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De frente a la pandemia que hoy afecta a todo el mundo la realidad nos devela que las acciones siguen siendo condicionadas y reducidas, así como limitados los intereses por llegar a materializar cambios en beneficio de la vida en todas sus manifestaciones. Gobiernos y organizaciones han formulado magistrales discursos en los cuales alardean y especulan sobre la necesidad de incorporar políticas económicas y sociales, pero en los hechos concretos se mantiene una idea vacía y manipulada sobre seguridad y protección de derechos, conllevando a que aquellas no lleguen a ser una realidad.

Hasta hoy se mantiene la imposibilidad de que mueran personas por causas evitables, en gran medida, debido a las inequidades que continuamente suceden en materia de salud. La Salud no existe como derecho y sigue siendo instrumentalizada como un servicio que se debe comprar y del cual goza solo quien puede pagar. En consecuencia, en muy pocos lugares del mundo la salud está comprendida e incluida como factor y componente crucial para garantizar un desarrollo social sostenible.

Pocos son los gobiernos y naciones que han hecho esfuerzos sinceros y significativos por apoyar y ayudar a otros a superar la pandemia. Cuba se posiciona como una nación que acompaña solidariamente a otros países, a través de sus brigadas médicas. Sobre esto vale la pena recordar cuando Fidel [1] hace algunos años planteó que el ser internacionalista para Cuba implicaba saldar la propia deuda con la humanidad e insistió en el hecho de que quien no sea capaz de luchar por otros no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo y así lo asumió todo su pueblo. La solidaridad entre y con los pueblos ha sido la expresión más fehaciente de la lucha antiimperialista y anticapitalista enarbolada por la isla.

A partir del triunfo de la Revolución Cuba decidió ayudar y apoyar en diversos terrenos las luchas por la independencia nacional en países como Vietnam, Angola, Siria, Etiopía, Namibia, el Líbano, Libia, Palestina. En su mayoría, la población ha arraigado y fortalecido su orientación revolucionaria y genuinamente internacionalista, practicándola a lo largo de los años a través de distintas acciones como las misiones y apoyos de medicina (Haití, Perú, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Granada, Brasil y Uruguay); los intercambios y apoyos científicos; el otorgamiento de becas para estudios superiores, inicialmente, a jóvenes de países caribeños, asiáticos y africanos empobrecidos y subdesarrollados; posteriormente, a pueblos americanos llegando incluso a jóvenes estadounidenses.

La cooperación médica de Cuba se ha extendido sin precedentes y así lo está demostrando una vez más frente a la lucha que libera la humanidad para afrontar la pandemia del COVID-19. La isla ha dirigido su apoyo a países europeos y, fundamentalmente, a naciones históricamente olvidadas por las grandes potencias y carentes de sistemas de salud fuertes en territorios de Sudáfrica, el Caribe y América Latina. A la fecha hay más de dos mil profesionales de la salud que integran 45 equipos del contingente Henry Reeve en 38 países. Nuevamente, la isla ha hecho presencia con su ejército de batas blancas y comparte la necesidad de materializar el internacionalismo, la solidaridad y el desinterés como acciones que hablan de un pueblo que aunque no es una potencia económica es, sin lugar a dudas, la principal potencia de generosidad, humanidad y esperanza para el mundo. Frente a la pandemia la decisión de Cuba es no dejar de ser Cuba y continuar el legado martiano de que Patria es humanidad.


[1] Fidel Castro, discurso en el acto por el 32º Aniversario del Desembarco del "Granma", el 5 de diciembre de 1988.

 
Autora: Emilce Maluche Aguilera

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