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El mundo sangra de tanto dolor, la humanidad vive una hora de profunda crisis, la destrucción del ser humano va ganando terreno en un escenario, más que hostil, aterrador. Un sistema gobierna el mundo, el capitalismo en sus peores fases, insostenible por su despiadada presencia e incapacidad para dar solución a los urgentes problemas de la humanidad. No hay dudas que el drama que vivimos es terrible. Y dentro de esa gran crisis muestra su rostro la guerra cultural, principal arma utilizada para destruir los pueblos, enajenar las personas, convertirlas en seres sin criterio, sin pensamiento, en esclavos. Fracturar las identidades de los pueblos, sembrar la desmemoria, banalizar la vida humana; hacen parte de esa guerra feroz y hegemónica del capitalismo.

Es preciso crear una nueva hegemonía, dar la batalla contra los valores enajenantes del capitalismo, defender nuestra cultura e identidad. Ante la imposición del egoísmo, levantemos el estandarte del humanismo; ante la exaltación de lo material, posicionemos los valores que nos hacen ser mejores personas, que elevan nuestra condición humana; ante las prácticas devastadoras de nuestra cultura, sembremos ideas, sembremos conciencia. Andemos como José Martí, con el remo de proa, en un momento histórico desafiante y muy peligroso, que exige de nosotros una estrategia cultural que haga prevalecer los valores de un sistema alternativo al capitalismo; que lo defina la igualdad entre las personas, la justicia social y, como quería el Maestro refiriéndose a Cuba en aquel discurso de Tampa conocido por Con todos, y para el bien de todos; el culto a la dignidad plena de los seres humanos. Ese sistema es el que construimos en Cuba desde el 1 de enero de 1959: el socialismo.

Luego, frente al Consenso de Washington, portador de esas políticas neoliberales, imperialistas, repletas de vendas para los ojos y las mentes humanas, plan del enemigo; asumamos categóricamente el Consenso de Nuestra América. Plan contra plan para salvaguardar la cultura que nos da vida, fuerzas para soñar, armas para luchar. Es preciso dar esa batalla cultural en un mundo cada día más dominado por el consumismo que lleva a la colonización, a la superficialidad y al empobrecimiento espiritual de los seres humanos. Crear un frente de pensamiento que sea movilizador de la intelectualidad revolucionaria y capaz de generar los contenidos descolonizadores; es vital. Salvar la cultura; eso ha de ser siempre lo primero, así nos enseñó Fidel, porque estaba convencido, como lo estuvo Martí, del valor de la cultura; para elevarnos sobre lo común de la naturaleza humana, y emanciparnos, ser plenamente libres.

Hace 25 años, ante los desafíos de entonces, que no difieren de los que hoy con más fuerza tenemos, un grupo de intelectuales revolucionarios y convencidos de la fuerza de las ideas crean un frente común cultural; con profunda raíz martiana, para movilizar voluntades y, precisamente, sembrar ideas, sembrar conciencia. Encabezados por Armando Hart Dávalos se unieron junto a él, porque era indispensable ante los desafíos ideológicos de aquella hora crucial, destacados defensores de la cultura como Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Eusebio Leal, Abel Prieto Jiménez, Enrique Ubieta y Carlos Martí. Ese frente de pensamiento, esa nube de ideas, esa necesidad histórica es la Sociedad Cultural José Martí, que arriba a su aniversario refrendando sus principios fundacionales y adecuándose a los códigos de hoy, para dar esa batalla cultural en todos los ámbitos, en todos los escenarios donde se nos hace la guerra mayor: la de pensamiento.

Y es que ante el drama terrible que vivimos, como hicieron sus fundadores, sigue siendo esencial asirnos al pensamiento de Martí, a sus ideas emancipadoras y descolonizadoras. Como expuse en una ocasión; en relación a la utilidad de la martianidad; muchos son los que han entendido, desde su condición humana, este destello de amor; muchos son los que se han elevado sobre lo común de la naturaleza humana y han elegido el camino del Maestro; el de la utilidad de la virtud, el de su suerte echada con los pobres de la tierra, el de su preferencia por el arroyo de la sierra más que por el mar. Y es esa elección desafiante en tiempos de crisis humanística la que tiene extraordinario valor; la que salva, redime, nos cubre cual velo protector ante la desesperanza y el egoísmo. Creo que ahí está también el misterio que cabalga junto a nosotros y nos ayuda a vencer, nos llena de luz en medio de la oscura realidad, nos hace vibrar de emociones que quizás no podamos describir, pero sabemos que existen, son una especie de enlaces imaginarios y perpetuos que van tejiendo el alma de la patria.

Así ha sido la Sociedad Cultural José Martí, espacio para esa imprescindible conexión con el amigo sincero, ejército de maestros (martianos) ambulantes que trasmiten la palabra del Apóstol, que cuidan celosamente de la Revolución. Así ha sido la Sociedad Cultural José Martí, reservorio de virtudes, de valores, de un carácter, el de Martí, encarnado en la generación del Centenario, en cada cubano digno que lo ha sabido honrar. Es impresionante ver a esos hombres y mujeres, desde un destacado profesor universitario hasta el obrero de una fábrica o el campesino que trabaja la tierra; llevando en sí la luz martiana, y compartiéndola con los demás. Es un acto de propagación de nuestra cultura, los valores más genuinos de ella, los símbolos que nos sostienen como osamenta. Ya lo decía Martí: ““…la madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la República y el remedio de sus vicios, es sobre todo lo demás, la propagación de la cultura: hombres haga quien quiera hacer pueblos”.[1]

Esa ha sido la misión; formar hombres y mujeres de bien, que respeten y cumplan con la legalidad, que sean solidarios, altruistas, que hagan valer los principios que defendemos, que tengan criterio y trabajen con sus propias manos; en definitiva, formar buenos ciudadanos. Así salvaremos la República, lo común de todos, así mantendremos a buen resguardo la Patria. A eso está llamada la Sociedad Cultural José Martí en medio de esta batalla que tiene un escenario de combate, como son las redes sociales digitales, muy nocivo. Abogar entonces por la unidad e integración de las instituciones que promueven la cultura, de los organismos cuya misión no es otra que formar y educar en valores, de los intelectuales que tienen ante sí el reto cultural más grande: salvar junto a todo el pueblo, con su orientación clara y revolucionaria, la madre del decoro y la savia de la libertad. Esa propagación de la cultura no se nos puede quedar en intentos aislados y muchas veces sin la debida coherencia por falta de previsión y articulación de cada una de las fuerzas culturales que existen en Cuba. La Sociedad Cultural José Martí ha de contribuir a este esfuerzo salvador; sembrando ideas, sembrando conciencia.

El prestigioso intelectual cubano y uno de nuestros líderes históricos Armando Hart Dávalos, fundador de la Sociedad Cultural José Martí, nos hacía constantemente un llamado a trabajar con el pensamiento, a volver a la tradición filosófica, ética y jurídica cubana para la salvaguarda de la Revolución. Fue muy claro Hart con la idea de que donde no está la cultura está el camino a la barbarie. Sus reflexiones constituyen un arsenal ideológico para enfrentar la guerra cultural desatada desde hace mucho tiempo, pero que en la actualidad cobra un alcance mayor; donde símbolos de la cultura capitalista, colonizadores, de los valores de esa cultura del tener que promueve el egoísmo y la exaltación de lo material; se reproducen constantemente y es medular denunciarlos desde posiciones revolucionarias; promoviendo con más inteligencia y creatividad los valores y símbolos nuestros, los de la cultura cubana, los del Socialismo; salvando nuestra historia, yendo a ella con el atractivo de los códigos actuales sin renunciar a esencias y principios.

A 25 años de fundada la Sociedad Cultural José Martí, ante tantos desafíos, mirando al futuro desde un pasado aleccionador y en un presente convulso, donde enfrentamos una pandemia que parece no tener fin y a lo interno de Cuba seguimos avanzando en la construcción de nuestro socialismo, resistiendo la amenaza y la agresión criminal del imperio estadounidense, que a toda costa quiere derrocar la Revolución Cubana; nos volvemos a preguntar, ¿qué debemos hacer?; y volvemos a encontrar la respuesta en la palabra de Fidel: “Frente a las armas sofisticadas y destructoras con que quieren amedrentarnos y someternos a un orden económico y social mundial injusto, irracional e insostenible: ¡Sembrar ideas! ¡Sembrar ideas! ¡Y sembrar ideas! ¡Sembrar conciencia! ¡Sembrar conciencia! ¡Y sembrar conciencia!”[2]


[1] Tilden, La República, Nueva York, 12 de agosto de 1886, en Obras Completas, Tomo 13, p.301.

[2] Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro en la clausura de la Primera Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo el 29 de enero de 2003.

 
Autor: Yusuam Palacios Ortega

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