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The Washington Post: “la explotación inhumana del ser humano…un ataque violento…una explotación salvaje que causa la destrucción acelerada de los recursos naturales del planeta…”

Un reciente editorial del influyente periódico norteamericano The Washingston Post se refirió con inusual dureza al modelo capitalista de una sociedad humana que, entre otras muchas naciones del mundo, rige acá en Chile y marca nuestras vidas. Un modelo que en nuestro país no conoce otra experiencia de intentar cambiarlo que lo realizado en los cien días del gobierno popular del presidente Salvador Allende.

Cambios que fueron la causa real y única del sangriento golpe de Estado que llevaron a cabo los grandes empresarios nacionales y las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Es decir, los guardianes del sistema capitalista.

El citado medio de prensa de los EEUU califica al capitalismo como la explotación inhumana del ser humano…un ataque violento…una explotación salvaje que causa la destrucción acelerada de los recursos naturales del planeta…una manipulación de la mente que los hace rehenes de la sociedad de consumo. Afirma que ha sido la Pandemia en curso la que ha quitado el maquillaje hipócrita a la actual civilización y denuncia que, por ejemplo, en Italia haber quitado los aparatos de respiración artificial a los más ancianos para darle una posibilidad de vida a los más jóvenes se explica porque el Sistema de Salud fue destruido por los capitalistas privados, transformando a la  Salud en una mercancía… De paso, denuncia que Trump destruyó en los primeros cien días de su gobierno el Sistema de Salud de su país que había impuesto el presidente Obama, lo que de paso pone en riesgo su reelección en noviembre.

Los Derechos Humanos, el Agua, la Salud, la Educación, son una mercancía para una minoría voraz, insaciable y rapaz afirma el Washingston Post, y agrega que no es posible que sigamos viviendo en un planeta en que más del 80% de la riqueza del país queda en manos del 1% de la población.

La conclusión del influyente medio es que o muere el capitalismo salvaje o muere la civilización humana.

Constatamos también que en una reciente y excelente nota publicada en El Siglo, Atilio Borón cita a otros periódicos norteamericanos, como el Wall Street Journal, que sentencia que “…el mundo no volverá  a ser el mismo después del coronavirus”.  O el New York Times que da cuenta que “…las recientes pérdidas de empleo son apocalípticas, casi diecisiete millones de personas…”

Es la evidencia de que se percibe que el fatídico sistema que tantas vidas ha cobrado y que ha causado la miseria de millones y millones de seres humanos para favorecer a unos pocos, no saldrá ileso de este inesperado y duro episodio que el mundo vive hoy. Por cierto se trata de una visión perfectamente válida para el pueblo del Chile que recién, desde octubre pasado, parece despertar a nivel masivo. Pero que debe librar nuevas batallas para lograr objetivos, por pequeños que sean. Como el reciente para que en estos tiempos difíciles, los trabajadores, dueños de su dinero, hayan sido “autorizados” a retirar un 10% de sus propios fondos de aquellas instituciones capitalistas que, impuestas en tiempos duros, les “administran” su dinero.

En nuestro caso esos son ecos de la dictadura. Sus autores fueron los de siempre, los grandes empresarios, sus economistas, y los guardianes del modelo. Los apellidos de los empresarios y sus asesores son los mismos de tantos años. Y uno de los principales autores del engendro fue José Piñera, hermano del fracasado Sebastián.

La victoria alcanzada respecto del derecho de los trabajadores a retirar ese 10% de sus ahorros, por pequeña e insuficiente que sea, marcó una nueva etapa signada por la posibilidad real de lograr cambios importantes respecto del modelo político y económico impuesto en nuestro país. No se trata de ilusiones. Tampoco se trata de creer que todo será fácil. Pero muestra que hay condiciones nuevas.

En la historia de nuestro país ya se dieron fenómenos de intentos de cambios del modelo de sociedad. Fueron, por ejemplo, los empeños de la década de los años 30 del siglo pasado, con la instauración por un brevísimo tiempo de la llamada “república socialista” y -años más tarde y de modo profundo y categórico- eso fueron las conquistas y los cambios del gobierno del Presidente Allende y la Unidad Popular. Y así fue la brutal reacción del gobierno norteamericano y de los grupos económicos chilenos, de los institutos armados nacionales y de los políticos de la derecha y la centro derecha.

En nuestros días ya no es posible seguir soportando tanto abuso, tanto atropello y lo ocurrido en el reciente debate parlamentario lo demuestra. No es dable seguir aceptando en Chile tantas injusticias, tantas diferencias. Son diferencias de clase, pero no sólo de la clase social dominante sino también de las entidades a su servicio. Por ejemplo, que si eres trabajador sin uniforme vuestra jubilación sea paupérrima, pero que si vistes de uniforme verde tu jubilación será multimillonaria.

El capitalismo y su modelo político son brutalmente injustos. La Salud, el Trabajo, la Educación, la Vivienda, la Cultura, la Previsión Social, no son sus preocupaciones. La razón de ser del modelo es garantizar a los grupos económicos y financieros dominantes el control absoluto del poder, respaldados además por las armas.

La crisis mundial causada por el llamado coronavirus ha puesto en un nivel superior e insoportable las diferencias de clase, que reflejan  la brutal explotación de muchos en manos de pocos. Y, como siempre, no le faltan defensores a los jerarcas del modelo; desde luego nuestros “valientes soldados”, militares y carabineros privilegiados de siempre pero que luego de los años de la criminal dictadura superaron lo imaginable. Ingresos multimillonarios y jubilaciones privilegiadas tras unos pocos años de uniforme. Su prepotencia, su violencia indebida bien la conoce el pueblo chileno y no es asunto del pasado. Basta con tener en cuenta la brutal represión a las manifestaciones de octubre pasado y las de estos días. Pero hay más: por estos días hasta protegen las marchas ilegales de los manifestantes que están por el “Rechazo” a una Nueva Constitución Política para Chile.

Se vive un segundo gobierno de  Sebastián Piñera, el empresario de la famosa estafa al Banco de Talca, el defensor de Pinochet. No extrañe entonces que además tenga entre sus ministros a personajes como Hernán Larraín y Víctor Pérez, grandes amigos de Paul Schaeffer y de los jerarcas del enclave nazi en Chile conocido como “Colonia Dignidad” uno de los ejemplos más violentos de lo que fueron los miles y miles de crímenes brutales de la dictadura. Ayer compartían con los verdugos, hoy son autoridades nacionales. Es el Chile de hoy.

En esta realidad resulta infame y grotesco lo dicho por el ministro Blumel, el que, pronunciándose contra las protestas del pueblo chileno afirmó que “la violencia o su incitación son incompatibles con la democracia…” ¡La derecha pinochetista hablando de democracia! Si fue su dictadura, la del gran capital y sus guardianes, la que por muchos años puso fin a formas democráticas y las reemplazó por las formas más violentas como fueron los miles de asesinatos, desaparición de personas, violaciones y torturas. Ese tipo de personajes no tienen autoridad para hablar del tema.

El pueblo y todas sus organizaciones han de mantenerse alertas, movilizados, unidos, trabajando por el triunfo histórico que significará una Nueva Constitución para Chile que garantice un nuevo modelo de sociedad para el país.

Autor: Eduardo Contreras

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