Actos de sede de la ex DNII de Maldonado y Paraguay.

Le recordamos que, en el año 2011, una cincuentena de ex presas y presos de la DNII hicimos una denuncia en la justicia penal (que aún se tramita), dando detalles de los horrores allí vividos con especial énfasis durante la gestión de Castiglioni (...) Su propio Partido Nacional fue objeto de saña represiva, siendo detenidos múltiples veces sus dirigentes y militantes, encapuchados y humillados”.

Más adelante en su misiva, el colectivo agregaba: “Con el espíritu de construir una sociedad y sus instituciones en consonancia con los valores democráticos, fue que un grupo de militantes sociales y políticos que fuimos torturados en la sede de la entonces DNII (Maldonado y Paraguay, actual DGII), solicitamos, en el año 2016 retirar de esa sala la placa que homenajeaba a Víctor Castiglioni ubicándolo como un ejemplo a las nuevas generaciones de policías que por allí pasan, trabajan y se forman.

Finalmente, esto se llevó a cabo en la misma instancia en que se colocó, en el marco de la Ley 18.596, una placa recordatoria de sitio de memoria del terrorismo de estado y del uso ilegítimo del poder del estado uruguayo”.

Sobre el final de la carta y en directa referencia a la acción de “restitución” realizada, el colectivo de militantes preguntaba al ministro del Interior: “¿por qué vuelve esta placa a homenajear a ese individuo? ¿qué valores se transmiten a la sociedad, y a la Policía Nacional, cuando se restituye esa placa?”, al tiempo que le solicitaban que, “como Ministro del Interior y responsable del área, pero sobre todo como demócrata, que revea esta decisión que afrenta a la República, a la Institución Policial y a la Democracia.

Decisión que lastima, especialmente, a todos los que fueron víctimas del terrorismo de estado”.

Ese mismo día, vía Twitter, el senador del partido Nacional, Jorge Gandini abría un hilo tomando como referencia esta decisión de “restitución”:

“Conocí a Castiglioni, Alem Castro y otros policías de Inteligencia en diciembre del 81 cuando estuve preso en esa dependencia por varios días, por organizar la Marcha de la Sonrisa, al año del plebiscito del 80 (…) Junto a Marcos Gutierrez (hijo del Toba y Matilde) y Diego Silva, fuimos duramente interrogados, sin apremios físicos “por ser blancos”, se nos decía. De allí a la justicia militar (…) Con todo respeto, no veo razón para hacerle algún homenaje en Democracia a quien dirigió la Inteligencia en tiempos de Dictadura. Los viejos militantes wilsonistas lo recordamos diferente a Castiglioni, ojalá se revea esta decisión”, concluía.

Obsérvese, que el senador blanco no especifica de qué se habla cuando se refiere a “duramente interrogados” y es bastante claro cuando recuerda que les decían “que no había apremios físicos por ser blancos”, ambas cuestiones indican que había torturas en los tiempos de Castiglioni (algo sobre lo que no hay ninguna duda) y que la misma se dirigía de forma particular a ciertos sectores y movimientos políticos de la época.

Hasta el momento no se conoce si ha habido una respuesta del ministro a la carta que se le enviara, sin embargo, en la jornada de este jueves, ha sido publicado por el diario El Observador una nota periodística que recoge declaraciones sobre esta “restitución” de parte del actual director Nacional de Policía el comisario Mayor Diego Fernández.

Tratándose de quién declara y ante el mutis de la dirección política ministerial, esta declaración del director Nacional de Policía debe considerarse una declaración de la institución, aunque aquél la disfrace de recuerdos y verborragias profesionalistas.

Para el actual director Nacional de Policía, el inspector Castiglioni es un referente y el acto es una decisión “de homenaje a las raíces de la Unidad, honrando a quien fue su primer jefe”.

En un pésimo ejercicio exculpatorio, una forma lamentable y fallida de intentar quedar bien con Dios y con el Diablo, el jerarca afirma: “Yo no digo que Castiglioni no haya hecho nada indebido, nada más lejos de mí (…) Castiglioni, con sus claroscuros, fue un referente de una época”.

En la “puerilización” de su fundamentación agrega: “Castiglioni fue profesor en la Escuela Nacional de Policía durante tres años de quien habla y de Guarteche también. Nunca nos enseñó a torturar a nadie, ni a maltratar a nadie, sino que nos enseñó a ser profesionales. Y mucha de nuestra formación se cimenta en su profesionalismo y en su don de gente”.

Hay al menos, dos cuestiones a destacar en esta declaración, la forma en que se “usa” como referencia al ex director Nacional de Policía olvidando, en ese “siniestro uso”, que nunca durante su larga trayectoria como director Nacional de Policía, Julio Guarteche reconoció la “profesionalidad” que hoy se le quiere adjudicar al Inspector Castiglioni.

Nunca en su largo tiempo de director Nacional de Policía, a Guarteche se le ocurrió la peregrina idea de mantener el siniestro nombre del contumaz torturador como una referencia simbólica del trabajo de inteligencia.

De modo que, escudarse en el nombre de Guarteche, por haber coincidido en el tiempo de formación policial y sugerir que aquél avalaba las “enseñanzas” de Castiglioni, es también una tremenda afrenta a quien ha sido conocido como “el primer policía”.

La segunda cuestión, es histórica, Castiglioni no precisaba enseñar a torturar porque ello era ya antes de los años 60 una práctica común en el accionar de la policía.

Lo que Castiglioni sí enseñó, durante todo su siniestro accionar, fue a convertir y hacer de la tortura, una macabra técnica de destrucción de las personas a quienes detenía, algo que comenzó a aprender “profesionalmente” durante el pasaje de Dan Mitrione por nuestro país.

Este fue un aprendizaje que tomó alta especialización en la policía nacional, a partir del momento en que la Oficina Pública de Seguridad (OPS) una división de la Agencia para el Desarrollo Internacional, organización que mantuvo una estrecha relación de trabajo con la CIA, y los oficiales de dicha Agencia, comenzaron a operar formalmente en Uruguay a partir de 1965, suministrando a la policía equipos, armas y capacitación en lo que hoy eufemísticamente se llama “interrogatorios mejorados”.

Las referencias de quien hoy ha sido “reivindicado” como un “referente” de la “profesionalización” de la Inteligencia uruguaya han sido puestas al desnudo tanto por aquellos sobre los cuales el siniestro Castiglioni “operó”, así como, por todos los hechos históricos largamente documentados, sobre el accionar represivo de una Inteligencia que hizo un eficaz aprendizaje y ejercicio de la tortura, la persecución y el asesinato.

Una “técnica” que uno de los principales historiadores de la CIA, William Blum, puso al desnudo cuando escribió en 2005, el libro “Asesinando la esperanza. Intervenciones de la CIA y del ejército de los Estados Unidos desde la II Guerra Mundial”.

El capítulo dedicado al accionar de la CIA en nuestro país se tituló “Uruguay 1964-1970. Tortura, tan norteamericana como el pastel de manzana”.

De allí nació la “profesionalidad” y “el don de gente” que el actual director Nacional de Policía le adjudica a uno de los personajes más siniestros de nuestra historia reciente.

Autor: Rolando Arbesún

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