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Podemos hacer una semejanza entre aquella famosa frase – se dice que no fue tan real como la recordamos – y el momento que estamos viviendo a nivel planetario.

Cuentan que en aquella ocasión del vuelo del Apolo 13, se originó porque se encendieron todas las luces, seguido de un estallido, que advertía  de falla en dos de los tres suministros de energía y significaba el fracaso de la misión.

En lo social no recuerdo antecedentes de otra situación que nos iguale tanto como lo que le ocurre a la humanidad en este instante.

Todos tenemos nuestros miedos, todos nos cuestionamos sobre cómo terminará esta emergencia sanitaria y todos nos preguntamos por como nos afectará la economía y los cambios que conlleva estos factores en lo social, la educación, nuestras relaciones.

Circulan teorías todos los días. Si no fue un error haber obligado al distanciamiento, al uso de ciertas drogas, otros con su teoría contraria. Lo bueno es que todo está sobre la mesa y gracias a la interconección planetaria, cada día mayor, se pueden leer las opiniones de Premios Nobel y también de los vecinos, los compañeros de trabajo.

Pero, es tanta la incertidumbre, el desconcierto, la ansiedad, que como nunca, esto nos convoca a agudizar nuestro pensamiento crítico, porque hoy todo está bajo examen.

Enfoques filosóficos, éticos, médicos, económicos, matemáticos..., y podemos incluir a toda la ciencia en que haga su aporte.

Lo que más nos va a perjudicar son la cantidad de filtros que le aplicamos al análisis que nos aleja de la objetividad, en general; ponemos filtros según nuestros intereses económicos, según nuestra nacionalidad, según nuestros principios ideológicos, religiosos, filosóficos...

¡Que lindo es imaginar una Humanidad sin esos prejuicios! Todos pensando en el bien de todos, cada uno aportando y haciendo su parte sin egoísmo, sin fobias por nuestras diferencias, sin pretender sacar una ventaja personal o de grupo.

No está mal soñarlo, pero no es la realidad.

Lo bueno es que la discusión se está procesando y hoy vemos fenómenos que hasta hace poco eran muy escasos o no existían, ahora, son debate de grandes mayorías.

Uno de ellos, fundamental, es el convencimiento que lo que estamos viviendo no lo provocó el virus sino que es una crisis económica y social más que viene de muy atrás y que la pandemia si, desnudó completamente.

Los modelos económicos que desde Reagan y Teacher para acá quisieron imponer en muchísimos países, demostró ser un fracaso monumental y nos dejó en condiciones de desventaja para enfrentar una crisis como esta.

Hoy está en debate violento qué se prioriza, la vida, el sustento, la dignidad de la gente o la propiedad privada, la ganacia a cualquier precio.

Cada día queda más en evidencia que es una falsa oposión entre la salud y la economía. Ambas son igualmente importantes y una condiciona a la otra.

Lo bueno, sin soslayar tanta tragedia y sufrimiento, es que todo el mundo está sin sus ropajes o maquillajes. Nos estamos mostrando tal cual somos, grandes estados mostrando todas sus debilidades, sus incapacidades para dar la mejor solución a los problemas de la gente. Las promesas de campaña ya no son creíbles. Ahora hay que demostrar en los hechos. Hay mucha, mucha gente, harta de cuentos, mentiras, promesas.

Lo vemos todos los días en nuestra sociedad, en Chile, en Estados Unidos, en Europa, en Ecuador, en Brasil y en todos lados.

Parece que hubiera bajado la marea y dejara al descubierto lo peor del ser humano, el racismo, la explotación, la muerte prevenible de niños, negros, pueblos indígenas, obreros, marginados... Una parte minúscula de la población mundial, enriqueciéndose aún más en circunstancias penosas para millones, de las formas más abusivas y egoístas, haciendo fortunas que por su volumen, jamás podrán disfrutar, mientras millones y millones sufren hasta el límite de su supervivencia.

¿Qué venimos viendo estos días como nunca antes?

Vemos el estrepitoso fracaso de las políticas conservadoras y retrógradas del Neoliberalismo. Sus máximas de achicar el Estado y fortalecer las empresas privadas, se demuestra es la responsable de tanta impotencia ahora de dar soluciones a toda la sociedad, incluídos a los privados. Cuando se pidió más apoyo a la Investigación, Ciencia y Tecnología, hacían creer que no era importante, que muchas investigaciones no tienen nada que ver con la vida real, era sólo capricho de los investigadores.

Hoy la vida demuestra lo contrario. La Ciencia y la tecnología están salvando de que esta emergencia no sea aún peor.

Vemos también cómo, para unos pocos, el acumular dinero y poder es algo compulsivo, no reparan en que se está destruyendo la vida en el planeta, incluyendo al ser humano y a ellos mismos. No sienten el sufrimiento de la gente, no les afecta.

En Uruguay, a través de acciones profundamente democráticas, participativas, se lograron muchas cosas que hoy nos permiten ser diferentes: un sistema de salud que cuida a todos los ciudadanos, con buenos técnicos  y buena infraestructura. Una buena red de investigadores en ciencia y tecnología a nivel internacional. Un ingreso crecientemente sostenido de los hogares y sistema de cuidados para los más necesitados.

Un movimiento sindical maduro, comprometido con los sentires más puros del pueblo junto con una profusa red social.

Todo esto hoy, a través de una antidemocrática Ley de urgencia se pretende desmontar. Ya quedó claro que las promesas de campaña eran sólo para ganar las elecciones.

El salario real y las jubilaciones y pensiones caerá estrepitosamente. Los precios suben impúdicamente. Tratan de fortalecer los mecanismos represivos con la mira puesta en las protestas sociales, no en la delincuencia, ni los homicidios, feminicidios, rapiñas.

Cuando los organismos prestigiosos del propio capitalismo, como son la CEPAL o el BID hacen recomendaciones de dar un salario mínimo equivalente a una canasta básica, nuestro gobierno dice que no lo hará. La Universidad de la República, la OIT también recomiendan contemplar a los sectores populares. Y demuestran con argumentos que lo que no se invierta ahora, saldrá más caro en el futuro.

Dejó de ser un impedimento el argumento del déficit fiscal. TODO el mundo aumentará su déficit fiscal, porque hay que salvar a la gente.

Vemos también cómo los sectores dominantes privilegian la propiedad y la rentabilidad por sobre la vida humana.

Vemos cómo son una víbora que se come la cola, cuando como empresarios no quieren dar aumento de salarios sabiendo que es de los trabajadores  de quienes que viven, porque, a quién le van a vender los pequeños y medianos comerciantes, pequeños y medianos productores del campo y la ciudad; si la población no tiene con qué comprar...

¡Juntos tenemos un problema!

En Marzo de 2020 se comenzó una gran transferencia de riqueza de los sectores más pobres hacia unos pocos ricos que ya amasan fortunas.

Los sectores que serán víctimas de este modelo económico serán los trabajadores, los jubilados, pensionistas, cooperativistas, desocupados, pequeños y medianos empresarios, los investigadores, los estudiantes que se les cerrarán oportunidades...

¿Quiénes se beneficiarán? Los que más tienen, esos a quienes hoy no se les pide solidaridad en esta pandemia. Y aquellos que les montan el escenario, empleados al servicio del gran capital que aprovecharán para dar una changa en el Estado a sus amigos y seguir cubriendo a los pequeños rateros, sojeros corruptos y todo lo peor.

Y cómo lo harán, ya lo sabemos. Porque lo vimos en el mundo y porque llevamos sus marcas en la piel. Lo harán como sólo saben hacerlo, con menos democracia, con represión a las protestas, creando condiciones legales para las transacciones turbias...

No es hora de que nos guíen colores partidarios. Es hora de sentirnos hermanados ante la dificultad. Hoy quienes van a comer a las ollas populares seguro votaron todos muy distinto, pero el hambre es la misma.

Los que sufren el salvaje aumento de tarifas de agua, luz, conectividad, en esta emergencia, el aumento del IVA, la cero ayuda del estado, son de todos los colores.

Y ya quedó demostrado, si no nos ayudamos entre nosotros, no podemos esperar nada de los poderosos, ellos son los que aumentan los precios para aprovecharse de la necesidad de la gente, los que se oponen a las demostraciones de solidaridad, para los que es más importante su ganancia o su propiedad que la vida.

Ayer una amiga citaba una referencia de un biólogo. Contaba que luego de un incendio en una selva, cuando todo parecía arrasado, él demostraba que ya había brotes que auguraban un renacimiento.

Parecería que aun no se ha apagado el incendio devastador que será esta sociedad si estas políticas prosperan. Pero ya se ven dónde están los brotes.

Están en el pueblo y su espíritu resiliente. En su enorme generosidad que quedará una vez más demostrada.

Ahora, más que nunca, la unidad de pueblo salvará al propio pueblo.

Autor: Mario Pérez

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