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En días pasados prometí reflexionar sobre el tema del inicio de una nueva guerra fría. Cada vez mayor cantidad de analistas comentan acerca de su renacimiento esta vez entre Estados Unidos y China. Las mayores divergencias están asociadas a si dicha fase de las relaciones internacionales ya comenzó o está en proceso de gestación.

Tomando en consideración que el anterior conflicto de estas características desarrollado en prácticamente toda la segunda mitad del siglo pasado forjó una estructura bipolar de las relaciones internacionales, que a su vez signó el comportamiento de los actores en el escenario global, cabe analizar si estamos o no en una etapa similar, también, vale preguntarse si es esta una nueva versión de guerra fría o copiará las características de la anterior.

Al definir el momento en términos estratégicos es de perogrullo afirmar que vivimos una etapa de declive de Estados Unidos y ascenso de China en su calidad de potencias mundiales. Este proceso que se venía desarrollando -al menos- desde comienzos de este siglo, sufrió una aceleración a causa de la pandemia de Covid19.

Estados Unidos salió exitoso de la guerra fría del siglo XX, para lo cual se alió con China en contra de la Unión Soviética. Ahora, pretende repetir el proceso en dirección contraria, es decir aliarse con Rusia contra China. En este sentido, de las veladas insinuaciones pasó abiertamente a las propuestas que han sido rechazadas frontalmente por la dirigencia rusa.

El pasado 3 de agosto en un artículo del portal Sputnik titulado “Por qué Estados Unidos habla ahora de una ´amistad` con Rusia” se afirma que: “El […] 23 de julio, el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, admitió la posibilidad de que Moscú se involucre en una confrontación contra Pekín. El diario Financial Times informó que ciertos círculos en EEUU promueven la idea de unirse con Rusia para hacer frente a China y esperan encontrar grietas en las relaciones entre los dos países”.

La respuesta rusa vino en voz de la vocera de su ministerio de relaciones exteriores María Zajárova quien afirmó que  “…era ´ingenuo` el intento de EEUU de involucrar a Rusia en la campaña antichina” y agregó que Rusia "tiene la intención de fortalecer aún más la cooperación con China, que consideramos como el factor más importante para estabilizar la situación en el mundo".

Dando continuidad a la perseverante visión de Pompeo en este ámbito, el 21 de julio durante su estancia en Londres de manera desvergonzada exhortó a todos los países del mundo a rechazar al Partido Comunista de China y crear una coalición en su contra. De forma simbólica, tres días más tarde al dar un discurso en California en la biblioteca y museo presidencial Richard Nixon (primer mandatario estadounidense en visitar China en 1972, dando paso a la apertura de relaciones diplomáticas entre los dos países), el ex director de la CIA y ahora canciller estadounidense arremetió con un violento discurso de fuerte carga ideológica en la que llamó a aislar a China, desmintiendo a aquellos que pensaban que el diferendo entre los dos países estaba basado en exclusivas contradicciones de carácter comercial y/o tecnológico.

Esta nueva etapa de la confrontación de Estados Unidos contra China fue inaugurada en su faceta económica, financiera, comercial y tecnológica en marzo de 2018 tras la aplicación por parte del Presidente Trump de sanciones y aumento de aranceles a productos chinos importados. Posteriormente, durante el año 2019 además de elevarse las afectaciones al comercio de uno y otro lado, Estados Unidos dio explícito apoyo y financiamiento a las violentas manifestaciones de grupos radicales en Hong Kong, cuyas demandas fueron escalando desde peticiones de orden reivindicativo hasta declaraciones de rechazo al sistema político de China. Así mismo, la potencia norteamericana incrementó su cooperación militar con Taiwán y acrecentó la presencia de sus fuerzas armadas en los mares adyacentes a China en clara provocación que tensó aún más la situación en el entorno y en los vínculos bilaterales.

La llegada del año 2020 trajo consigo la pandemia del coronavirus y con ella las recriminaciones de parte de Estados Unidos contra China acusándola de haber sido la causante del surgimiento del virus y su expansión global. Trump llegó a llamar al microorganismo como “virus chino” contradiciendo la opinión de los científicos y la OMS que aún no han logrado determinar el origen del mismo. La aspereza y mordacidad de la retórica anti china de las principales autoridades de Estados Unidos y las medidas que se han tomado en todo ámbito, han llevado al escalamiento del conflicto y obligado a China a responder con reciprocidad e inaugurar un discurso agresivo ajeno a las tradiciones y costumbres de su diplomacia.

Durante este año, también se ha visto un involucramiento mayor de Estados Unidos en asuntos internos de China como la situación de las regiones autónomas de Xinjiang y Tíbet, manteniendo la acometividad en relación a Hong Kong y su apoyo a Taiwán, lo que le ha ido dando al conflicto un carácter multifacético que se manifiesta en diferentes talantes.

En el área de la tecnología, la abrumadora distancia que hasta hace solo unos años mantenía Estados Unidos sobre China se ha ido acortando a pasos acelerados. Aunque hay variadas expresiones del avance de China en esta materia, en los dos últimos años se podrían citar cinco hechos que marcan un progreso sustancial de la nación asiática. Ellos son:

El envío exitoso en enero de 2019 de una nave espacial que se posó en la cara oculta de la luna, hecho ocurrido por primera vez en la historia.
El lanzamiento con ocho meses de adelanto a Occidente de la tecnología de 5ta. Generación (5G). Vale decir que Estados unidos había obtenido las cuatro anteriores con sobrada distancia respecto de sus competidores.
La capacidad científica para enfrentar exitosamente la pandemia de Covid19 cuando era desconocida en el mundo y atacaba prácticamente con exclusividad a ese país durante los meses de enero y febrero.
El lanzamiento de la primera misión espacial a Marte.
El lanzamiento del tercer satélite para completar la red de 35 aparatos de la tercera generación de su sistema de geolocalización Beidou (BDS), como alternativa al estadounidense GPS. 
En el plano militar, la confrontación ha estado signada –como se dijo antes- por la presencia creciente y en actitud provocadora de la Armada de Estados Unidos que ha llegado a reunir dos portaviones junto a sus fuerzas de tarea en los mares adyacentes a China, incentivando sus diferendos limítrofes con países de la región que se están discutiendo en el marco de negociaciones diplomáticas.

De la misma manera, Estados Unidos ha creado una nueva dinámica bélica enlazando sus bases militares en Japón, Corea, las islas Guam y otras posesiones en el Pacífico, Filipinas, incorporando ahora en este dispositivo a Australia que se ha transformado en un firme ariete tras su subordinación absoluta a la lógica imperial estadounidense. En este marco, también han hecho grandes esfuerzos para incorporar las bases militares que tuvieron en Vietnam hasta 1975, para incluirlas en el gran arco naval que están construyendo en torno a China. De la misma manera, Estados Unidos está intentando agregar a India en su mecanismo de pivote asiático creado por el presidente Barack Obama. En esa lógica estimulan los diferendos fronterizos entre las dos potencias asiáticas en el Himalaya.

Pero, tras todo este contexto de pugna y contienda, en realidad se esconde una lógica de confrontación antagónica en términos políticos e ideológicos como lo ha hecho saber el presidente Trump durante sus comparecencias en las asambleas generales de la ONU de 2017, 2018 y 2019 en las que derrochó tiempo y verborrea llamando a combatir el socialismo, un sistema que Estados Unidos había declarado como desaparecido de la faz del planeta. Incluso se llegó a hablar del “fin de la historia” tras la desaparición de la Unión Soviética.

Vale decir que en este último discurso en la máxima asamblea planetaria el 24 de septiembre de 2019, ante representantes de todas las naciones del mundo, Trump se encargó de recordar que: “Tengo el inmenso privilegio de dirigirme a ustedes hoy como el líder elegido de una nación que valora la libertad, la independencia y el autogobierno sobre todas las cosas. Estados Unidos, después de haber gastado más de 2.500 billones de dólares desde mi elección para reconstruir completamente nuestro gran ejército, es también, por mucho, la nación más poderosa del mundo”.

CONTINUARÁ

Autor: Sergio Rodríguez Gelfenstein

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