filename


Se nos murió Neruda, se nos murió García Márquez, se nos murió Picasso, se nos murió Cortázar, se nos murió Chaplín, se nos murió Chávez, se nos murió Fidel, se nos murió Voltaire, nos mataron al Che y nos mataron a Allende y a Rosa Luxemburgo y a Olof Palme y a Torrijos y a García Lorca; se nos murieron Gardel y el Diego, todos ellos, por revolucionarios, perseguidos hasta la muerte y atacados después, pero la muerte fue el momento en que todos, incluso quienes los mataron, eligieron para empezar a cooptarlos ya sin que las nuestras pudieran resistirse y responder. “Mentira ese lamento”, dijera Lepera.

En Paraguay se nos murió Artigas, en Paysandú nos fusilaron a Leandro; de pie, ha muerto Batllle, ha muerto Lenin, también Mao y Ho Chi Ming, se nos murió Seregni y hoy, se nos muere el Taba. “Quiero que me recuerden como un Presidente serio y responsable”, dijo. Fue más que eso, pero esa fue su última voluntad. Así que ahí le va. Justo el martes, le decía a mi hija, médica, “con el Taba de Presidente, de esta pandemia salíamos con cero muerto y en dos meses afuera bailando”. Eso lo sufrió nuestro líder con toda su responsabilidad. Lacalle fue a hacerse una selfie con él pero fue a no darle bola. “La responsabilidad es siempre revolucionaria”, decía Eduardo Bleier. Y la responsabilidad es lo que más cansa.

EL FRENTEAMPLISTA SOCIALISTA TABARÉ

Mala parte de su trabajo como periodista estrella de El País, el talentoso Carlos Maggi la dedicó a demostrar que “Tabaré Vázquez nada tiene que ver con los socialistas europeos, porque el programa del FA es opuesto a los de la socialdemocracia”. Según Maggi, quien representaba en Uruguay la sabiduría política de la civilización era Julio María Sanguinetti. Algo de cierto había en que el Sangui era el preferido de tipos como Felipe González, pero se trataba de una certeza fugaz, como fue momentáneo el amor que el “Isidoro” sevillano les tributara a José Díaz y al Polo Gargano (cuando le llamo Isidoro no es por Isidoro Cañones, el “botarate” personaje de Dante Quinterno, sino porque “Isidoro” era el nombre clandestino de Felipe González). Cuando todavía le llamaban Isidoro, los socialistas uruguayos tuvieron algo que ver con el diseño desde Barcelona de la plataforma de lanzamiento del nuevo PSOE. Antes  que una hechura de Billy Brant, como han sostenido sus biógrafos oficiales, para desmarcarlo, con Bernstein, de los rescoldos revolucionarios que portaba Tierno Galván (por ni mencionar a Largo Caballero, Arniches, Indalecio Prieto…), “Felipillo” fue el producto de un crisol de experiencias políticas, entre las que pudo contar, probablemente, la de nuestro imprescindible José Díaz. Pero en años de lobby del  Partido Colorado en la Internacional Socialdemócrata y del afianzamiento de inversiones estratégicas españolas en América, Felipe González iba del aeropuerto de Carrasco a la estancia de Anchorena, sin pasar por ninguna Casa del Pueblo y se dejaba usar ideológicamente por el Sangui contra sus antiguos patrocinadores de izquierda. Al Frente Amplio, si te he visto no me acuerdo. 

Tabaré Vázquez fue una expresión de ese socialismo nacional uruguayo, que supo estar contra la guerra imperialista del 14, siguiendo a Jean Jaurés. Por seriedad y responsabilidad, trascendió su papel de Comité Central del Partido Socialista, para ayudar a salvar al Frente Amplio de la secesión del 89, cuando la escisión del PGP (el más votado de la coalición en 1984) y del PDC (el más votado en la anterior, 1971), pareció por un instante que nos condenaría a un rol meramente testimonial.

Tuve con Taba coincidencias y discrepancias, ni más ni menos que con los otros dirigentes de nuestra fuerza política, porque las personas somos todas distintas y nuestra fuerza está en la unidad de la diversidad. Así que voy a tomarme la licencia de recordarlo también en el humor (que es la más seria de las disciplinas). En diciembre de 2004 le ofreció a Jorge Batlle la embajada en Washington. Cuando éste se lo creyó, le aclaró que era un chiste. Serio y responsable.

LOS VIEJOS ENEMIGOS

La última voluntad de Voltaire fue que no le llevasen un cura para una extremaunción que lo enemistase con el diablo. “No es momento de hacerme de nuevos enemigos”, dijo, cuando todos los reinos e iglesias lo aborrecían. Tuvo ese humor seriamente responsable.

El Taba fue amigo de Chávez y de Fidel (especialmente de Chávez), pero no va a salir Macron a decir que esas amistades marcaron la derrota de Vázzquez, tal dijo de Maradona. Tabaré Vázquez fue líder sereno, serio y responsable. Elegido por el pueblo para que le concitara consensos especiales que le permitieran dirigir. Cumplió a cabalidad, desde su deslumbrante campaña del 89 a Intendente (“llegó Perón”, me dijo Legnani al oído cuando el Taba arribó al acto final, demorando diez minutos en poder bajar del auto y llegar al estrado, ante la aglomeración de esperanzas y uruguayos), hasta hoy mismo.

Fue masón pero no va a denostarlo el Arzobispo, cual lo hizo en el velorio de Gardel por ser Gardel afiliado por Guigour al Partido Socialista, el Gardel amigo de Palacios y por haber hecho las declaraciones más efectivas de aquella dura campaña a favor de la Ley del Divorcio, “yo no puedo estar a favor del divorcio porque estoy en contra del matrimonio”. Tabaré Vázquez se opuso al aborto con una convicción propia irreprochable comparable a la de Gardel y un fervor similar al religioso de María Auxiliadora Delgado (eterna compañera, que se le fue hace poco) y al de su hijo seminarista, pero acató el primer Presidente nacional frenteamplista, el veredicto popular, imponiendo la Ley de Salud Reproductiva, que salvó vidas y evitó abortos, dañando el negocio de los clandestinos.

Ni qué decir del negocio de las tabacaleras yanquis. Le ganó un juicio a Philip Morris.

Nuestros enemigos no pudieron destruir el consenso que nuestros grandes artistas concitaron (Gabo, los tres Pablo,  queremos tanto a Julio, Carlitos Chaplín, Idea Vilariño…,) con sus vidas. Aparte del alivio de que las nuestras ya no podían defenderse, nuestros enemigos no tuvieron más remedio que disputar la dirección de esos consensos y la producción de sentidos comunes. Ningún dignatario del mundo, de ninguna gran potencia, ni siquiera entre quienes mataron a nuestros mártires políticos, dijo exabrupto semejante al de Emmanuel Macron, Presidente de Francia, en su mensaje fúnebre sobre Maradona, ni los denostaron en el velorio (Monseñor Francesci a Gardel). Las figuras de consenso, salvo excepciones, gozan de ese momento unánime de lamento, pero tratándose de un político, la seriedad y la responsabilidad se mide en su legado político al preciso momento de morir.

Tabaré Vázquez deja un Frente Amplio fuerte y unido, con una generación de epígonos superior a la generación anterior, tal debe ser la evolución de la historia, según la concebía el progresista oncólogo de La Teja, Presidente de Progreso, fiel a la ciencia, compañero Vázquez, hasta la victoria siempre.

“¡Aquí no se rinde nadie!”, nos ordenó el Taba en la derrota del año pasado.

Los sueños están intactos, ardientes los abrazos de aquel noviembre de 2004, para volver a gritar, en 2024, ¡festejen, uruguayos, festegen!

Hoy se sembró el Taba. Junto al Polo, a Cardozo, a Vivián y a Frugoni. En el surco del general Seregni, el trillo de Chiflet, Rodney, Terra, Zelmar, Erro, Bonavita, en la senda del general Artigas, porque Artigas volvió con el Frente, a darle privilegios a los más infelices y no a los malla oro.

En lo personal, la certeza de que en la eternidad, la barra del Pistola Marsiscano va a estar hinchando bullanguera por el Taba para que salve siempre su último examen. 

Autor: Joselo Olascuaga

Compartir

Comentarios