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“La lucha de clases existe”, dijo Warren Buffet, uno de los mayores inversores de Wall Street. “La estamos ganando los ricos”, agregó.

Teniendo en cuenta que este año, China terminó de sacar a ochocientos millones de la pobreza, no le queda ni un solo pobre para festejar el centenario del Partido Comunista el 1 de julio, y, en Beijing, vamos a cantar el “arriba los pobres del mundo”, el primer enunciado del himno “La Internacional”, como debe ser, como una bella historia antigua, Warren Buffet tiene razón. “La estamos ganando los ricos”.

“La lucha de clases existe y la estamos ganando los ricos”, dice Buffet. Se enmascara engañador. Se disfraza de rico, cuando en realidad es un burgués, lobista financierista, cuyo dinero no es riqueza, sino plusvalor potenciado por la especulación financiera orgánica de Wall Street, es agente del empobrecimiento económico de los pueblos que generan verdadera riqueza, valor, tiempo de trabajo socialmente necesario. Wall Street es socialmente innecesario y pernicioso.

Si todo el pueblo chino sacó a todo su proletariado de la pobreza, guiado por éste, es porque cambió las relaciones de producción primero y, después, avanzó seguro en la confrontación al imperialismo, que es bastante más vasta que una competencia franca entre Estados. No hay que ocultarlo, en China Warren Buffet está prohibido. Sólo está permitida su máscara, que sólo engaña en “occidente”. Cuando China logró suficiente capital de Estado acumulado para desarrollar capacidades productivas más avanzadas que “occidente”, a partir de 1978, advirtió Deng Xiao Ping: “vamos a generar millones de multimillonarios y vamos hacia una sociedad donde todos estemos medianamente acomodados, pero jamás vamos a permitir que se forme una burguesía”.

En “occidente” no quisieron entenderlo. Dijeron que China se había vuelto capitalista, “neoliberal” incluso, que la historia había terminado.

China, por su cultura marxista (el viejo “Imperio del Centro”, con todas sus peculiaridades filosóficas confucionistas, taoístas, incluso budistas, es la única civilización que domina un pensamiento “occidental”, europeo, puesto que Marx es alemán, mientras que en “occidente” siguen dominando atavismos indoeuropeos y teológicos “medio orientales”), se sobreentiende que el carácter de clase tiene tres elementos: origen, situación y partido, siendo la toma de partido el fundamental. Si no puede formar un partido burgués, ni una cámara empresarial burguesa, ni un club de bochas burgués (de ping-pong, digamos, peculiarmente), no hay burguesía.    

Atendiendo a los resultados electorales de América Lanuestra, una parte de la lucha de clases, en algún caso puntual, la están ganando los ricos por el voto de los pobres. Lo nuevo, la marca de tendencia, es que el voto del pobrerío es cada vez más compacto, por sí mismo decisivo. En Ecuador, Arauz perdió la elección en Pichincha, en la Sierra Central y ganó en la costa. La hipótesis de Rafael Correa es que en la sierra no le perdonaron la candidatura de Moreno en la elección anterior, pero si fuese por eso… ¿no se lo perdonaron en la sierra, pero en la costa sí? Me parece que la explicación es otra.

Dejemos de lado a Pachakutik, porque llamó al voto nulo o en blanco y lo que estamos diciendo es que el voto del pobrerío rural fue más por Lasso que por Arauz, independientemente del voto en blanco o nulo. Y Arauz votó mejor en zonas de clases acomodadas. La Revolución Ciudadana de Correa, ganaba por Pichincha, por la Sierra, cuando todas las veces que hizo a Correa Presiente y a Moreno también. ¿Qué pasó esta vez, entonces?

Mi explicación, al día siguiente al debate televisivo entre los candidatos en balotaje, Lasso y Arauz, fue que triunfó la estrategia de Durán Barba, diseñador de la campaña de Lasso, de contraponer un supuesto origen trabajador de Lasso a una imagen de Arauz de niño rico educado en USA. Por supuesto esto no se limitó al debate mencionado, sino que se reprodujo con fuerza, a través de los medios hegemónicos y de la gira de Lasso en territorios indígenas. Un mercadeo de Barba, que tuvo presente dónde se están definiendo los comicios actualmente, porque las izquierdas, que antes votaban mejor entre sectores intelectuales de capas medias, alcanzaron gobiernos por el voto del pobrerío en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Paraguay y el propio Ecuador en su momento.  Y esta tendencia se verifica plenamente en el balotaje en curso en Perú y en el fenómeno arrollador de López Obrador en México.

El problema de la izquierda empieza cuando gana con el voto de los pobres y después reduce la pobreza sin haber prohibido o al menos limitado los alcances de la burguesía, sino, por el contrario, alimentado a los medios corporativos hegemónicos burgueses. Decía el teórico peronista argentino Arturo Jaruretche que la “clase media” cuando está bien vota mal y cuando está mal vota bien. El kirchnerismo en Argentina, el PT en Brasil, el Frente Amplio en Uruguay, mantuvieron los votos de los pobres y eso es muy importante para volver. Cristina el Conurbano, Lula el Nordeste y el FA las periferias urbanas y suburbanas, perdieron en su momento por el influjo mediático en las capas medias. El chavismo, el sandinismo y el masismo, también los mantuvieron en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, manteniendo el gobierno por vías electorales y México lo conquistó. Perú va por el mismo camino que México. Tres civilizaciones en México y dos en Perú están atentas a sus peculiaridades para pensar con el alemán con quien pensaron Juan Carlos Mariátegui y el general Lázaro Cárdenas. Y “con Lenin de la NEP” (Álvaro García Linera).


 

Autor: Joselo Olascuaga

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