filename

Andrea Terceros Hans [1]

El pasado 18 de octubre, al fin se llevaron a cabo las elecciones generales en Bolivia después de que el gobierno de facto de Jeanine Añez suspendiera las mismas en 3 ocasiones, logrando así quedarse durante casi un año en el gobierno cuando su mandato debería haber durado tan solo 3 meses.

Casi un año tuvimos que aguantar uno de los errores históricos más nefastos de Bolivia: el gobierno de Añez a la cabeza de Arturo Murillo, Ministro de Gobierno y maestro titiritero de Añez. De manos de ambos, el pueblo boliviano tuvimos que encarar no sólo la reinstalación de la ultraderecha en el gobierno si no tres masacres: Sacaba, Senkata y Ovejuyo que dejaron un saldo de más de 30 muertos y decenas de heridos; escándalos de corrupción en plena pandemia por COVID-19, mientras vaciaban las arcas del Estado, la gente moría por falta de insumos; la violencia impune ejercida por grupos paramilitares como la autodenominada “Resistencia Juvenil Cochala” con el auspicio del gobierno de facto; la vulneración del carácter laico del Estado reemplazando la Constitución Política del Estado por la biblia; entre otros actos funestos.  Casi un año de terror que se lo debemos a Evo Morales y la entonces cúpula del MAS, que de haber respetado el resultado del referéndum constitucional del llamado 21F (21 de febrero de 2016) no hubiera sido necesario que nos entreguen en bandeja de plata a la derecha rancia y oligarca.

Los resultados del 18 de octubre fueron contundentes, ganó nuevamente el MAS a la cabeza de Luis Arce y David Choquehuanca con más del 55% de votos, pero debe quedar claro que una gran parte de ese 55% es un voto prestado, en algunos casos hasta un voto de confianza, ante la desesperante situación de no tener más que derecha y ultraderecha en la papeleta electoral. Por tanto, el nuevo gobierno del MAS tiene la responsabilidad de estar a la altura de responder a ese voto y para ello era necesario dejar atrás al caudillo, pero no, los egos de Evo y Álvaro son más fuertes y tuvieron que montar todo un circo para su llegada.

Entonces, ahora que están aquí y que seguramente estarán susurrandole a la oreja a Arce, que quede claro que tienen una deuda pendiente principalmente con las familias de las víctimas de las masacres; pero además, tienen una deuda con todo el pueblo que tuvimos que sufrir la violencia estatal, la corrupción y la inoperancia de Añez, Murillo y sus secuaces. El pueblo merece justicia y una reparación integral.

También, debe quedar claro que este retorno del MAS al poder por mandato popular no quiere decir “borrón y cuenta nueva”, no, porque Chaparina no se olvida, así como tampoco se olvida Takovo Mora, ni el TIPNIS, ni el paquete incendiario, ni los mega proyectos ecocidas. Basta de instrumentalizar a la Pachamama y a los pueblos indígenas en el discurso mientras saquean y violentan sus territorios, sus vidas y su dignidad.

Y por último, el nuevo gobierno arrastra la deuda de absolutamente todos los gobiernos con los derechos de las mujeres: la efectiva implementación de la normativa existente y la elaboración de política pública destinada a garantizar vidas libres de cualquier tipo de violencia, incluyendo la penalización del aborto porque las muertes por abortos clandestinos son feminicidio de Estado. Pero claro, qué podemos esperar si reciben con los brazos abiertos a su caudillo que año tras año en repetidas ocasiones ha dejado muy en claro que para él las mujeres somos un objeto transable y desechable más.

Pero ojo, las mujeres y los movimientos feministas nos declaramos vigilantes y estaremos fiscalizando cada uno de los pasos del nuevo gobierno y del actuar del MAS como instrumento político, están en deuda con nosotras,


[1] Integrante de la colectiva feminista Warmis en Resistencia - Espacio de Mujeres, de la Articulación de Mujeres y Feministas Pluridiversas de La Paz y El Alto. Bolivia.

Compartir

Comentarios