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Escriben:

Tamara Abracinskas

Sergio Miraballes

 

Hemos sido educados/as en una forma de amor, al cual se le definió como una práctica, pero la monogamia no es una práctica, es un sistema.

 

EL ORIGEN 

Es en la Edad Media (siglo V hasta el XV) cuando comienza la construcción cultural romántica del amor, la enorme mayoría de los mitos que refieren al amor romántico surgen en ésta época y se le fueron sumando mitos con el paso de los siglos, encontrando en el Romanticismo (siglo XVIII hasta el XIX) el momento de consolidación del mismo traduciéndose a la relación monógama.

La monogamia nace antes que el sistema capitalista, pero este se desarrolla con la necesidad de crear estructuras familiares muy concretas y para ello contó con una aliada de antaño, la religión. La monogamia trae consigo el pasaje del derecho materno al derecho paterno y algunos la ubican en la antigua Grecia.

Con la domesticación de los animales, la cría de ganado, surge la división sexual del trabajo y con ella se dio que el hombre debía procurar la alimentación y los instrumentos de trabajo necesarios para ello, por consiguiente eran de su propiedad y en caso de separación se los llevaba consigo, de igual manera que la mujer conservaba sus utensilios e instrumentos necesarios para sus tareas domésticas. En la gens el padre era propietario de las herramientas, los esclavos y el ganado, pero sus hijos no podían heredar, ya que la descendencia se contaba sólo por la línea femenina y la ley primitiva de herencia de las gens determinaba que los bienes cuando alguien moría pasaban a los consanguíneos por línea materna. Por ejemplo cuando el padre moría sus bienes no los heredaban sus hijos, pasando sus rebaños, herramientas y esclavos a sus hermanos y hermanas y a los hijos de estas o a los descendientes de las hermanas de su madre, de esta forma sus propios hijos eran desheredados.   

A medida que aumentaba la acumulación de bienes, y la riqueza que esto le generaba a los hombres, se posicionaron en un lugar de mayor importancia que la mujer y comenzaron a valerse de esta ventaja para modificar el orden de herencia establecido, fue así que se dió origen a “Aquella revolución -una de las más profundas que la humanidad ha conocido- no tuvo necesidad de tocar ni a uno solo de los miembros vivos de la gens. Todos los miembros de ésta pudieron seguir siendo lo que hasta entonces habían sido.” [1]

“«Casuística innata en los hombres la de cambiar las cosas cambiando sus nombres y hallar salidas para romper con la tradición, sin salirse de ella, en todas partes donde un interés directo da el impulso suficiente para ello» (Marx). Resultó de ahí una espantosa confusión, la cual sólo podía remediarse y fue en parte remediada con el paso al patriarcado. «Esta parece ser la transición más natural» (Marx). Acerca de lo que los especialistas en Derecho comparado pueden decirnos sobre el modo en que se operó esta transición en los pueblos civilizados del Mundo Antiguo”[2]

“El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida.” [3]

Como vemos en la etapa del origen del patriarcado la virtud de los hombres era el amor determinado por los vínculos de sangre.

El amor existía entre amigos, entre hermanos y hermanas, entre miembros de una tribu, una gens. Este amor era considerado superior al amor que podía expresarse en la monogamia. Las hazañas de los héroes están determinadas por el amor a sus vínculos sanguíneos y amigos, Paris es condenado y origina la Guerra de Troya por realizar una hazaña en nombre de su amor por Helena escapándose con ella y esto es castigado por los dioses causando una enorme cantidad de tragedias.

Durante el feudalismo el matrimonio justamente no era consecuencia del amor sino por el cumplimiento de los deberes de un miembro de la familia, eran los intereses de esta los que llevaban al hombre a casarse con una mujer, que estaba determinado por el acuerdo de los padres de familias y que tenía como único objetivo unir el poder y las riquezas, cabe recordar que si un hombre decidía (la mujer no tenía la facultad de elección) casarse o tener un vínculo amoroso con una mujer que no fuera con el objetivo de mantener el poder aristocrático, podía terminar siendo considerado un paria, la norma era que la riqueza se casaba con la riqueza.

A los caballeros se les exigían virtudes como la bravura, la intrepidez, etc. ya que en esa época no era la táctica sino la destreza en el campo de batalla lo que marcaba la diferencia, siendo las virtudes individuales las que determinaban las victorias de los ejércitos o el triunfo en los torneos, por lo cual aquellos caballeros enamorados de princesas o reinas, mujeres “inconquistables”, eran los que realizaban sus máximos esfuerzos para demostrar sus habilidades arriesgando sus vidas, sacrificándose en nombre de su amada.

Estudiando el origen de la Inquisición nos encontramos con las acusaciones y persecuciones a las mujeres acusadas de brujería, a las cuales se las torturaba, se las asesinaba, se las condenaba a ser quemadas vivas en las hogueras, hogueras que varias veces eran iniciadas con hombres homosexuales, porque la sodomía era otra de la prohibiciones que junto a la bigamia (casarse teniendo vigente un matrimonio anterior) eran denunciadas también como herejías. Es así que la Iglesia Católica ayuda a afianzar en la cultura el sistema monógamo, avalando la jerarquía de un género sobre otro, y así, afianzando más el patriarcado.

La monogamia da lugar al cambio en la ley de herencias y juntas dan origen al sistema patriarcal, que se perpetúa en el sistema capitalista y que por medio de la vía romántica nos hemos pasado y nos pasamos la vida persiguiendo una utopía, como lo es la de vivir el pleno amor por medio de una relación cerrada, únicamente de dos personas, relación legitimada por la reproducción. La mujer es entonces situada como “fábrica de mano de obra” que el propio sistema capitalista necesita para poder explotar, consolidando cada vez más su opresión. Sin olvidar que la estricta monogamia ha sido así sólo para las mujeres. 

 

COLONIZACIÓN Y CONQUISTA

Las características de la monogamia son: la exclusividad, la inseguridad, la posesión, la rabia, el dolor, la sospecha, el control. Mientras que las características del amor son: la felicidad, el cariño, el sexo deseado o consensuado, los cuidados, la solidaridad, la comprensión, el compañerismo, el apoyo. 

Evidentemente la monogamia es un mandato que lejos está de garantizar la presencia del amor y mucho menos del amor eterno.

Si desglosamos el amor de cualquier pareja, podemos ver que se encuentra formado por un triángulo que une a la fidelidad, el amor romántico y la monogamia, lo que claramente nos permitirá identificar al “capitalismo emocional”. El amor romántico o mejor dicho, como lo llama Briggitte Vasallo, el “Amor Disney” utiliza una terminología que es propia de las lógicas de colonización y conquista, tan bien encastradas en las estructuras del capitalismo:

“La/o conquistaré”, “soy tuya/o”, “eres mía/o”, “te debo todo”, “te debo mi vida”, “te he dado todo”, “me ha robado el corazón”, “me las pagarás”, “eres solo mía/o”, “nadie me la/o robará”.

 

ES NECESARIO UN CAMBIO DE PARADIGMA.

Estamos en una etapa de la historia de la humanidad en la cual nos encontramos disidiendo, resistiendo y llevando adelante reivindicaciones frente a la opresión y violencia del patriarcado, del capitalismo salvaje, del auge del fascismo en sus diferentes expresiones, le hacemos frente a diario a todas las formas de precarización de la vida. Es por ello que no podemos ignorar el análisis del sistema monógamo como esa herramienta extraordinaria de control social que nos ha quitado, o mejor dicho, que nos ha secuestrado desde nuestros afectos hasta nuestra sexualidad, determinando así las formas en las que vamos construyendo esa sociedad a la cual aspiramos transformar, pero que al final continuamos perpetuando las estructuras que queremos combatir.

Debemos ser capaces de encontrar y desarrollar nuevas redes afectivas alejadas del impulso romántico de buscar la media naranja, para alcanzar ser naranjas enteras, que al fin y al cabo, lleva a que la otra persona nos pertenezca.. Es por ello que si nuestra “mitad” se relaciona sexual y/o afectivamente con otra persona, esta otra persona nos está quitando algo que nos pertenece y por ende nos está disminuyendo como ser y se puede identificar claramente el sentido de propiedad sobre la pareja, cuando se utiliza el término “perder”, ubicando a la persona en la misma posición que los objetos.

La fortaleza teórica que tiene la felicidad de la pareja cerrada, la que se mira eternamente a los ojos y desinteresada del mundo entero, es tremendamente admirable. Es realmente sorprendente cómo esta teoría supera a la práctica, todes al menos una vez hemos conformado una pareja monógama y sabemos por más mínima que haya sido la duración de la misma, que podemos enfrentarnos a los grandes dilemas que tiene la monogamia, como lo es enamorarse de un o una compañera de clase o trabajo, del o de la vecina, o hasta de una o un amigo.

El sistema capitalista nos obliga a relacionarnos dentro de la monogamia, basta ver el costo de los alquileres y la diferencia con los salarios mínimos, alquileres que cada tres años nos tiene con la incertidumbre de un lugar habitacional, incertidumbre que es brutal si se le suma la falta de trabajo, los sueldos bajos. El capitalismo ha hecho de la precariedad la forma de obligarnos a vivir separados del resto de la sociedad llevándonos a ser una “parejita reproductora”, que apenas logre alcanzar la estabilidad buscará tener el nivel adquisitivo que le permita consumir desenfrenadamente, tal cual nos lo dice el manual de cómo es feliz la familia nuclear o la pareja normativa.

Necesitamos alcanzar la capacidad de jugarnos el corazón y los afectos en construir otras formas de vincularnos, alejadas de la lógica de jerarquización de la pareja o familia por encima del resto de los afectos, incluso de la amistad. Es necesario alcanzar un esquema de horizontalidad, eliminar la jerarquía entre los afectos.

La otra “alternativa” planteada es el poliamor, lo cual no podemos negar que encaja a la perfección dentro del discurso neoliberal del consumo de cuerpos, es lineal a la lógica de consumo mercantil del sistema capitalista. Algo a tener muy presente, es que es ir por la vida atendiendo tus propios deseos no es libertad en el amor, en ese caso tenemos que replantearnos desde una perspectiva política qué significa libertad y qué debemos hacer con ella.  

Tampoco podemos conformarnos con que el paso que la humanidad vaya a dar luego de la monogamia sea el del individualismo universal, en el cual cada uno/a va por la vida consumiendo cuerpos y tirando para el costado luego de saciar sus propios deseos, porque ese sería el triunfo final del capitalismo, la no-monogamia no significa eso, significa construir nuevas redes afectivas más abiertas, más inclusivas.

“En la actualidad, el bienestar emocional de mujeres y hombres mejoraría si ambas partes adoptaran el pensamiento y la práctica feminista. Una verdadera política feminista nos libra de las cadenas y nos conduce a la libertad, nos lleva de la ausencia de amor al amor. El apoyo mutuo es la base del amor y la práctica feminista es el único movimiento por la justicia social de nuestra sociedad que crea las condiciones en las que se puede cultivar.(...) Si somos conscientes de ello, comprenderemos que el amor tiene el poder de transformarnos y nos da la fuerza para oponer resistencia a la dominación. Elegir la política feminista es elegir el amor.”[4]

El pensamiento monógamo sirve al capitalismo para evitar que desarrollemos colectividades amorosas, que seamos capaces de organizar redes de ayuda mutua, evita el enlazamiento afectivo entre grandes grupos de seres humanos. 

Cerramos con una afirmación de Briggitte Vasallo:

“El sistema monógamo es una tiranía. No es una opción: es un mandato, y es la violencia simbólica inscrita en ese mandato la que nos impide escoger maneras diferentes incluso cuando creemos escogerlas. En ocasiones nos toca la lotería de la vida y los mandatos nos resultan oportunos, cómodos, pero eso no los convierte en opcionales.” 

 

 

 

[1] El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado_Friedrich Engels 1884

[2] Idem

[3] Idem

[4] El feminismo es para todo el mundo - Capítulo 17 “Volver a amar. El corazón del feminismo”_ bell hooks

 

Autora: Tamara Abracinskas

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