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El Primero de Mayo, lejos de lo que algunos han aprendido a considerar, no es un día de fiesta, o cuando menos, no lo es para los trabajadores de las sociedades capitalistas.

No lo es ahora y no lo ha sido nunca, este día siempre ha sido, en el panorama de los países capitalistas, una jornada de reafirmación de los intereses históricos de la clase obrera y es así como hay que recordarlo siempre.

Cualquier otra presentación del mismo, es una clara evidencia de cómo, vía “incidencias culturales” se pretende desfondar su profundo significado político y de lucha.

“Edulcorar” el Primero de Mayo, no solo tiene el efecto de “desfondar la historia”, sino que, indirectamente contribuye a afectar el futuro y la memoria de los hechos que dieron lugar a tan significativa fecha para la clase trabajadora.

Porque esta fecha, aunque parezca de Perogrullo reafirmarlo, es la fecha de los trabajadores, no la de los patrones.

Si los patrones aceptan hoy, vía registros normativos en los diferentes países, la significación de este día, ello no debe llamarnos a engaño, eso no los convierte en trabajadores, siguen siendo capitalistas y les guste o no, forman parte de esa clase social que nunca ha pensado, salvo por la fuerza de la acción de los trabajadores, en que los proletarios de todo el mundo vivan mejor.

Por eso, y porque la lucha por la memoria histórica es parte fundamental de las actuales luchas ideológicas del presente, es que desde nuestro diario nos proponemos recordar los sucesos que dieron lugar, a que el primero de mayo dejara de ser un día más en el calendario y se ubicara en el horizonte histórico, como el día de lucha de los trabajadores de todo el mundo.

Esta fecha recuerda, por un lado, la gran huelga del 10 de mayo de 1886, en los Estados Unidos, en la que los trabajadores reclamaban por el reconocimiento de la jornada de 8 horas.

Por otro lado, recuerda cómo, cuando los trabajadores luchan, los patrones reprimen y acuden a medios que les permita hacer un uso criminal de las instituciones que los amparan.

No es posible olvidar cómo este uso de las instituciones que los amparan, explica la violenta represión desatada en Chicago y que culminara con la masacre de la Plaza Haymarket, el 4 de mayo y el posterior juicio fraguado contra los dirigentes anarquistas y socialistas de esa ciudad.

Esta combinación es la que permite explicar no sólo, cómo fue reprimida aquella gigantesca huelga que involucró a todo el territorio norteamericano y que contó con la paralización de 5000 fábricas y el apoyo de 200.000 obreros adheridos a la huelga.

La combinación permite ubicar, además, en la escala histórica del desarrollo del capitalismo el ajusticiamiento de los militantes anarquistas en Chicago, llevados a la horca un año y medio después de los sucesos de 1886.

Sobre este brutal crimen, se ha dicho, en clave de análisis político del capitalismo de entonces, que “cuando los mártires de Chicago subían al cadalso, concluía la fase más dramática de la presión de las masas asalariadas, en Europa y América, por limitar la jornada de trabajo”.

No fue esta una lucha ganada de una vez y para siempre, su larga duración de 10 años, ha sido objeto de ocultamientos y tergiversaciones que, aún hoy, es necesario seguir mostrando, so pena, de caer en el olvido interesado de aquellos, a los cuales solo sus mezquinos intereses, les importan.

Los mártires de Chicago, deben ser recordados por sus nombres: Michael Schwab, Louis Lingg, Adolh Fisher, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe, George Engel.
Cuatro de ellos fueron ejecutados en la horca, Louis Lingg, el día previo a la ejecución, “apareció en su celda herido de muerte, con un cartucho de dinamita explotado en su boca. Se duda si se trató de hacer pasar esto como un suicidio, o fue un acto inmolación para conseguir el indulto de los compañeros”.

Mientras estos hechos se sucedían, un gigante de América se desempeñaba como corresponsal del diario argentino La Nación, nos referimos a José Martí, quien no solo ha pasado a la historia como “el más grande de todos los cubanos”, sino que, sigue siendo una figura señera para el porvenir de las luchas de los más desposeídos de nuestro continente.

Cronista de los hechos, José Martí da en sus tres crónicas, no sólo una lección magistral del trabajo de investigación periodístico, sino que, en la misma medida que avanza en su conocimiento sobre lo acontecido con los obreros, le da a su escritura un particular giro repleto de solidaridades y apoyo a “los pobres de la tierra”.

En su extensa crónica para el diario La Nación, publicada el 11 de noviembre de 1886, José Martí escribía y al hacerlo sacudía la conciencia social de sus lectores:

“Ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcalde; al lado de cada reo marcha un corchete; Spies va a paso grave, desgarrados los ojos azules, hacia atrás el cabello bien peinado, magnífica la frente; Fischer le sigue, robusto y poderoso, enseñándose por el cuello la sangre pujante, realzados por el sudario los fornidos miembros. Engel anda detrás, a la manera de quien va a una casa amiga; sacudiéndose el sayo incómodo con los talones. Parsons, como si no tuviese miedo a morir, fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Acaba el corredor y ponen el pie en la trampa; las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas… Una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos se caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando…”.

Mañana, aunque no marchemos, tengamos con nosotros estas palabras, solo así comprenderemos que luchar hasta las últimas consecuencias, es lo que en verdad siempre ha definido y definirá a la clase obrera.

¡Viva el Primero de mayo!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

Autor: Rolando Arbesún

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