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Cada 14 de agosto el pueblo uruguayo recuerda a sus mártires estudiantiles, a jóvenes luchadores en defensa de la democracia, en contra de las injusticias, militantes políticos y sociales que se lanzaron a las calles a manifestarse.

Es preciso mencionar que en la década del ’60 no eran solo les estudiantes les que tomaban las calles para manifestarse, también lo hacían les trabajadores y siempre que salieron las y obreros textiles, las y los trabajadores de los frigoríficos, las y los cañeros, las y los portuarios, las y los asalariados del campo, siempre, pero siempre se encontraron entre sus filas a les estudiantes, en cada una de las manifestaciones, tanto en la capital como en el interior del país.

Fue en en los ‘60 cuando el Estado uruguayo comenzó a actuar de forma ilegítima cuando obreres y estudiantes enfrentaban la crisis, los duros recortes y una brutal represión.

Dicha crisis abarcó especialmente a la educación y a la Universidad, la asfixia presupuestal por parte de los gobiernos de aquel entonces, los recurrentes intentos de recortar la autonomía estuvo acompañado de los allanamientos a las facultades, la represión y detención de estudiantes. Las amenazas permanentes de intervención fueron parte de la crítica realidad de aquella época, acciones que anunciaban de forma premonitoria los planes que la dictadura aplicaría contra la Universidad.

Les primeres mártires estudiantiles a finales de los años '60, eran jóvenes que llevaban en sí un grito de libertad e igualdad, jóvenes con la solidaridad a flor de piel, que luchaban por obtener nuevos derechos y por defender los ya conquistados, jóvenes con una perspectiva que estaba más allá de elles, jóvenes que pensaban en les que vendrían después de elles, pensaban en nosotres y en les que vendrán después de nosotres y en las próximos generaciones que vendrán después.

Estudiantes que fueron reprimides por hacer uso de la libertad de expresión, por agremiarse, por practicar la solidaridad con las diferentes luchas, por oponerse a las políticas de ajuste. 

Fue en el ‘68 cuando el entonces presidente de la República Jorge Pacheco Areco implantó las medidas prontas de seguridad, esa fue la más brutal de las respuesta a las manifestaciones.

“Unidad y Solidaridad” y “Obreros y Estudiantes, Unidos y Adelante” no era solo una consigna, era la UNIDAD del pueblo representada luchando todes juntes en defensa de la democracia, por la igualdad, por la plena emancipación del ser humano.

Se veía claramente como les jóvenes estudiantes se rebelaban ante las injusticias, como ponían por delante de todo sus sueños, que eran sueños de libertad e igualdad, como pasaban días y noches defendiendo lo que les pertenecía, lo que le pertenecía al pueblo, defendían los centros de estudios ocupándolos y atrincherándose en ellos para que no se le arrebatara al pueblo lo que es del pueblo.

Fueron jóvenes que lucharon por un boleto de menor valor para les estudiantes, que vieron y supieron entender por cual era el camino, fue así que se unieron al movimiento sindical en la lucha, fue así que la represión, la persecución y la censura no les detuvo, ni aun cuando el 12 de agosto de 1968 fue herido Liber Arce (28 años), que dos días después, el 14 de agosto dejaría de vivir a raíz de la herida de bala recibida en la represión policial.

Fue con el asesinato de Liber Arce que se abrió la trágica lista de estudiantes asesinades que continuaría con Hugo de los Santos (19 años), Susana Pintos (27 años), Heber Nieto (19 años), Manuel Ramos Filippini (27 años), Julio Spósito (19 años), Íbero Gutiérrez (22 años), Santiago Rodríguez Muela (22 años), Joaquín Klüver (22 años), Ramón Peré (29 años) y Walter Medina (16 años).

El 14 de agosto fue asumido por les estudiantes y el pueblo uruguayo como el Día de los Mártires Estudiantiles y es así que cada año nos encontraremos marchando, recordándoles y continuando la lucha por esos sueños que todes compartimos y no vamos a descansar hasta conquistarlos, porque su lucha continúa vigente, hoy más que nunca!

Autor: Sergio Miraballes

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