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Escribe: Víctor Carrato

A un año de desatada la pandemia de la Covid-19 resulta útil tratar de sintetizar qué hemos aprendido en este tiempo, si es que algo hemos aprendido.
Algunos no parecen haber aprendido nada porque simplemente creen que no vivimos en una pandemia, no es real o la gravedad de la misma no es elevada.

LA 'GRIPE ESPAÑOLA'
Sin embago es bueno, antes, revisar lo que se aprendio luego de la mal llamada 'Gripe Española', la influenza que dejó cerca de 100 millones de muertos entre 1918 y 1919, la más mortífera pandemia moderna.
Fue la primera epidemia con un impacto global con una tasa de mortalidad de alrededor del 10% de los infectados. 
Las condiciones vividas en las trincheras europeas durante la primera guerra mundial eran terribles. El hacinamiento, hambre, insalubridad, zozobra y muerte era el caldo de cultivo perfecto para la rápida expansión de enfermedades infecciosas y así ocurrió.
España era neutral y allí no había censura en la propaganda bélica. Por esta razón se creyó que la aparición de una enfermedad desconocida tenía su origen en la península ibérica. Las autoridades españolas creen que se encontraban solas enfrentando un impactante brote de influenza, de ahí que se le pusiera el mote de “Gripe Española”.
La causa de estas muertes era la influenza A del subtipo H1N. Su origen se ubicó en realidad en el estado de Kansas en Estados Unidos (EEUU). El virus mutó de las aves a los humanos. Su primera víctima fue un cocinero del Ejército de  EEUU.
Las consecuencias de esta panemia fueron el desarrollo de investigaciones científicas, políticas públicas para el control de enfermedades y nuevos hábitos de vida.
Se identificó, equivocadamente, una bacteria como la causante del deterioro pulmonar de las víctimas.
En 1933 se encontró al verdadero culpable, uno que hoy es ampliamente conocido: el virus.
A partir de entonces se constituyó toda una estructura internacional con instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) para coordinar una respuesta global que permita una mayor eficiencia en la respuesta a de los países a las amenazas a la salud. 
Otra lección que se sacó fue la importancia de la transparencia y de dar a conocer la información precisa. Los gobiernos y regímenes de comienzos del siglo XX no permitieron llevar estadísticas ni informar, tanto a las autoridades como al público general, sobre el desarrollo de la enfermedad.
La pandemia de 1918-1919 tuvo tres oleadas principales -coincidiendo con la fase final de la primera guerra mundial-, siendo la segunda la que causó más muertos. 
La mortalidad fue más alta entre individuos de 18 a 40 años y sin enfermedades previas, y más elevada en los hombres de este grupo de edad, con efectos devastadores para las economías de los hogares.
Según los estudios del economista estadounidense Robert Barro, de Harvard University, la reducción del PIB en este período a causa de la pandemia fue del 6%, con una contracción mayor del consumo.
En 1918 las ciudades americanas intentaron controlar la propagación de la pandemia con diversas intervenciones no farmacológicas que iban desde usar máscaras quirúrgicas a medidas de distanciamiento social con cierre de escuelas e iglesias, prohibición de reuniones públicas y aislamiento de los enfermos, que se han estudiado como un experimento natural. Las ciudades americanas que adoptaron antes las medidas de contención tuvieron mejores resultados.
Pero solo un pequeño grupo aplicó las medidas de aislamiento de manera estricta.

CUATRO LECCIONES CLAVE
Los expertos señalan que 1918 ofrece cuatro lecciones clave.
La primera es que aunque la pandemia actual sea devastadora, la pandemia de gripe española sigue siendo la peor de la historia en todo el mundo, por mucho, según E. Thomas Ewing, profesor de historia de la Virginia Tech, en Blacksburg.
La segunda lección es que hay diferencias clave entre la pandemia de 1918 y la de Covid-19.
“Entonces, ni sabían que era un virus”, dijo Ewing. “Había décadas de investigación sobre los microbios, así que comprendían que se transfería de una persona a otra a través de gotitas respiratorias, mediante la tos y los estornudos. Pero los virus no se descubrieron hasta los años 30, porque no tenían microscopios con la suficiente potencia”.
En consecuencia, las pruebas no eran solo difíciles de conseguir. Simplemente no existían.
La tercera lección es que a pesar de esas diferencias, los paralelismos entre 1918 y 2020 siguen siendo llamativos. En aquel caso no había vacuna ni tratamiento para la enfermedad, junto con un miedo primordial de que un sistema de salud abrumado podría colapsar, ahora existen varias vacunas.
La cuarta lección es que en ambas pandemias, la respuesta inmediata más efectiva era (y sigue siendo) el distanciamiento social, subrayó Christopher Nichols, profesor asociado de historia de la Universidad Estatal de Oregón, en Corvallis..

LECCIONES DE LA PANDEMIA ACTUAL.  
Uno de los más influyentes pensadores actuales es Yuval Noah Harari, historiador y escritor israelí, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Ya el viernes 20 de marzo del año pasado escribió en el Financial Times algunas reflexiones sobre el mundo después del coronavirus, inspirado en sus “21 Lecciones para el Siglo XXI”.
Harari destacó 21 puntos.
1. El teletrabajo. Aunque ya era una tendencia que estaba creciendo, nunca se había implementado de manera tan masiva como ahora. Los trabajadores, sobre todo en el sector de servicios, que hasta ahora han podido seguir trabajando, ha sido en gran parte gracias al teletrabajo. 
2. Los robots. A su vez, en el sector manufacturero, los robots seguirán ganando terreno. En momentos como este, tienen la ventaja que no se enferman. En otros, tampoco protestan, pero tampoco cotizan a la seguridad social. Cómo lidiaremos con el desempleo será una pregunta de fondo, que puede darle un impulso definitivo a los programas de renta mínima.
3. Educación digital. Tampoco es algo novedoso de por sí, pero que casi todas las universidades, incluyendo las mejores, se hayan tenido que mudar a este modelo en cuestión de semanas, es un cambio fundamental, que también nos hace cuestionar qué pasará cuando haya terminado la epidemia. 
4. El medio ambiente. Quizás una de las pocas cosas positivas de la pandemia es que ha conllevado a reducciones importantes de emisiones. No es de ninguna manera una política ambiental adecuada para lograrlo, pero quizás ver que es posible hacerlo, nos haga reconsiderar que el otrora problema más importante a nivel global, tiene solución.
5. El fin del dinero físico. Con el miedo al contagio, mucha gente prefiere ahora pagar con tarjeta de crédito o débito. Esto es algo que siempre se había argumentado y está detrás de grandes cambios como los vistos en Suecia, pero verlo en países tan apegados al dinero físico como Alemania es algo novedoso.
6. La preponderancia del internet. No es algo nuevo, pero cuando toda la economía se vuelve digital, todo contacto humano es ahora virtual, se pregunta uno cuánto de esto quedará. El sólo hecho que no hayan colapsado los servicios digitales hasta el momento es asombroso. 
7. La importancia del contacto físico. Es otra lección para recordar. Cuando esto termine podremos abrazar a nuestros seres queridos.
8. Boom poblacional. Es conocido que después de muchas guerras, como parece ser esta, incrementan los índices de fertilidad. Quedarse en casa con su pareja, probablemente conlleve a este resultado.
9. Violencia intrafamiliar. Estar en un espacio reducido con otra persona, mucho tiempo, puede también ser contraproducente. Decía Aristóteles que los humanos son animales sociales, tanto sociales, como animales, se podría agregar. 
10. Los sistemas de salud. Solamente en una crisis sanitaria como la de ahora, se vuelve tan relevante tener un buen sistema de salud. 
11. Giro a la izquierda. De manera más general, este es un momento donde dependemos del Estado. Por eso puede representar un giro hacia la izquierda, entre el valor del Estado versus el del mercado. Podríamos regresar a un estado de bienestar, como el que desmontamos durante los años 80. Algunos de los países que parece lograrán sortear la crisis como Canadá o Suecia lo hacen gracias a sus buenos sistemas públicos de salud, y esto se podría argumentar para otros campos, como los beneficios sociales. 
12. La vigilancia aumentará. Algunos gobiernos que han manejado la crisis exitosamente, como Corea del Sur y Singapur, lo han hecho gracias a la capacidad que tienen de vigilar su propia población. Israel llegó al extremo de aprobar medidas antiterroristas, que incluyen el espionaje de contagiados, para contener la transmisión. 
13. Las autocracias. También es en tiempos de crisis, como la actual, que vemos algunos rasgos positivos de tener un gobierno que tenga la capacidad de tener en cuarentena a su población, algunas veces a la fuerza. Esta capacidad de movilización, quizás solamente vista en tiempos de guerra, también nos hace pensar sobre el poderío militar potencial de algunos países, como China.
14. El siglo Chino. Quizás algunos historiadores marquen el 2020 como el inicio del siglo chino, que ya se venía consolidando. Una recuperación rápida de China, mientras el resto del mundo sigue colapsado con la epidemia, puede resultar en la consolidación del poderío de esta súper potencia asiática, aunque paradójicamente la crisis se inició en Wuhan. 
15. La discriminación. Probablemente aumentará la discriminación racial, y ya se han visto casos. El mismo Trump sigue llamando la pandemia como el “virus chino.” Cometiendo el mismo error histórico de la mal llamada Gripe Española de 1918. Es un momento donde se exacerba el nacionalismo.
16. La ciencia. La ciencia, la investigación, y los expertos, que habían sufrido en tiempos recientes, parecen recobrar valor en estos tiempos de crisis. 
17. Cambiará como viajamos. El colapso de los viajes aéreos y marítimos es probablemente algo temporal, pero nos hacen repensar sobre la manera como trabajamos y nos movilizamos en general. 
18. Los países en desarrollo. Hasta ahora se han visto menos afectados, pero tristemente sea solamente cuestión de tiempo para que la epidemia cause estragos en las áreas más pobres del planeta. 
19. El impacto económico. La crisis, es ante todo una calamidad sanitaria. Pero con las medidas drásticas que muchos gobiernos han adoptado, pronto será una debacle económica también. Ya es una crisis financiera, augurio de cosas peores por venir en términos reales. 
20. La crisis política. Gobernantes y políticos más preocupados por su ego o sus ideologías parroquiales en vez de soluciones locales y globales eficientes. La crisis de liderazgo es más evidente, así como el éxito de algunos gobernantes, que saldrán fortalecidos por su manejo de la crisis.
21. La crisis social. Pero lo económico y lo político no será nada ante una posible crisis social. Cuando escaseen los alimentos o cuando la gente se canse de la cuarentena, ¿cómo reaccionarán los gobiernos, impondrán las cuarentenas a la fuerza? ¿Se armarán los ciudadanos, como ya lo hacen preventivamente en algunos lugares? Sin llegar tan lejos, poco o nada se ha hablado del tremendo costo mental y psicológico del aislamiento, quizás aumentarán las consultas médicas, psicológicas y psiquiátricas por internet.

LA CRISIS COMO OPORTUNIDAD
Toda crisis representa una oportunidad. Estos 21 puntos no son más que una invitación para hacer justamente esa reflexión, diijo Yuval Noah Harari .
Una lección que no aprendimos sobre la pandemia es la lección sobre la desigualdad, según Jaime Saavedra, .Director Global de Educación, Banco Mundial|
“Después de esta pandemia, la escuela será diferente.  En gran medida esto se debe a que muchos actores - padres, maestros, medios de comunicación, el gobierno y otros - habrán cambiado sus puntos de vista y percepciones sobre su propio papel en el proceso educativo. Este cambio de mentalidad será fundamental para el futuro del sistema educativo”, enfatizó. 
Los padres comprenden ahora mejor la necesidad de trabajar juntamente con las escuelas para apoyar la educación de sus hijos. Ahora saben que pueden ser, y de hecho son, una figura central en su proceso educativo. 
Los maestros ahora entienden mejor la importancia de las tecnologías digitales, y que las habilidades digitales son esenciales.  
Los medios de comunicación ahora comprenden mejor el papel crítico que la televisión y la radio siguen desempeñando en la vida de las personas y en el proceso educativo. 
Pero una lección fundamental de esta pandemia para el gobierno y las sociedades es que tenemos una comprensión aún mayor de las inmensas brechas de equidad.  Se han hecho más evidentes, y la necesidad urgente de actuar sobre ellas es aún más clara. 
Cerrar la brecha digital requiere un cambio integral.  
“Hay tantas cosas que vamos a aprender de 2020”, dijo Emiliana R. Simon-Thomas, directora de Ciencia del Greater Good Science Center de la Universidad de California en Berkeley. “Realmente hemos aceptado lo importante que son nuestras experiencias colectivas para la salud y el bienestar”, agregó.
Simon-Thomas se unió a un equipo del centro en diciembre para seleccionar los 10 hallazgos de investigación de 2020 que arrojan luz sobre la buena vida y ofrecen una hoja de ruta positiva para resistir los meses y años venideros. Esto es lo que encontró el equipo.
1. Elige la empatía para vivir un año más amable y compasivo
2. Promueve la justicia social para forjar una sociedad más feliz
3. Toma el teléfono y llama
4. Aprovecha los beneficios de la cooperación
5. Puede que la variedad realmente sea la sal de la vida
6. La bondad y la gratitud crean un efecto dominó
7. Vive como un extrovertido para dar un impulso a la felicidad
8. Enfatiza el altruismo para ayudar a mitigar la pandemia
9. Crea un mundo más igualitario examinando tus creencias
10. Rodéate de diversidad y observa cómo se desvanecen los estereotipos
El aprendizaje, una de las vías fundamentales que tiene el ser humano para crecer y mejorar, supone cambiar la conducta y las estructuras mentales. Las dificultades nos activan para buscar soluciones que nos permitan avanzar.
El problema actual es complejo y ha sacudido nuestros esquemas. ¿Quién iba a pensar que, en el siglo XXI, tendríamos que recluirnos en casa acosados por un enemigo invisible que puede matarnos? ¿Cómo reaccionar frente a esta situación de peligro para todos? Aprendiendo.
El aprendizaje exige movilizar recursos cognitivos, metacognitivos, afectivos, sociales y éticos:
Hay cosas esenciales y otras que no lo son. Consumir más y acumular más dinero y bienes no nos hace más felices.
Tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos, para nosotros y los demás. 
Debemos trabajar los aspectos emocionales: desarrollar resiliencia y mantener la ilusión y la confianza en el futuro, a pesar de todo.
Hemos de ser responsables de nuestros actos, que tienen repercusiones en los demás y en la naturaleza. La naturaleza, al final, nos pasa factura.

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