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Maracaná no es un mito. Es un gigante estadio de fútbol, donde en 1950 el fútbol uruguayo concretó su cuarto título mundial, de camino a seguir siendo un sorprendente caso, hoy secular, de lograr más con menos, pero el mito de Maracaná también existe.

El capitalismo no es una religión, ni una ideología ni el más exitoso de los crímenes organizados. Es un modo de producción. Es el modo de producción en que estamos muriendo hasta el momento. Esa es su función. Las máscaras con que se presenta son indicios, pero algunas existen mitológicas.

Las máscaras del capitalismo son las de un modo de producción dominado por una clase social, la burguesía, en su última fase, la imperialista, concentrando el poder económico en oligarquías oligopólicas nunca antes vistas, pero sí previstas en sus tendencias por una fuerza política que, en 1971, unió a todo lo perjudicado en Uruguay por el imperialismo y la oligarquía, para hacer de esa unidad opción de gobierno y de poder: el Frente Amplio. Y existe y permanece y es concreto, es verdad y así ha de seguir siendo mientras no puedan quemarle la piel las máscaras del imperialismo.

EN CONCRETO Y EN CONTEXTO

El imperialismo encubre sus intereses de clase publicitándose imaginación, idea, Dios, ocultando que sigue siendo fundamentalmente el modo de producción capitalista en su última fase. Hace décadas que está perdiendo sus últimas ideas, dioses e imaginaciones, tras las derrotas o estancamientos de sus agresiones militares, pero, sin embargo, en Uruguay hoy nos gobierna una de sus agencias de publicidad, blindada por la plutocracia mediática del oligopolio oligárquico, mientras el Frente Amplio hoy cumple cincuenta años, con menos poder que el que logró acumular antes de ser gobierno nacional (lo fue desde 2005 a 2020), y con muy poquito más gobierno que después de obtener la intendencia capitalina desde 1989. Necesita repensar que sus mitos, religiones e ideales contrahegemónicos, están determinados por los intereses de aquella base material, social, de clases y sectores de clase unidas, que señaló el general Seregni el 5 de febrero de 1971, en los ejes pueblo u oligarquía, patria o imperialismo. Necesitamos salvar la piel.

Las necesidades son las mismas desde Artigas pero los derechos se conquistan o se reconquistan para cada necesidad, porque si no se lucha o si se le entra al trapo en vez de al torero, los derechos se pierden, aunque las necesidades continúan.

Estos siguientes cincuenta años tienen que ser de lucha con vocación de poder. Más autocreación, que el dueño de su historia es nuestro pueblo, y menos autocomplacencia.

SEGUNDAS PARTES SON MEJORES

Los segundos cincuenta años del FA empiezan hoy, con la recolección de firmas para anular la LUC, y con la inauguración de Esdrújula, el primer canal televisivo uruguayo por streaming completo en su grilla, porque “nada debemos esperar sino de nosotros mismos”, Artigas otra vez.

Ya pagamos demasiado cara la ilusión de que un compromiso de facto con ANDEBU, nos serviría de atajo. Le sirvió al enemigo para marcarnos la agenda, elegir nuestros cuadros, formarlos y disciplinarlos. Hoy es el día de empezar a elegirlos, formarlos y disciplinarlos, con nuestra agenda, nosotros mismos.

Se respira este aire inaugural que nos devuelve aquel del 71. De movimiento y coalición, una creación original de la izquierda uruguaya, que la unió por debajo y por encima del acuerdo sectorial, con el despliegue de la bandera de Otorgués, semejante bandera artiguista copando las calles de la patria para siempre, desde lo más revolucionario de nuestra historia, el Reglamento de Tierras de 1815, “que los más infelices sean los más privilegiados”, Artigas, una vez más, el demócrata republicano federal patriota grande y libertario e indigenista radical, “la libertad en toda su extensión imaginable” y “estas tierras pertenecen a los pueblos originarios por derecho propio…”. Nadie fue más lejos que él en libertad y justicia.

5 de febrero de 1971 fue la primera vez que se cantó en nuestra calle “si esto no es el pueblo/ ¿el pueblo dónde está?”, consigna que dice exactamente, “si el Frente no está en el pueblo, ¿el Frente qué es?”.

Y se dijo, “paz para los cambios y cambios para la paz”. “Somos una fuerza constructora; obreros de la construcción de la patria del futuro”.

ALGO DE CADA UNO

Obreros de la construcción. Yo me afilié recién en 1980. El aire era ominoso. Hacía años que lo miraba de afuera, la ñata contra el vidrio. Y parecía como esas cosas que nunca se alcanzan. Seregni estaba preso desde el 73 y hoy sabemos que cientos de compañeras fueron asesinadas, miles de compañeras estaban presas, eran torturadas, decenas de miles en el exilio, otras calladas, bajo el ala del sombrero una lágrima asomada, o hablando bajito. Una vez, una me dijo bien bajito que los comunistas estaban bastante organizados en la clande y trataban de reorganizar la CNT, el Frente, la FEUU y la FES, pero cuando le pedí la afiliación, me respondió que él no tenía enlace, lo sabía por pintadas, información boca a boca, sabido en el exterior. Pasaron dos años y a principios del año lectivo del 80, un amigo mío encontró en su liceo a un compañero que distribuía Líber Arce y enseguida nos afilió. El aire era ominoso pero la resistencia crecía.

Cada uno tiene su historia con el Frente, en el Frente o desde el Frente, sus críticas (la crítica es lo primero a ganar, empezando por no regalársela al enemigo), sus expectativas cada cual, sus apegos de cualquier signo y, sobre todo, su experiencia de lucha, desde el Cerro a Bella Unión. La experiencia de ahora mismo, la de los gurises que encaran nuevamente resistir y a redoblar.   

Y a redoblar también la apuesta.

CONSTITUYENTE Y MÁS DEMOCRACIA

Se requiere un Frente Amplio constituyente cuando debemos revertir la extranjerización de nuestra tierra, porque un Estado-nación sin territorio desaparece, cuando debemos democratizar los medios y la justicia porque no alcanza con elegir por voto popular a sus víctimas o delegados.

Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, avanzando la democracia, construyendo nuevas bases donde sustentarla. No hay frenteamplista que no coincida con este principio democrático y, sin embargo, Vargas Llosa, más de afuera imposible, con aplausitos de dedos, mirando hacia otro lado, dice lo obvio, que entregamos la Presidencia perdida en elecciones por estrecho margen.

Todas las fuerzas políticas populares de nuestra revolución continental (porque nuestra revolución es continental o es derrota) entregaron las presidencias perdidas las presidenciales y todos los órganos de gobierno perdidos en elecciones. Entregó el chavismo la Asamblea Nacional en 2016 e iba a entregar la Presidencia en 2018 si la perdía, que seguramente la hubiese perdido si hubiera participado toda la oposición, tal cual entregó el sandinismo el gobierno en 1989, pero en Nicaragua los yanquis, al ganar la derecha, tuvieron que deponer la guerra, desarmar la contra. En Venezuela hubiesen tenido que levantar las “sanciones” si Maduro perdía la Presidencia; por eso no se presentaron a las presidenciales. Vargas Llosa, en 2019, medrando de la derrota presidencial del FA, nos cortejaba para acusar a todas las izquierdas de la región que no perdieron presidenciales en este ciclo progresista del siglo XIX, Venezuela, Bolivia, Ecuador, los tres del ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América) por mayor integración nuestroamricana e impulso constituyente.

¿A quién miraba entonces por defecto, Vargas Llosa? Ahora sabemos que a Trump, a USA. El intelectual de los banqueros se anticipó.

Dice él considerarnos su izquierda preferida después de la de Bachelet. No duele la difamación viniendo de él, al contrario; pero necesitamos aumentar las evidencias de que miente.

No prefiere MIDES, no prefiere Sistema Nacional de Salud Integrado, no prefiere más trabajadores en caja, no prefiere salarios dignos y jubilaciones dignas, no prefiere Consejo de Salarios, no prefiere educación pública de calidad y gratuita, no prefiere Ceibal y mucho menos UDELAR, no prefiere comercio exterior independiente del yanqui, no prefiere sindicato del peón rural, no prefiere Estado fuerte y presente y con reservas, ni siguiera es cierto que prefiera salud reproductiva, matrimonio igualitario y desmafiosización de drogas, pero que no se detenga, porque tampoco prefiere nacionalización de la tierra ni democracia comunicacional ni integración regional firme.

Él prefiere juntarse con el Borbón en La Tahona con los muebles del Palacio Santos, viajar en el avión privado del mayor oligarca brasileño dueño de tierras en Uruguay para ir a visitar a Bolsonaro, prefiere la Constitución de Pinochet que asegure una alternancia bien atada donde no se puede cambiar nada que no vaya a retroceder a su estatus quo.

Definitivamente administrar tocados en esa alternancia por la farsa del palito, no es crear poder patriótico y popular que transforme las estructuras sociales, desde el campo, desde los suburbios, sin miedo a confrontar con los poderes concentrados del capital financierista. Volveremos al gobierno o no. El destino no es manifiesto. Pero si volvemos, que sea peores para el intelectual de los banqueros, que sea más raigalmente frenteamplistas.

Vamos, General, otra vez más: “el día que me quede sin soldados, tendré los arcabuces de la sangre para pelear con perros cimarrones, por defender el rico patrimonio que guardan los bravíos orientales”.

Autor: Joselo Olascuaga

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