filename

Escribe: *Roy Daza

 

Las reflexiones fluyen como lluvias torrenciales precedidas por una larga sequía, unos dicen que esta tormenta pasará pronto, y otros aseguran que de las pandemias brotan nuevas épocas, lo cierto es que estamos en una encrucijada, o seguimos por el mismo rumbo en el que andamos hacia abismos insólitos, o asumimos con todos sus riesgos transitar las veredas de la paz y la cooperación, y con sentido de comunidad avanzar hacia la creación heroica de una nueva sociedad, guiada por el saber y unida por la solidaridad.

I.- ¿Será mejor la vida que vendrá?

II.- La catástrofe está aquí.

   - El mercado petrolero.

   - La ruptura de la Unión Europea.

III.- Problemas urgentes de la economía mundial.

   - Una polémica de palpitante actualidad.

   - Viraje político internacional.

IV.- La crisis en Latinoamérica y el Caribe

   - La integración y “el después”.

   - La deuda externa: problema de todos.

V.- Cuando los filósofos salen a la palestra…

VI.- El programa de lucha común de los pueblos.

 

I.- ¿Será mejor la vida que vendrá?

“Ya nada será igual después de la pandemia del Coronavirus”, la frase recorre el planeta a la velocidad del wasap o del zoom, y no son pocos los que se preguntan: ¿y cómo será la vida que vendrá? ¿Qué cambiará del ahora en lo sucesivo? La verdad que nace de una realidad llena de angustias, es que la única certeza es la incertidumbre, la conmoción que estamos viviendo no permite la reflexión serena, los intensos y acalorados debates no dejan de tener un tono apocalíptico o de un escepticismo lacerante, aunque para fortuna de todos nosotros, los Quijotes no faltaron a la cita.

Por otra parte, también estamos los que creemos que el futuro es un camino a recorrer desde ahora mismo, partimos de reconocer que esta es una sociedad desigual, que no ha resuelto la contradicción que genera la esclavitud asalariada, ni mucho menos la necesidad imperiosa de los seres humanos de vivir en familia con la Madre Tierra y el Padre Trabajo.

Atender a la convocatoria del Papa Francisco de “pensar el después”, implica un compromiso que ha de ser asumido colectivamente, y para cumplirlo, en estas tierras fecundas tenemos una ventaja, contamos con el recurso de la realidad, no podemos evadirla ni extraviarnos, las perspectivas de construir políticas liberadoras con base en el análisis científico de nuestra realidad, están abiertas.

Fotografías tomadas por satélites de los cementerios improvisados para enterrar a las víctimas del Coronavirus, dan una idea de la magnitud de la tragedia, algo así no se vivía desde la Segunda Guerra Mundial, portales de internet especializados en ofrecer las cifras y los partes diarios de las autoridades gubernamentales, muestran que la letalidad del Covid-19 es muy alta, y su velocidad de contagio nos llena de pánico.

Ante una infortunio de tal magnitud las responsabilidades de los Estados son indelegables, adoptando medidas como la cuarentena estricta y voluntaria, -que es la que nos permite estar a salvo, ni contagiarnos ni contagiar-, realizar las pruebas moleculares para detectar al Covid-19, hospitalizar a los afectados sintomáticos o asintomáticos, dotar a los centros de salud de medicamentos para la atención de los pacientes, informar a diario a la ciudadanía, y coordinar la imprescindible cooperación internacional con la Organización Mundial de la Salud.

Este es un virus desconocido, ni siquiera tenía nombre hasta hace unos meses, no tiene tratamiento médico universalmente aceptado, ni aun existe la vacuna para detenerlo, y aun siendo microscópico trastoca la vida cotidiana de todos nosotros, paraliza la producción y el comercio, y cambió las formas de hacer política. Ninguna pandemia antes de ésta se irradió en un mundo como el actual, interdependiente, interconectado, y globalizado.

Algunos medios de comunicación informan que más dos mil doscientos millones de seres humanos estamos en cuarentena desde febrero, por tanto, huelga decir, que tal fenómeno tiene un devastador impacto en la economía mundial. La parálisis ha sido tal, que –según dicen— el hueco de la capa de ozono comenzó a cerrarse, y las aves y los venados pasean por las plazas, y hasta un cunaguaro caminó de lo más tranquilo por una calle de Caracas, esas son las escenas curiosas y llenas de belleza que hemos visto por televisión, pero la otra cara del asunto, es la profunda recesión de la economía, la desigualdad expandida, la pobreza multiplicada, la catástrofe que nos amenaza.

Nadie puede afirmar con propiedad que el Covid-19 es la única causa de la recesión económica, pero sin duda que ha sido un detonante de gran potencia, sin embargo, los estudios econométricos y de las tendencias globales de la economía revelan que antes de la pandemia se registraron signos de ralentización, que pueden ser calificados de alarmantes.

Cada día se despeja el horizonte analítico, al constatarse que las fuentes de la crisis no están circunscritas a la coyuntura, sino que es la propia dinámica interna del sistema capitalista la que muestra signos de agotamiento, y ello se expresa hoy con una fuerza extraordinaria en las manifestaciones populares antirracistas en los Estados Unidos, colmadas de dolor e indignación por el asesinato de George Floyd, y en las volcánicas rebeliones populares contra los gobiernos neoliberales de Chile, Colombia y Ecuador.

De no resolverse la diferencia entre una tasa de rendimiento del capital en alza, y una caída constante de la tasa de los salarios, así como la contradicción que se deriva de una tasa promedio de la producción por debajo de la tasa de rendimiento del capital, el resultado es lapidario: se ensancha el abismo entre el 1 % de la población, los más ricos, y las grandes mayorías depauperadas; cruje el aparato productivo montado en barcazas; el comercio internacional ya no tiene el dinamismo que mantuvo hasta el 2015, y las grietas que siempre existieron en los procesos de integración se ensanchan y sobrevienen las rupturas.

Este análisis de entorno, más conceptual, -digamos-, se mueve en una autopista de cuatro canales, y cada uno de ellos expresa una contradicción: a) la que surge del empeño de Washington en detener el desarrollo de las economías emergentes (en particular la guerra comercial que le ha declarado Estados Unidos a China); b) el acelerado desmontaje de los megaproyectos intercontinentales; c) la disputa por las tecnologías 5/G; y d) la amenaza de parte de Trump de reanudar los ensayos con bombas atómicas. Como se ve, pues, los centros decisorios del poder imperialista despliegan denodados esfuerzos por detener su declinación, mientras que la pluralidad democrática se abre paso.

Hace apenas unas semanas la Casa Blanca anunció algunas medidas que nos llevan a pensar lo peor. La amenaza de invadir a Venezuela; la retirada unilateral de los acuerdos sobre el control de la producción de energía nuclear con Irán; el abandono del tratado sobre armamento nuclear de corto y mediano alcance, conocido como Star III; la movilización de la Armada estadounidense en el Mar de China y el Golfo Pérsico, además, el cerco militar sobre la Federación Rusa. La poderosa maquinaria militar norteamericana ha sido puesta en movimiento, y ello constituye un serio peligro para la humanidad.

Hilvanar palabras que expliquen estos tiempos terribles, solo es capaz de hacerlo un poeta con sensibilidad humana, y es por eso que acudimos al auxilio de Silvio Rodríguez, que en “Cita con Ángeles”, nos relata una fantasía real.

Desesperados, los querubes

toman los cielos de la tierra

y con sus lápices de nubes

pintan adioses a las guerras.

El mundo llena los balcones

y exclama al fin: ésta es mi lucha,

pero el señor de los cañones

no mira al cielo ni lo escucha.

¿Qué hacer? Nos preguntamos. Y de una vez respondemos: Vencer al Covid-19, detener el plan de guerra contra Venezuela, enfrentar las políticas neoliberales, derrotar los bloqueos económicos, y recuperar la democracia donde la derecha se ha impuesto por Golpes de Estado, en fin, pasar a la ofensiva, como lo han reiterado en múltiples eventos, el Presidente Nicolás Maduro y el Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.

 

II.- La catástrofe está aquí.

Todos los índices de crecimiento de la economía indican que el producto mundial este año caerá en -3.0 %; las economías avanzadas registrarán una baja de -6.1 %, la economía estadounidense sufre una abrupta caída de -5.9 por ciento, la eurozona baja al -7.5 por ciento.

Según las cifras que aporta este informe la economía de China se mantendrá en un rango positivo, es decir, no caerá por debajo de cero, no obstante, bajará a 1.2 por ciento, para recuperar su crecimiento en el 2021, en 9.2 por ciento, cifra más o menos equivalente al promedio constante de esa economía, cuya dinámica es una suerte de locomotora de la economía mundial desde la primera década del siglo XXI, expansión productiva que modificó la geopolítica a escala planetaria. El otro gran vector de la economía mundial, por su magnitud y aceleración alcanzada, es India, que declinará a 1.2 por ciento (positivo).

América Latina y el Caribe experimenta una caída de menos (-5.2 %).

Los datos que aporta la Organización Mundial del Comercio registran para este año un retroceso del comercio entre el 12.9 por ciento y el 31.9 por ciento, predicción que denota una crisis mayor a la que se experimentó en años precedentes, y que obligaron a virajes profundos en las políticas económicas de los centros capitalistas, y a un replanteamiento teórico del “Discurso de la globalización neoliberal”.

[Fuente perspectivas de la economía mundial 2020]

-El mercado petrolero.

Ahora bien, lo que confirma la profundidad de la crisis económica, catapultada por el Coronavirus, es la situación del mercado de los hidrocarburos, que es, de suyo, global, nunca antes el precio del barril de petróleo se había cotizado por debajo de cero. El derrumbe de la demanda presionó a la baja, aunque luego se ha visto una recuperación de los precios, sobre todo, por las medidas tomadas por la OPEP y por otros exportadores de crudo, o lo que se ha dado en llamar la (OPEP+), en estos primeros días de junio, la línea de cooperación de la OPEP plus, fue ratificada por los ministros de petróleo, reunidos por teleconferencia. Ese hecho aporta un dato político: el equilibrio del mercado es posible.

¿Cuál será la dinámica del mercado petrolero en el futuro próximo? Es muy difícil hacer predicciones exactas, pero es menester reiterar un criterio: el precio del petróleo, ha sido, es, y será siempre, un problema de naturaleza política.

a) La energía que mueve más del 90 por ciento de la maquinaria industrial, de transporte y servicios del mundo es el petróleo y el gas, y no existe aún, una fuente alterna de energía que supla a los hidrocarburos de manera sustancial, al menos en las próximas décadas.

b) La cuarentena provoca una parálisis en el comercio, los servicios y en la producción, o por lo menos una ralentización aguda, y ello explica la baja estrepitosa de la demanda, que tiene su expresión concreta en el derrumbe de los precios del crudo, aunque es necesario precisar que el mercado de los hidrocarburos se mueve por ventas a futuro, con dos componentes, uno que está ligado a las transacciones de los barriles físicos, y otro a las negociaciones que se hacen en torno a lo que se ha dado en llamar, barriles de papel. Y al mismo tiempo opera otro factor –distinto a los anteriores— la especulación con los precios del petróleo, como suele suceder en la economía capitalista.

c) El análisis del mercado petrolero, además de los factores anotados, tiene que ver con la operatividad de los taladros, y la capacidad de los tanqueros y de las plantas de refinación, resulta obvio que si la demanda de petróleo cae, todos esos procesos se ven afectados y ello impacta a la economía en general. 

d) Hay que considerar que en el mercado petrolero se mueven distintos actores y que cada uno de ellos tiene derechos, y estos son: 1) las naciones soberanas que son propietarias de los yacimientos, porque los derechos territoriales siempre están sujetos al dominio eminente del Estado, y las empresas estatales petroleras, 2) las transnacionales petroleras, y 3) y los países consumidores de petróleo, agrupados en la Agencia Internacional de Energía.

El problema de fondo consiste en que Estados Unidos se niega a reconocer la soberanía de las naciones sobre las riquezas que están en el subsuelo, como el petróleo y el gas, de ahí se desprende su política de agresión y bloqueo a Venezuela, a Irán, a Siria y la ocupación militar y política de Irak y de Libia.

e) El Grupo de los 20, foro que reúne a las economías más poderosas del mundo, calificó como positivo el acuerdo que suscribieron los países exportadores de petróleo (OPEP +), no es éste un dato cualquiera, el mismo indica que cuando los exportadores de materias primas, -base material de la producción mundial-, se unifican en torno a sus intereses comunes, los consensos globales son posibles.

- La ruptura de la Unión Europea.

Otros documentos que han de ser revisados son los que publicó la Comisión Europea –órgano ejecutivo de la Unión Europea— el seis de mayo, en el cual sostiene que “la pandemia constituye una conmoción de gravísimas consecuencias socioeconómicas” y que: “…la economía de las Unión Europea registraría este año una recesión de proporciones históricas”. La Zona Euro se contraerá 7 tres cuartos por ciento; y la Unión Europea se contraerá 7 y medio por ciento. Si se toma como punto de referencia las previsiones de otoño de la Comisión Europea (es decir de fines de 2019), éstas se revisan a la baja en unos nueve puntos porcentuales.

- El impacto –dice el informe de la Comisión Europea- tiene diferencias en cada país de la Unión, la recuperación dependerá no sólo de la evolución de la pandemia en cada país, sino también de la estructura de la economía, y de su capacidad de responder mediante políticas de estabilización.

- Adiciona el informe que la tasa de desempleo que en 2019 se ubicó en 7,5 %, este año estará en 9 y medio por ciento.

En otro informe de la Comisión Europea indica que aumentará el ratio de la deuda pública, toda vez que la decisión de una parte de la comunidad es la de emitir los llamados “coronabonos”, es decir, emisión neta de deuda, dado que han debido tomar medidas presupuestarias de emergencia, el pago de las prestaciones de la seguridad social, los gastos en el aparato sanitario, lo que incrementará el déficit fiscal.

Las divergencias entre los países que conforman la eurozona están colocadas sobre la mesa, si los gobiernos no logran construir una estrategia común de recuperación se producirán graves distorsiones en el mercado único, que tiene entre sus características ser una economía muy abierta e interconectada. Se prevé la quiebra de empresas y daños duraderos en los países con capacidades financieras menores. Y salta a la vista que el golpe del Brexit, es decir, la separación de Inglaterra de la Unión Europea, agudizará las contradicciones entre los países, y en el ámbito estrictamente político, vemos como las corrientes contrarias a la integración europea ganan terreno.

Jeremy Corbyn, hasta hace poco líder del Partido Laborista inglés, advirtió que el Brexit no es solo la salida de Inglaterra de la Unión Europea, si no el afianzamiento de la alianza entre los conservadores británicos y el ultraderechista Trump, por tanto, la consecuencia más inmediata del Brexit será un debilitamiento político de la integración europea, y no se puede descartar que surjan nuevas contradicciones por la posición de Europa de no acompañar a Estados Unidos en su ruptura unilateral de los acuerdos con Irán, y no hay que hacer mucho esfuerzo para vaticinar que en un futuro cercano, habrá una recomposición de las relaciones entre la Unión Europea y la Federación Rusa.

Thomas Piketty, autor de valiosos textos de economía política, sostiene que los países de la eurozona son muy frágiles, “y que no pueden tener una moneda común sin armonización fiscal y tasas de interés distintas”, es decir, es comprensible que una integración que no resuelve las asimetrías, a la hora del estallido de las crisis, se agrieta, o se rompe, como ya pasó con el caso del Reino Unido.

A manera de síntesis, reproducimos parcialmente la Editorial del diario mexicano “La Jornada” del 30 de abril.

“La Reserva Federal de los Estados Unidos advirtió que la economía estadounidense sufrirá una contracción ‘sin precedentes’ durante el segundo trimestre del año, después que el primer trimestre acusara un descenso del -4.8 por ciento, la caída más pronunciada desde 2008” (…) “el Fondo Monetario Internacional estimó en –5.9 % la contracción de los Estados Unidos para todo el 2020, un golpe fuerte, pero no tan grave como el que habrá de sufrir la Zona Euro, de -7.5 por ciento, con Italia y España como los países más afectados, con el -9 y -8 por ciento, respectivamente, la estimación para México es de -6.6 % (…) Para la OCDE la contracción de la economía mundial será de -8 puntos porcentuales”.

Sorprende como algunos editoriales de influyentes periódicos de Londres, de Madrid, de Nueva York, cuestionan al “capitalismo salvaje”, hablan de su inviabilidad económica y de los límites ecológicos que entraña, de sus falencias políticas y de los abismos sociales que produce, es esa, y cómo dudarlo, una reflexión que está en el orden del día, así como también, el tremendo impacto que provocan las proposiciones que formulan las fuerzas socialistas de todos los continentes, se confirma, una vez más, que la vía para superar al sistema capitalista es la del ¡Socialismo del Siglo XXI!

 

III.- Problemas urgentes de la economía mundial.

Todos los pronósticos aquí expuestos y que tienen como fuente la información que suministran instituciones económicas, son susceptibles a variaciones, porque dependen de la evolución de la pandemia del Coronavirus y del tiempo que lleve el descubrimiento de la vacuna.

Los problemas urgentes que a continuación apuntamos, tendrán respuestas solo en la medida en que se produzca un cambio en los fundamentos de la política económica que rigen en las instituciones globales, y también, y este aspecto es vital, de la calidad y la capacidad política de los movimientos populares, de la acción unificada de las clases trabajadoras del mundo.

a) La posibilidad de los países de superar la crisis tiene una relación directa con la fortaleza o debilidad de sus aparatos productivos y comerciales, de sus finanzas, y de la naturaleza de sus vínculos con los mercados globales.

b) Huelga decir, que la captación de inversiones de parte de cada país, y la adquisición de deuda, son asuntos que solo pueden ser resueltos en el marco de la cooperación internacional, sobre todo, en estos tiempos de pandemia. Poco se puede esperar del FMI.

c) Para las naciones que son exportadoras netas de materias primas, si los precios van a la baja, su capacidad de respuesta se reduce, es lo que sucede, por ejemplo, en Latinoamérica, donde la caída del Producto Interno Bruto es alarmante.

d) Si se mantiene la tendencia actual de utilizar los aranceles como arma política, ello genera de manera automática dificultades para algunos países y ventajas para otros, por tanto, se puede afirmar que la salida a la crisis será desigual, lo decisivo, entonces, es lo que pase en el campo político y militar.

f) El tema de la deuda externa, y de las posibilidades de las naciones de tener acceso a “dinero fresco” para atender la pandemia, y apuntalar su aparato productivo, es un asunto que tiene la mayor relevancia, en el corto plazo, será un punto crítico de las relaciones internacionales.

g) De mantenerse las sanciones contra la Federación Rusa, y el bloqueo del gobierno de los Estados Unidos contra Venezuela, Irán, Cuba, Nicaragua, Siria y Corea, no cabe duda que estos países se verán afectados en su desenvolvimiento económico, no obstante, podría acelerarse la constitución de nuevas articulaciones financieras globales.

h) La Organización de Cooperación de Shanghái –OCS- se ha convertido en un espacio de altos quilates, y el plan de la Franja y la Ruta de la Seda que adelanta China, es un megaproyecto que moverá la economía en las décadas venideras.

i) La atención de la crisis obliga a todos los Estados a transferir ingentes recursos financieros al sector privado de la economía, la propia dinámica acentúa la concentración monopólica de capitales, está en marcha la fusión de empresas a escala transnacional, a manera de ejemplo, es lo que sucede, ahora mismo, con las líneas aéreas.

j) En el caso de los países en desarrollo, ninguna economía nacional podrá salir adelante por sí sola de este nuevo “crack”, y es por ello de gran utilidad citar a Mónica Broockman, una de las más destacadas analistas latinoamericanas, quien explicó en el programa de Telesur, Enclave Política, que: “cualquier solución pasa por algún nivel de cooperación global, no podemos seguir pensando en lo global, como una sumatoria de economías locales, eso no es así, no ha sido así, nunca ha operado así”, califica a la crisis como multidimensional, y adiciona: “estamos en un momento en el que las perspectivas, las distintas visiones acerca de la crisis, están en contradicción”, también hizo referencia a un hecho que tendrá repercusiones inmediatas, es China la que encabeza la cooperación con las naciones para atender la pandemia del Covid-19.

k) Uno de los más urgentes desafíos es el que emana del efecto social inmediato de la recesión económica sobre las clases trabajadoras: sin excepción, los indicadores confirman que el desempleo llegará a máximos explosivos en los próximos meses, el salario promedio va cuesta abajo, y la precarización del trabajo seguirá su curso ascendente.

l) Y un punto esencial de la economía que viene, está sintetizado en una reciente declaración del presidente de la Bolsa de Shanghái, Wang Zheying: “el mundo necesitará una alternativa al dólar tras la pandemia, el dólar como arma de presión de Estados Unidos y fuente de vulnerabilidad de otros países ya no puede funcionar como moneda mundial. El problema con el dólar es que deja a los países vulnerables a posibles sanciones de Washington, para congelar activos de una nación, en caso de disputas”.

m) ¿Pondrá el gobierno de Donald Trump el acento en el desarrollo del complejo militar–industrial, para reactivar la economía norteamericana?

- Una polémica de palpitante actualidad.

El Presidente Nicolás Maduro Moros formuló una tesis digna de ser estudiada en el ámbito de las ciencias y en el campo específico de la filosofía, según la cual, no existe contradicción entre cuarentena y producción, lo que a primera vista podría percibirse como un contrasentido, en realidad, es un punto crucial para dilucidar cuál es el camino a seguir en el enfrentamiento a la crisis actual, que no es que viene, sino que está aquí. La ultraderecha fanática ha planteado un falso dilema entre cuarentena y reactivación de la economía. Nadie en su sano juicio puede afirmar que lo prioritario es que la gente salga a trabajar mientras que el nivel de expansión del Coronavirus cobra vidas cada hora, y de la misma manera, sería insólito decir que la producción ha de ser dejada de lado. Se trata de saber combinar la cuarentena estricta con la cuarentena flexibilizada, entendiendo que son momentos de una enorme fluidez, no pocas veces intercambiables; al igual que las tareas productivas o de activación del comercio, que han de andar con tiempos condicionados por la evolución de la pandemia y el nivel de conciencia de la ciudadanía en relación al distanciamiento social. El Coronavirus cambió el sentido del tiempo. Avanzamos hacia una nueva realidad en las relaciones humanas, y muy particularmente en el proceso de trabajo, y ello no se debe solo a la crisis, sino a las extraordinarias condiciones que ha generado la nueva división internacional del trabajo, apalancada por las tecnologías de la información y la comunicación, los potentes hallazgos científicos en el campo de la genética, el aporte de la ingeniería satelital, la robótica, y la nanotecnología.

Esta combinación de factores tiene algunos prerrequisitos, en cuanto a la atención de la pandemia, que se pueden resumir en: el Jefe del Estado ha de tomar las medidas adecuadas en el momento preciso, y contar –a la vez— con un sistema de salud moralizado y consciente, y por encima de todo, que las medidas sean asumidas por una sociedad organizada, en la que funcionen las articulaciones de los movimientos populares, con sentido de comunidad, esa es la experiencia venezolana.

Lo contrario es el caos, la irresponsabilidad de mandatarios que no han tenido la capacidad de reconocer la gravedad de la pandemia, que ni siquiera saben qué hacer, y la gente ha quedado en la calle abandonada. Hemos sido testigos como algunos presidentes han optado por quitarse la mascarilla en actos públicos, se burlan de la cuarentena, y han convertido a la Organización Mundial de la Salud, en el blanco predilecto de su fanatismo fascista.

La experiencia que surge de la pandemia, es que tareas tan gigantescas, tan complejas, tan difíciles, solo se pueden abordar de manera eficiente si hay unidad de la nación y participación popular, y deja claro, una vez más, que el Estado debe ser el rector y el conductor directo del sistema de salud, y que la atención médica, las pruebas y las medicinas para atender a los pacientes deben ser gratuitas, es decir: ha de existir la garantía de acceso universal a la salud, que es un Derecho Humano esencial. 

Aquí hay que hacer una brevísima digresión para delimitar que el Estado no es neutro, depende de cuál sea el bloque social que lo hegemonice, en determinadas condiciones históricas, si un Estado es conducido por un agrupación de fuerzas sociales y políticas que solo sirven a los intereses imperiales, sus decisiones irán en un sentido, por el contrario, si el Estado tiene una dirección política revolucionaria, sus decisiones irán en la dirección de responder a los intereses de las mayorías nacionales.

“No es posible construir una sociedad de hombres libres e iguales, sin tener claridad meridiana sobre la importancia del Estado, no se puede comenzar una revolución ni mucho menos dirigirla, sin que las fuerzas revolucionarias asuman el firme propósito de “pulverizar el Estado burgués”, como lo expuso brillantemente el Comandante Hugo Chávez”.

[Daza, Roy. (2019): La comunidad futura. P/8]

Desde América Latina, el Foro de Sao Paulo, espacio de debates de la izquierda continental, -desde hace treinta años-, inició una discusión sobre “la vida que vendrá”, el pasado ocho de mayo, las opiniones apuntaron a la necesidad de interpretar las nuevas realidades que dejan, tanto la pandemia como la recesión económica, y que no hay que perder ni un minuto en desarrollar acciones políticas en nuevas condiciones, articulando un programa de lucha común de los pueblos, y trabajando intensamente por la unidad de todas las fuerzas populares.

- Viraje geopolítico internacional.

Es el economista César Villalona quien introduce los puntos sobre los equilibrios y desequilibrios de las relaciones de fuerza a escala mundial, cuando expone:

“En la medida en que la economía de los Estados Unidos disminuye su peso en la producción y en las exportaciones mundiales, el dólar se debilita como moneda de intercambio y de reserva internacional.

Estados Unidos puede ser desplazado como primera potencia mundial, pero también puede impedirlo utilizando su capacidad política y militar, sobre todo si controla los recursos estratégicos de Suramérica, el mundo árabe y el Medio Oriente. Por eso el desenlace de la lucha política en esas regiones del mundo determinará el futuro de la humanidad por muchos años”.-

Adiciona que las tres fuentes principales de obtención de divisas de la región latinoamericana están siendo afectadas: las exportaciones de materias primas, la caída abrupta de la inversión extranjera, y de las remesas familiares. Y en cuanto a la pandemia como factor detonante de un proceso de cambio radical, precisa que “las revoluciones requieren de situaciones revolucionarias (crisis económica, social, política, integral) y de fuerzas organizadas que conduzcan los procesos de cambio”.

[Villalona, Cesar: Sobre la crisis mundial: 14/05/2020]

Todas estas consideraciones permiten afirmar que el proceso de recomposición geopolítica está en pleno desarrollo. Las piezas del ajedrez se mueven a contra-reloj. El desafío que significó la operación comercial entre Irán y Venezuela para el suministro de gasolina, hace pocas semanas, y que prendió las alarmas, muestra que ahora estamos ante la forja de un nuevo mundo.

 ¿Marchamos hacia un reacomodo global? ¿Se convertirá la República Popular China en la primera economía del mundo, en un corto plazo?

 

IV.- La crisis en Latinoamérica y el Caribe.

Suramérica es el segundo epicentro planetario de la pandemia del Coronavirus, las consecuencias son de extrema gravedad, las cifras de contagios y de víctimas fatales crece día a día, y los pronósticos en cuanto al desenvolvimiento de la economía no pueden ser más angustiantes, y todo eso se presenta cuando el gobierno de los Estados Unidos amenaza con invadir militarmente a Venezuela, lo que complicaría al extremo el cuadro político regional. 

En América Latina y el Caribe hay una revolución en marcha y hay una contrarrevolución en marcha, los dos procesos se desarrollan al mismo tiempo. Choque de trenes. La crisis política abarca todo el continente americano, de polo a polo. Y como sucede cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano, los pueblos de Ecuador, Chile y Colombia se volcaron a las calles en los últimos meses del año pasado, en colosales manifestaciones, y en Argentina el pueblo unido logró sacar al líder de la derecha de la Casa Rosada, a punta de votos.

Es en este cuadro político en el que estalla la crisis actual.

Solo para apuntar los datos más relevantes, acudimos a las cifras que aporta la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), que recientemente pronosticó que como resultado de la pandemia, la economía de la región experimentará un retroceso nunca antes visto:

- Caída de desenvolvimiento económico en menos -5.3 %.

- Contracción del empleo en 3.5 %.

- Declive de la inversión extranjera hacia Latinoamérica: se calcula entre el 30 y el 40 por ciento.

- Descenso de las remesas: 19.7 %.

- De un 15 por ciento será la baja de las exportaciones.

- Declinación del turismo será del 25 por ciento, aproximadamente.

- Incremento neto de la pobreza en 4 y medio por ciento y de la extrema pobreza en más de dos puntos porcentuales, lo que equivale a 270 millones de personas en pobreza y 80 millones de personas en pobreza extrema.

- En la coyuntura presente se registra un aumento de la desigualdad social, el índice GINI registra que: de 0.5 a 0.6, lo que significa que la región se aleja de cero.

La doctora Alicia Bárcena –secretaria ejecutiva de la CEPAL— propone una medida urgente: la entrega de un Ingreso Básico de Emergencia IBE, “que sirva para adquirir la canasta básica durante seis meses a toda la población en situación de pobreza, es decir, a 215 millones de personas, lo que equivale al 34.7 % de la población latinoamericana y caribeña”, y explica que para cubrir el financiamiento de este plan de emergencia se requiere de un gasto adicional de 2.1 % del PIB.

Estos recursos adicionales que requiere la región para atender a las familias en situación de pobreza y pobreza extrema, podrían obtenerse del desarrollo de un conjunto de medidas dirigidas a superar la evasión fiscal, que en la región es del 6.3 %, es decir, tres veces de lo que se necesita para financiar el IBE, y abriendo el compás de la explicación indica que la evasión fiscal es más elevada que el gasto promedio en educación (4 %) y en salud, que es de (2.2 %).

“La pandemia ha hecho visible problemas estructurales del modelo económico y las carencias de los sistemas de protección social” y reafirma que es ineludible avanzar hacia un nuevo pacto social, que considere lo fiscal, lo social y lo productivo. Es muy difícil presentar un pronóstico de los sucesos económicos que vienen, no solo por el hecho de no haber sido controlada la pandemia, sino por la ausencia de integración regional.

Reproducimos una síntesis publicada el 4 de junio por la CEPAL, de las opciones que tenemos por delante:

- Pensar el futuro de la región en la nueva geografía económica para depender menos de las manufacturas importadas e imaginar, cadenas de valor regionales.

- Se requieren políticas industriales que permitan a la región fortalecer capacidades productivas y generar nuevos sectores estratégicos.

- Para incidir en la nueva economía mundial, la región debe avanzar hacia una mayor integración productiva, comercial, y tecnológica. (Subrayado nuestro).

- Un mercado integrado de 650 millones de habitantes constituiría un importante seguro frente a perturbaciones generadas fuera de la región.

- Permitiría alcanzar la escala requerida para viabilizar nuevas industrias y promover redes de producción e investigación tecnológica compartida entre países y subregiones.

- Generar certezas ciudadanas a partir de un nuevo régimen de protección social universal, con un ingreso básico.

- Gobernanza internacional inclusiva y sostenible con base en la agenda 2030 de desarrollo sostenible.

- La integración y “el después”.

A la hora de buscar respuestas a la crisis, el recurso con el que cuenta América Latina y el Caribe es la integración, proyecto político-económico que convertirá a la región en un núcleo de poder mundial, y que es, a la vez, punto de convergencia de amplios sectores sociales.

- ¿Cómo superar, entonces, el escollo de gobiernos neoliberales que cumplen con rigurosidad la misión que les encomendó el imperialismo de liquidar nuestro proceso de integración?

- Hay que derrotar a los gobiernos neoliberales y desintegradores, en el terreno de la política, hay que desplazarlos del poder.

No es este el espacio para evaluar el proceso de integración que iniciaron los comandantes Hugo Chávez y Fidel Castro con la creación del ALBA; a lo que siguió el esfuerzo mancomunado del liderazgo progresista de Suramérica, [Lula da Silva, Dilma Rousseff, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Tabaré Vásquez, Cristina Fernández de Kirchner, Pepe Mujica, Fernando Lugo] que hizo posible Unasur; y más adelante todos los jefes de Estado que  participaron de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, en 2011, vale mencionar que ésta última no ha sido derribada por los gobiernos de la derecha, porque es el canal institucional con la República Popular China, y no hay que pasar por alto que las inversiones crecientes del país asiático en la región tienen un peso significativo.

Y como la historia se realiza en la lucha entre las clases sociales, nunca podrá dejarse de lado un hecho: la estrategia del imperialismo en el continente fue y sigue siendo establecer desde el Polo Norte a la Patagonia, el ALCA, es decir, el Área de Libre Comercio de las Américas, proyecto que sufrió una derrota estratégica en el 2005 en Mar del Plata, y que obligó al aparato imperial a un viraje táctico, que implicó levantar la Alianza del Pacífico como contraparte política de la Unasur y del Mercosur, la suscripción de Tratados de Libre Comercio parciales, el ataque a Petrocaribe, y posteriormente la feroz campaña contra todo lo que signifique integración, que luego, al cambiar la correlación de fuerzas, e instaurarse gobiernos contrarios a la unidad latinoamericana, terminó con la desarticulación de Unasur y el bloqueo al ALBA.

Los golpes de Estado contra Mel Zelaya, Fernando Lugo, Dilma Rousseff, y Evo Morales; la traición de Moreno Garcés y sus acólitos en Ecuador; la derrota electoral en 2015 en Argentina, derivada de la ausencia temporal de la unidad del peronismo; y las más recientes pérdidas electorales del FMLN en El Salvador, y del Frente Amplio en Uruguay, a lo que hay que agregar el cerco político y el bloqueo económico contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, en su conjunto, conformaron el cuadro que hizo posible la desarticulación, “por ahora”, del proceso unionista latinoamericano y caribeño.

Teniendo como punto de partida las condiciones económico-sociales que la actual crisis genera, existe una variable política que es esencial en el análisis del “estado de la plaza”, como solía decir Lenin: el estruendoso y patético fracaso de los gobiernos neoliberales de la región: el “oasis chileno” cruje, y queda al descubierto la realidad de una sociedad con desigualdades sociales extremas; Macri –en Argentina—lo  que hizo fue cumplir con el plan de estropear la economía de su país; lo de Jair Bolsonaro no tiene nombre, entre Temer y él, hicieron posible que Brasil retrocediera décadas en pocos años. Duque es la punta de lanza de la agresión contra Venezuela, mientras el Acuerdo de Paz con la guerrilla está siendo liquidado desde la Casa de Nariño. ¿Y qué decir de Moreno Garcés?, que en medio de la pandemia dejó a la gente en el abandono.

Llegó la hora de levantar la bandera de la Integración. Las decisiones del ALBA marcan la pauta. Las iniciativas de reanimar la CELAC que ha tomado el Presidente Andrés Manuel López Obrador, han de tener toda nuestra atención, y hay que acompañar la batalla que libra el Presidente Alberto Fernández, en la renegociación de la deuda externa: que es un problema de todos.

La tarea principal en las actuales circunstancias es recuperar la economía de la región, atendiendo a las cifras –en extremo preocupantes- que se han reseñado antes, pero hemos de advertir que es útil estudiar el proceso como un todo, y valorar en su justa dimensión que el sistema capitalista en una relación social, y tal afirmación la hacemos por considerar que uno de los problemas del proceso de integración, es que la izquierda no logró tener un diagnóstico común, en cuanto a los procesos económicos, y –a nuestro juicio— de ahí se desprenden buena parte de los equívocos y las omisiones.

Y con base a tal criterio, citamos un párrafo de Karl Marx en los Grundrisse, que pudiera servir de punto de apoyo a futuros análisis.

“El resultado al que llegamos no es que la producción, la distribución, el intercambio y el consumo sean idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de una unidad. (…) Una producción determinada, por lo tanto determina un consumo, una distribución un intercambio determinados y relaciones recíprocas determinadas de estos diferentes momentos. A decir verdad, también la producción, bajo su forma unilateral, está a su vez determinada por los otros momentos. Por ejemplo, cuando el mercado, o sea la esfera del cambio, se extiende, la producción amplía su ámbito y se subdivide más en profundidad. Al darse transformaciones en la distribución se dan cambios en la producción en el caso, por ejemplo, de la concentración del capital o de una distinta concentración de la población en la ciudad y en el campo, etc. Finalmente las necesidades del consumo determinan la producción. Entre los diferentes momentos tiene lugar una acción recíproca. Esto ocurre siempre en todos los conjuntos orgánicos”.

[Marx, Karl. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse 1857 - 1858) Edición MEW – tomo 42]

La integración tiene raíces históricas muy profundas, tiene viabilidad política y es inaplazable en el campo de la economía, si atendemos a las explicaciones antes expuestas, sin embargo, es útil comentar que:

> El desenvolvimiento de las políticas neoliberales promueve la concentración de capitales, en estos momentos las economías de los países ricos concentran más del 60 % de las riquezas del mundo, lo que ensancha la brecha entre los países ricos y los países pobres y hace imposible resolver las asimetrías existentes.  

> En la región, la dinámica económica de mayor peso son las exportaciones de materias primas, y la masiva importación de bienes, desde y hacia los centros capitalistas, mientras que en el comercio intrarregional el grado de intercambio es menor, y no se aplica la complementariedad, sino, la competencia, y esa es una falla tectónica de la integración, que puede resolverse.

> Al momento de retomar la integración, habrá que provocar cambios bruscos, que nos permitan poner el acento en un desenvolvimiento económico ‘hacia adentro’ del mercado regional, de más de 600 millones de personas; la renegociación de la deuda externa habrá de ser coordinada y con una estrategia unificada y flexible; mientras se construye un engranaje de las cadenas productivas, de las que tanto habló el Comandante Hugo Chávez; y tomar en cuenta, que la base material de la integración está en la propiedad soberana de las naciones sobre sus recursos naturales.

> Llegará el día en el que abra sus operaciones el Banco del Sur, se establezca un sistema multilateral de pagos en monedas locales y unidades de cuenta común regional, un Fondo de Estabilización Macroeconómica, y un mercado de valores propio.

> ¿Será posible que un Parlamento Latinoamericano y Caribeño, electo de manera simultánea y directa, se instituya y tenga como objetivo único y fundamental: la integración?

> Para que sea posible la integración de Nuestra América hay que conquistar la plena independencia de Puerto Rico y el fin de la dominación colonial en Las Malvinas, en la Guayana Francesa, y en algunos territorios insulares en el mar Caribe.

> Ahí están las sublimes banderas que nos dejaron Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Manuel Belgrano, Antonio Nariño, Francisco Morazán, Augusto C. Sandino, Eloy Alfaro, José Martí, Emeterio Betances, José María Hostos y el Che Guevara…  Ahí está la obra inconclusa de Fidel Castro, de Hugo Chávez, de Néstor Kirchner, para sólo nombrar a los nuevos próceres que ya no están entre nosotros.

Y para cerrar estas brevísimas reflexiones, citamos un extracto del mensaje del comandante Hugo Chávez, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, que fue leído por el continuador de la epopeya bolivariana: Nicolás Maduro: “El futuro de un mundo multipolar en paz, reside en nosotros. En la articulación de los pueblos mayoritarios del planeta para defendernos del nuevo colonialismo y alcanzar el equilibrio del universo que neutralice al imperialismo y a la arrogancia”. [Nueva York, septiembre de 2011]

 

- La deuda externa: problema de todos

Citar una parte del documento informativo de la internacionalista brasilera, Ana Prestes, (03/06/2020) sobre el asunto de la deuda externa de Argentina, nos permite tomar este caso a manera de ejemplo, para incentivar nuevas investigaciones sobre un tema que es común. Por la deuda intentan asfixiar y subordinar a nuestras naciones, en la lucha por la renegociación unificada de la deuda externa, podemos apuntalar la soberanía latinoamericana.

“El dos de junio venció el plazo para el pago de la deuda argentina, y debe haber una nueva extensión del plazo. Hay elementos que indican que un acuerdo se está consolidando entre los acreedores y el gobierno. El monto en cuestión es del orden de los 68 mil millones de dólares. El debate en este momento es sobre la tasa de interés a ser empleada. La Casa Rosada quiere 3 por ciento, y los acreedores: 4.2 por ciento. También se está negociando un período de congelamiento de pagos solicitado por el gobierno argentino, sería de tres o de dos años. Es bueno recordar que cuando hablamos de acreedores, se trata de un grupo heterogéneo, amplio, complejo, con intereses diversos.

Argentina está en default desde el 22 de mayo, lo que impacta sus posibilidades de participación en el mercado internacional de créditos. También es útil recordar que esta deuda en negociación, no es la deuda del préstamo de Macri con el Fondo Monetario Internacional, de 57 mil millones de dólares, de los cuales, 44 mil millones de dólares ya han sido liberados. Esa es otra deuda que será negociada después. Macri no dejó pocos problemas para Alberto Fernández”.

Anotamos solo algunos datos de interés, a objeto de establecer un análisis comparativo, para poner de manifiesto las diferencias políticas, entre la derecha neoliberal y el peronismo, a la hora de conducir la economía de la nación austral.

2001 fue el año de la mayor crisis económica conocida en la historia reciente de argentina, la fractura de la alianza que gobernó con De La Rúa y el estallido de las manifestaciones, produjo un impacto político nunca visto: la renuncia el presidente De la Rúa precipita la crisis, asumen cuatro presidentes que duran apenas días en el gobierno, Duhalde reacomoda la situación política y crea las condiciones para llamar las elecciones. Menem, paradójicamente, uno de los principales responsables del desastre gana la primera vuelta, pero aun así, las encuestas revelan que sería barrido por Néstor Kirchner en la segunda vuelta, quien asume la Presidencia en la peor de las condiciones, con una crisis política aguda y una debacle económica, el punto crucial: la deuda. Los tres gobierno peronistas, de Néstor Kirchner, y de Cristina Fernández de Kirchner, no solo aplanaron la deuda, sino que enfrentaron la espantosa maniobra de los “Fondos Buitre”.

Veamos, entonces, algunas cifras, que explican la situación:

En el 2004: la deuda bruta de la administración central representaba el 118.1 % del PIB; en 2006: 70.6 % del PIB; en 2008: 53.8 % del PIB [en el momento del “crack” del mercado financiero internacional]; en 2011: 38.9 % del PIB; y en 2015: 52.6 % del PIB [luego viene el gobierno de Macri que asume en diciembre de 2015] al final de este gobierno neoliberal, la deuda llegó al 89.4 % del PIB. El acuerdo con el FMI, suscrito por el gobierno de la derecha reaccionaria, puso en riesgo a la economía argentina, y ahora, el Presidente Alberto Fernández y la Vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, están luchando con su pueblo, por una renegociación justa de la deuda.

Indiquemos un dato más: la deuda pública externa: en 2015, el último año del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, representaba el 13 por ciento del PIB, y al final del gobierno de Macri, en 2019, el porcentaje es de 43.1 %. Síntesis: la derecha fracasó. La causa del pueblo argentino es un problema de todos.

 

V.- Cuando los filósofos salen a la palestra…

No han de andar nada bien las cosas cuando los filósofos salen a la palestra y narran como el tiempo transicional de una realidad a otra, experimenta una aceleración nunca antes vista, y recuperan del pasado que en otras épocas las pandemias desencadenaron insólitos cambios y, ni por casualidad, dejan pasar un acontecimiento que tiene alguna similitud con el cometa Halley, es decir, pasa de vez en cuando, siempre acompañado por una ruptura epistemológica.

Comencemos, pues, este foro itinerante:

Con su mirada de ecologista radical, Leonardo Boff, explica su punto de vista, y se abre la discusión:

- “Acompáñenme en este razonamiento, el universo existe desde hace ya 13.7 mil millones de años, cuando ocurrió el big bang: la tierra hace 4.4 mil millones. La vida hace 3.8 mil millones.

El ser humano hace 7-8 millones. Nosotros, el homos sapiens/demons actual hace 100 mil años. Todo el universo, la tierra y nosotros mismos estamos formados con los mismos elementos físico – químicos (cerca de 100) que se forjaron, como en un horno, en el interior de las grandes estrellas rojas durante 2-3 mil millones de años. La vida probablemente comenzó a partir de una bacteria originaria madre de todos los vivientes, la acompañó un número inimaginable de micro-organismos, nos dice Edward O. Wilson, tal vez el mayor biólogo vivo. Solo en un grano de tierra viven 10 mil millones de bacterias de hasta 6 mil especies diferentes. (La creación: cómo salvar la vida en la tierra. P/26).

Imaginémonos la cantidad incontable de esos micro-organismos en toda la tierra, siendo que solamente el 5 % es visible y el 95 % invisible: el reino de las bacterias, hongos y virus.

Desde 2002 cuando James Lovelock y su equipo demostraron ante la comunidad científica de Holanda, que la tierra no sólo tiene vida sobre ella, sino que ella misma está viva. Emerge como un ente vivo, no como un animal, sino como un sistema que regula los elementos físico – químicos, como hacen los demás organismos vivos, de manera que se mantiene viva y continúa produciendo una miríada de formas de vida, la llamaron Gaia.

¿Seremos capaces de captar la señal que el Coronavirus nos está enviando o seguiremos haciendo más de lo mismo, hiriendo a la tierra, auto-hiriéndonos en el afán de enriquecer? [Boff, Leonardo. Coronavirus: autodefensa de la propia tierra. Alainet. 27/0372020]

Slavov Zizek lanzó la primera piedra filosofal vaticinando que después de la pandemia lo que vendrá será “la barbarie o cualquier forma de comunismo renovado”; a lo que le replica Byung Chul Han: “el virus no vencerá al capitalismo”, y en ello coincide, -pero desde otra perspectiva- con Abel Prieto, director de una de las más importantes revistas literarias del continente: “La Casa de las Américas”; más comedido que Zizek pero en el campo del optimismo, Franco “Biffo” Berardi, expone una fórmula digna de atención: “podríamos salir de esta situación imaginándonos la posibilidad de la distribución progresiva del ingreso, la reducción del tiempo de trabajo, la inversión en energía limpias y en investigaciones en los campos de la salud y la educación”.

Alain Badiou, anota que la gran contradicción “es que la economía es parte del mercado mundial, en tanto que los poderes políticos siguen siendo esencialmente nacionales, así se sintetiza la contradicción entre economía y política, que expone la pandemia”.

Entonces, es oportuno subrayar que la recesión de la economía mundial, que tiene como detonante al Covid-19, además de contar con precedentes marcados, que, incluso, permitieron hacer algunas predicciones sobre la configuración de un nuevo “crack”, -como lo escribió antes de todo esto, Katu Arconada en “La Jornada”-, está vinculada a una crisis “al más largo plazo”, de la que habló Samir Amín, y que tiene su origen en el propio movimiento de capital. A lo que se suman dos problemas específicos: a) los Estados deberán administrar de la mejor manera posible la destrucción parcial, pero extendida, del mundo del trabajo, dado que hasta en los países ricos, la precarización se ha vuelto norma; y b) renovar la discusión sobre la decisión del gobierno de los Estados Unidos de cambiar el patrón oro por el dólar, siendo que lo acordado en Bretton Woods fue que la relación constante sería de 35 $/onza; y ésta fue la base sobre la cual la moneda norteamericana se erigió como la divisa internacional para el comercio y para las reservas internacionales de los países. Las crisis de 2008 y de 2020 tienen allí una parte de su explicación.

Polemiza Enrique Dussell, desde una perspectiva muy hegeliana, cuando asevera que: “la naturaleza no es un objeto de conocimiento, sino que es el todo (la totalidad) dentro de la cual existimos como seres humanos: somos fruto de la evolución de la vida de la naturaleza…”.

Desde la Italia aterrada se escucha: ¡Es el capitalismo, estúpido! Con esta frase increpa Mauricio Lazzarato, el ocho de abril en el portal: Lobo Suelto, y ahí suelta: “El capital se convirtió en monopolio, haciendo del mercado un apéndice propio, mientras los economistas burgueses celebran el “equilibrio general” que determina el juego de la oferta y la demanda, los monopolios avanzan gracias a los espantosos desequilibrios, las guerras de conquista, las guerras entre imperialismos, la devastación de humanos y no humanos, la explotación, el robo. La globalización significa una colonización que ahora subyuga al planeta entero, generalizando la esclavitud y el trabajo esclavo, para cuya apropiación se enfrentan los imperialismos nacionales armados hasta los dientes”.

- “Los virus son una prueba de que no somos más que identidades genéticas de bricolaje multiespecífico, la pandemia cambiará estilos de vida, realidades sociales, equilibrios geopolíticos”, -diserta Emanuel Coccia el 26 de marzo, en Magazine-, y añade: “la naturaleza no es el reino del equilibrio perpetuo, en el que todos estarían en su lugar. Es un espacio para la invención permanente de nuevos seres vivos que alteran el equilibrio”.

Encontramos en un artículo publicado en “El Espectador”, una frase del poeta William Ospina, que es más que una síntesis valiosa:

“Y sentimos que hay algo que aprender de estas alarmas y peligros. Si todo lo más firme se conmociona, nos enseña que todo puede cambiar, y no necesariamente para mal. Que si la tormenta lo estremece todo, nosotros también podemos ser la tormenta. Y que en el corazón de las tormentas también puede haber, como decía Chesterton, no una furia, sino un sentimiento y una idea. (…) En esa pausa de paciencia y de miedo ganan nuevo sentido las meditaciones de Hamlet y los delirios de don Quijote, los consejos de Cristo y las preguntas de Sócrates, los sueños de Scherezada y la embriagues de Omar Kayam. Si hay un mundo cansado y enfermo que cruje y se derrumba, tiene que haber un mundo nuevo que se gesta y que nos desafía”.

Álvaro García Linera, toma la palabra, hace una exposición conceptual, de la que reproducimos un punto que está ligado de manera directa al tema en cuestión, veamos:

“Los seres humanos somos seres globales por naturaleza y nos merecemos un tipo de globalización que vaya más allá de los mercados y los flujos financieros. Necesitamos una globalización de los conocimientos, del cuidado médico, del tránsito de las personas, de los salarios de los trabajadores, del cuidado de la naturaleza, de la igualdad entre mujeres y hombres, de los derechos de los pueblos indígenas, es decir, una globalización de la igualdad social en todos los terrenos de la vida, que es lo único que enriquece humanamente a todos. Mientras no acontezca eso, como tránsito a una globalización de los derechos sociales, es imprescindible un Estado social plebeyo que no solo proteja a la población más débil, que amplíe la sanidad pública, los derechos laborales y reconstruya metabolismos mutuamente vivificantes con la naturaleza; sino que además democratice crecientemente la riqueza material y el poder sobre ella, por tanto, también la política, el modo de tomar decisiones que deberán ir cada vez más de abajo hacia arriba y cada vez menos de arriba hacia abajo, en un tipo de Estado integral que permita ir irradiando la democrática asociatividad molecular de la sociedad sobre el propio Estado. [García Linera, Álvaro. Pánico global y horizonte aleatorio. Público. 4 de abril de 2020].

Volamos en el túnel del tiempo y nos taremos al 2020 las palabras del Comandante Fidel Castro, del 12 de junio de 1992, en la ONU:

“Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con solo el 20 % de la población mundial, ellos consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y los ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya comenzamos a padecer”.

 

VI.- El programa de lucha común de los pueblos.

En un momento de inéditas conmociones es preciso señalar que una vez definidos los objetivos estratégicos, hay que determinar hacia dónde dirigir el esfuerzo principal, y en ese sentido, es inaplazable unificar criterios en torno a un programa común de los pueblos, que sea el fundamento de la unidad, sin la cual es inconcebible la victoria.

1.- Unir a todas las fuerzas populares del mundo, en la lucha por detener el plan de invasión militar que prepara el gobierno de los Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.

2.- Promover un vigoroso movimiento a escala internacional que tenga como objetivo declarar un ALTO AL FUEGO en todos los conflictos bélicos, y concentrar los esfuerzos en contener la pandemia del Coronavirus, tal y como lo propuso el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres.

3.- Convocar a los pueblos de América Latina y el Caribe a unirse en torno a las decisiones tomadas por la Cumbre del ALBA-TCP, el pasado 10 de junio, y al mismo tiempo, luchar por la reconstrucción de la Unión de Naciones Suramericanas.

4.- Exigir al gobierno de los Estados Unidos y a los de la Unión Europea, suspender de inmediato el bloqueo económico, comercial y financiero, que aplican contra Venezuela, Cuba, Nicaragua, Irán, Corea y Siria.

5.- Alcanzar un nuevo pacto a escala mundial que implique la democratización del Fondo Monetario Internacional, la regulación del mercado financiero global, la eliminación de los paraísos fiscales y de las actuaciones ilegales de los llamados “fondos buitre”.

6.- Proponer que se llegue a una concertación mundial, sobre la imperiosa necesidad de suspender el pago de la deuda externa de las naciones en desarrollo, en estos tiempos de catástrofe.

7.- Exponer ante los parlamentos nacionales e internacionales que se aprueben leyes de emergencia, mediante las cuales se instituya una renta básica universal, o ingreso básico de emergencia, a fin de proteger a los sectores más vulnerables, y a los trabajadores informales, que son los más afectados por la pandemia.

8.- Generar acuerdos nacionales y regionales que estén dirigidos a incentivar la producción de alimentos y medicinas, lo que necesita ingentes inversiones, asistencia técnica y una poderosa asociación internacional de los productores.

9.- Luchar para que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional otorguen créditos a las naciones que enfrentan serias dificultades económicas, producto de la pandemia, y el bloqueo.

10.- Plantear el establecimiento de tasas de interés a un nivel que permita acelerar la dinámica productiva de las pequeñas y medianas empresas, de la agricultura, la construcción, la artesanía y los servicios, por ser los rubros que generan más empleo.

11.- Instar a los parlamentos y a los gobiernos a establecer un impuesto a las transacciones financieras internacionales, y atendiendo a las peculiaridades de cada país, cobrar impuestos a las grandes fortunas, recursos que han de ser destinados al fortalecimiento de la salud pública, a la educación y a la investigación científica.

12.- Continuar la lucha que libran las cancillerías de países soberanos y partidos de izquierda, organizaciones comunitarias y de trabajadores, parlamentos e instituciones académicas, que proponen restablecer el multilateralismo en la toma de decisiones en el ámbito internacional, y exigir al gobierno de los Estados Unidos que retome el camino de los acuerdos multilaterales que regulan el armamento nuclear como el Star III, reincorporarse al acuerdo sobre la producción de energía nuclear con Irán, y reanudar el diálogo con la República Popular Democrática de Corea.

13.- Impulsar la agenda ecológica, en particular, el cumplimiento de los acuerdos de París sobre el cambio climático.

14.- Promover la constitución de un Fondo Humanitario Internacional, mediante el cual se creen las condiciones prácticas para que la atención médica, las pruebas moleculares, la hospitalización, los medicamentos y las vacunas –cuando esta sea descubierta- sean gratuitas.

15.- Potenciar la proposición que se viene haciendo en el marco de la CELAC de crear un Consejo Científico Internacional, que coordine las investigaciones que sobre los tratamientos y las vacunas se están desarrollando en diversos países.

Arundhati Roy, la laureada escritora hindú, escribió recientemente en The Financial Times, una conmovedora reflexión que es para todos:

“…nuestras mentes todavía están corriendo de un lado para otro, anhelando un retorno a la “normalidad”, tratando de unir nuestro futuro a nuestro pasado, y negándose a reconocer la ruptura. Pero la ruptura existe. Y en medio de esta terrible desesperación, nos ofrece la oportunidad de repensar la máquina del fin del mundo que hemos construido para nosotros mismos. Nada podía ser peor que volver a la normalidad. Históricamente, las pandemias han obligado a los seres humanos a romper con el pasado, a imaginar su mundo de nuevo. Esta no es diferente. Es un portal, una puerta de enlace entre un mundo y el siguiente. Podemos elegir atravesarla, arrastrando las cadenas de nuestros prejuicios y odios, nuestra avaricia, nuestros bancos de datos e ideas muertas, y cielos humeantes detrás de nosotros. O podemos caminar a la ligera, con poco equipaje, listos para imaginar otro mundo. Y listos para luchar por él”.

Tenemos, entonces, que apresurar la marcha, porque como escribió el poeta Argenis Daza Guevara en su ALBADA: “El tiempo es breve y ya cantan los pájaros”.

 

 

 

*Roy Daza: escritor y periodista, integrante de la Comisión de Asuntos Internacionales del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Compartir

Comentarios