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Escribe: Renato Soares Bastos [1]

Contados los votos y realizados los levantamientos estadísticos, todos los analistas políticos pasan a la fase de balance de la primera vuelta de las elecciones municipales, ocurridas el pasado 15 de noviembre. Los vereadores (ediles) de todas las ciudades son electos en este primer momento, así como los prefeitos de ciudades con menos de 200 mil electores o, de ciudades mayores, que alcanzan una marca superior al 50% de los votos. El pleito trae indicios de una reconfiguración de la política brasilera y demuestra un escenario diferente en relación al pleito nacional de 2018.

En primer lugar, se puede afirmar que hay un consenso de que el presidente Jair Bolsonaro y su campo, el “bolsonarismo”, salió derrotado de las urnas. Los candidatos que tuvieron apoyo explícito de Bolsonaro lograron un desempeño insignificante y quedaron fuera de la segunda vuelta de las capitales. El mejor ejemplo es el candidato Celso Russomano a la prefeitura de São Paulo. De acuerdo al instituto de pesquisas Datafolha, él tenía, el pasado 8 de octubre, 33% de las intenciones de voto. Cayó a un 23% (25/10), 18% (08/11), 15% (11/11) y 13% (14/11). Contados los votos, tuvo un 10,50% y sufrió  su tercera derrota.

La diferencia en la elección actual fue haber pegado su imagen a la figura de Bolsonaro y creído que eso garantizaba su victoria. Por el contrario, el apoyo de Bolsonaro hizo que el candidato Russomano tuviera esa caída acelerada en las pesquisas dado el creciente rechazo al presidente de la República. El apoyo del presidente fue tan insignificante que hasta candidatos a vereador que recibieron su apoyo público no fueron electos. Bolsonaro llegó al ridículo de borrar los apoyos en sus redes sociales para distanciarse de los derrotados.

Las dos grandes excepciones de esa ola negativa para Bolsonaro son la elección de su hijo, Carlos Bolsonaro, como el segundo vereador más votado en la ciudad de Rio de Janeiro y la llegada al segundo turno de su candidato a prefeito en la misma ciudad. Aunque, sin grandes esperanzas. Marcelo Crivella (Republicanos), actual prefeito, debe ser derrotado con facilidad por el ex-prefeito Eduardo Paes (DEM).

El segundo consenso es que el llamado Centrão, partidos de derecha y centro-derecha, poco ideológicos y fisiológicos, siempre ligados de algún modo a los gobiernos, son los grandes vencedores de la elección. Partidos como el PP (Partido Progresista), DEM (Demócratas), PSD (Partido Social Democrático), Republicanos y Podemos tuvieron un incremento significativo en el número de vereadores, lograron prefeitos en el primer turno en las capitales: Alexandre Kalil (PSD), en Belo Horizonte, con 63% dos votos en la capital del segundo colegio electoral del país; Bruno Reis (DEM), en Salvador, con 64% de los votos el cuarto mayor colegio electoral; Rafael Greca (DEM), en Curitiba, con 59% de los votos; y Gean Loureiro (DEM), en Florianópolis, con 53% de los votos. Además de eso, ese campo del Centrão disputará el segundo turno en casi todas las otras capitales.

El DEM, antiguo PFL (Partido da Frente Liberal), que ocupó la vice-presidencia de la República entre 1994 y 2002, en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, y que en las últimas elecciones había sufrido duras derrotas, habiendo sobrevivido solamente en Bahía, parece renacer de las cenizas. Ganó ciudades importantes en la primera vuelta y deberá ganar  Rio de Janeiro en la segunda. Aún sin un nombre de expresión nacional, podrá jugar un papel importante en las elecciones de 2022.

Por otro lado, el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileira), que gobernó Brasil con Fernando Henrique Cardoso, gobierna el Estado de São Paulo hace 26 años consecutivos y casi ganó la elección presidencial de 2014, polarizando con el PT (Partido de los Trabajadores) hasta entonces, parece sufrir un desgaste o, al menos, un estancamiento. Esto, porque, si no consideráramos el Estado de São Paulo, el partido ganó o está en el segundo turno en capitales menores, como Palmas, Natal, Porto Velho y Teresina. Más allá de eso, perdió casi 1.000 vereadores, si se compara con el pleito de 2016. Es un partido, cada vez más paulista.

¿Y las izquierdas? El uso del plural se torna bien actual. La fragmentación de la izquierda brasilera es enorme y tiene impacto en los resultados electorales obtenidos. En comparación con la tragedia electoral de 2018, los resultados de 2016 presentan una mejora discreta. Pero esos resultados fueron diferentes para los principales partidos del campo de izquierda y la fragmentación inviabilizó votaciones mejores.

El PT achicó su tamaño, pero va a sobrevivir. Pierde 150 vereadores corre el riesgo de no gobernar ninguna capital -su única chance real es en Recife, con Marília Arraes- y quedó fuera de la segunda vuelta en la ciudad de São Paulo por primera vez, desde que logró su primera prefeita en la ciudad, Luiza Erundina, en 1988. El PC do B (Partido Comunista del Brasil) sufre una dura derrota: pasó de 81 a 45 prefeitos en todo el país y perdió 315 vereadores, no logrando vereadores en ciudades importantes como São Paulo, Rio de Janeiro y Belo Horizonte. Su última esperanza es, en el segundo turno, vencer y gobernar una capital, la ciudad de Pôrto Alegre, con el joven liderazgo de Manuela D´Ávila. El PSB (Partido Socialista Brasilero) y el PDT (Partido Democrático Trabalhista), que son de centro-izquierda, también tuvieron caída en el número de prefeitos y vereadores.

El mejor desempeño relativo en la izquierda es el del Psol (Partido Socialismo y Libertad). El partido obtuvo vereadores de los más votados en varias ciudades, aumentando su presencia en los legislativos municipales - 6 vereadores en São Paulo y 7 en Rio de Janeiro. Además de eso, probablemente vencerá en la capital de Pará, Belém, y disputa São Paulo con  su ex-candidato a la presidencia, Guilherme Boulos. Si triunfa en São Paulo, el Psol rivalizará con el PT en la escena política nacional.

Sobre la fragmentación, el mejor ejemplo es el de Rio de Janeiro. La izquierda quedó afuera de la segunda vuelta y sus candidatos sumados (PDT, PT e Psol) obtuvieron un 25,81% de los votos contra 21,90% del segundo colocado. Sin la inocencia de creer en esa cuenta matemática simple, el hecho es que se el candidato hubiese sido el Diputado Federal Marcelo Freixo, del Psol, que casi ganó las elecciones de 2016, con el apoyo del PT, PC do B, PSB y PDT, la izquierda seguramente estaría en condiciones de gobernar Río.

Tradicionalmente, en Brasil, las elecciones municipales son consideradas por los analistas políticos como un termómetro para la elección nacional de Presidente, Gobernadores, Senadores y Diputados. Aún mostrando aspectos locales, las elecciones de prefeitos y vereadores configuran la red de apoyos y demuestra tendencias del electorado. Siendo así, qué esperar de 2022?

Si la izquierda permanece fragmentada para las próximas elecciones, será imposible reconquistar la presidencia de la República. Y más, alcanzados por la cláusula de barrera vinculada al desempeño electoral, algunos partidos pueden desaparecer, ya que es jurídicamente imposible la formación de un frente partidario que los abrigue.

La única solución es pactar un programa político y la aglutinación en torno a una candidatura viable. El elector brasilero parece haber señalado con las elecciones del domingo que puede hacer las paces con el campo progresista y que se cansó de Bolsonaro. Pero, mantenida la fragmentación, lo más probable es que deposite sus esperanzas en las urnas en 2022 en un candidato de centro, por encima de la polarización política brasileira de los últimos años. 


[1] Historiador, abogado y profesor universitario brasileiro.

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