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En la noche del pasado 19 de noviembre, víspera del Día de la Conciencia Negra, fecha que celebra la lucha, la resistencia y la presencia del negro en Brasil, un hombre negro fue golpeado hasta la muerte por guardias de seguridad del supermercado Carrefour en la ciudad de Porto Alegre, luego de un altercado en la tienda. Las imágenes de la golpiza y de la atención de los médicos, sin éxito, ganaron las redes sociales y generaron inúmerables protestas en todo el país.

Tradicionalmente, hay manifestaciones del movimiento negro el día 20 de noviembre y, frente a lo ocurrido, fueron direccionadas contra la empresa francesa. En Porto Alegre, la tienda en la cual ocurrió el asesinato, aún cuando estaba cerrada, fue invadida por los manifestantes, que fueron contenidos por la policía. En la ciudad de São Paulo, un local de Carrefour en las proximidades de la Avenida Paulista también fue blanco de los manifestantes y hubo un principio de incendio.

La brutalidad de las imágenes y el uso de la violencia contra los negros en Brasil podría justificar la repetición del blacklivesmatter y los incendios en ciudades brasileras. Al menos, se observa un repudio general de la sociedad brasilera por el acto en sí y por la dimensión simbólica de haber ocurrido en vísperas de una fecha tan importante para los negros y negras brasileras.

Pero, como dicen sobre la complejidad del país, Brasil no es para principiantes. El Presidente de la República, Jair Bolsonaro, decidió no comentar el caso y dijo, entre otras afirmaciones, que era daltónico: no existiría, para él, diferencia entre colores. El Vice-Presidente, general retirado Hamilton Mourão, fue aún más lejos. Para el segundo hombre de la República, no hay racismo en Brasil y la golpiza, seguida de muerte, de João Alberto no tendría conexión con la discriminación racial. Irónicamente, en una foto que circuló en las redes sociales, aparece la imagen de la reunión del Estado Mayor del Ejército: no hay un solo negro presente entre dos decenas de militares.

Es increíble como sectores de la sociedad y del gobierno insisten en negar el trato desigual dispensado a los negros y negras en Brasil. El mito de la democracia racial está aún muy presente en los discursos que niegan el racismo. Por ese concepto, que tiene entre sus formuladores a Gilberto Freyre y su obra de renombre Casa Grande & Senzala, de 1933, la presencia de la esclavitud en el país no habría sido tan brutal y habría dejado como legado una sociedad mestiza y harmónica.

En los años 2000, el periodista Ali Kamel, hoy director de periodismo de la principal TV brasileira, la Rede Globo, escribió un libro titulado No Somos Racistas. Una reacción a los que quieren transformarnos en una nación bicolor. En él, el autor reacciona a la política de cuotas propuesta por el gobierno de la época y dice que las políticas afirmativas dividirían al país y eliminarían las características armónicas de nuestro mestizaje.

As estadísticas demuestran, con todo, que ese reiterado mito de la democracia racial es una falacia. Según datos del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE), en 2018, negros y pardos, en promedio, tenían un ingreso domiciliar per cápita de R$ 934 y los blancos R$ 1.846; la tasa de desocupación entre los negros era de 14,1%, contra 9,5% entre los blancos; 15,4% de los blancos vivían en la pobreza y el porcentaje llegaba a 32,9% entre negros y pardos.  El anuario estadístico del Fórum Brasilero de Seguridad Pública, año base 2017, revela que el 75% de las personas muertas en intervenciones policiales eran negras. Por fin, según el sistema de informaciones estadísticas del sistema penitenciario brasilero, hay 750 mil detenidos en el país: 67% son negros y 32% blancos.

Casos como el del asesinato de João Alberto en el Carrefour –el sexto caso de violencia en esta red comercial en los últimos años– deben servir para que la sociedad brasilera debata el racismo estructural que en ella existe. La negación solo lo alimenta. Siempre es bueno recordar, también, que  Brasil fue el último país en abolir la esclavitud en las Américas, en 1888.  La lucha del movimiento negro por igualdad, consecuentemente, será aún muy larga y merece el apoyo de todas las personas mínimamente pensantes que existen en Brasil.

Autor: Renato Soares Bastos

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