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Los resultados de la segunda vuelta de las elecciones municipales brasileras, que se realizaron el pasado domingo 29 de noviembre, confirmaron la consolidación de los partidos de centro derecha, con excepción de la ya esperada victoria del Partido Socialismo e Liberdade en la ciudad de Belém do Pará y la disputa dentro de la propia izquierda en Recife. En el resto de las ciudades en que hubo segunda vuelta, la victoria de la izquierda fue minoritaria.

El Partido dos Trabalhadores queda, por primera vez en su historia, sin gobernar una capital de los 26 estados brasileros. El partido obtuvo victorias en ciudades medias importantes en el segundo turno, pero en el cómputo general sale reducido del pleito electoral. Sin duda, aún es el mayor partido de izquierda de Brasil, aunque su liderazgo será mucho más cuestionado.

Los comunistas tenían en la segunda vuelta la esperanza de gobernar la ciudad de Porto Alegre. La candidata del PC do B, Manuela D`Ávila, enfrentó una campaña dura, con la unificación de los sectores conservadores y muchos casos de fake news. Se llegó a divulgar que, en caso de ser electa, Manuela distribuiría carne de perro a los niños y niñas en las escuelas públicas. Con 46% dos votos, amarga su tercera derrota en el intento de gobernar la capital gaúcha.

El Partido Socialista Brasileiro tuvo como gran destaque la victoria de João Campos, hijo del fallecido líder Eduardo Campos y bisnieto del líder histórico del partido, Miguel Arraes. Incluso, la disputa en Recife se dio en un ambiente familiar: su oponente era la nieta de Arraes, Marília Arraes, que concurrió por el PT. La disputa por la prefeitura y por la herencia familiar significó fracturas en la izquierda local que serán de difícil resolución. En el mismo sentido, el Partido Democrático Trabalhista de Ciro Gomes obtuvo una victoria importante contra el bolsonarismo en la capital de Ceará, Fortaleza, que es  su Estado. El  candidato de Ciro tenía el apoyo de toda la izquierda, inclusive del Gobernador del Estado, Camilo Santana, que es del PT.

Resta hablar del Partido Socialismo e Liberdade. El partido fue la gran novedad electoral de estas elecciones, habiendo obtenido bancadas significativas en capitales importantes y llegó al segundo turno en dos capitales: Belém y São Paulo. La victoria en Belém era esperada y le da una segunda oportunidad de gobierno de una capital al partido. Ahora, la campaña en São Paulo fue el centro de las atenciones. Guilherme Boulos obtuvo 40% de los votos y no venció, pero su campaña entusiasmó a la militancia de izquierda que retornó con altivez a las calles. En su discurso de derrota, afirmó que esta elección era solo el comienzo y no el fin de una jornada.

Las campañas de Boulos, Manuela D`Ávila y Marília Arraes, a pesar de derrotadas electoralmente, volvieron a encender la esperanza de la militancia. Dicho de otra forma: fueron candidatos que atrajeron a la militancia de izquierda, principalmente los jóvenes, y renovaron el buen sentimiento de la participación política. Son campañas que simbolizaron la esperanza de un Brasil mejor. No en vano, algunos análisis apuntan hacia una derrota con sabor a victoria.

Los datos de las urnas apuntan,  por otro lado, hacia una realidad dura. Sumados, PT, PC do B, PDT y PSB, gobernarán un poco menos de 15% de las prefeituras de las ciudades brasileras. Eso significa tener una porción del presupuesto municipal diminuta y menos bases de apoyo para 2022. Los sectores conservadores tradicionales, como el MDB, PSDB, PP, PSD y DEM, se quedaron con una mayoría significativa de prefeituras. El PSDB gana São Paulo y se afirma como uno de los grandes competidores del próximo pleito.

La disputa de relatos hace parte del juego. Los medios y los sectores conservadores dan relevancia a la derrota de Bolsonaro y del Partido dos Trabalhadores; parte de la izquierda sustenta la necesidad de autocrítica; otra parte adopta la retórica de la esperanza; el bolsonarismo se siente contento con el ocaso del PT y se lanza a los brazos de la centro derecha.

En modesta opinión, tenemos que llamar a la derrota de derrota. La izquierda perdió y tiene que evaluar las causas más profundas para el mal desempeño electoral. Sin embargo, no se puede negar que la izquierda fue más competitiva en 2020 que en 2016, recuperando la militancia. Y eso ocurrió, principalmente, donde tuvo liderazgos jóvenes y caminó unida.

Autor: Renato Soares Bastos

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