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El 28 de abril de 2021 la Academia Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia organizó una conferencia internacional científica y práctica en línea “¡El mundo nunca volverá a ser el mismo! Pero, ¿qué nuevas realidades internacionales enfrentaremos?"

Al evento asistieron profesores de universidades rusas, expertos de institutos especializados de la Academia de Ciencias de Rusia, politólogos del Reino Unido, Irán, Italia, Marruecos, Portugal, Rumania, Estados Unidos, Francia, Suiza, Suecia, representantes de organizaciones públicas y el cuerpo diplomático de Moscú. La sesión plenaria fue inaugurada por el Rector de la Academia Diplomática A.V. Yakovenko, marcando el tono general y la dinámica de la discusión.

El período de evolución sociopolítica relativamente tranquila y mesurada ha llegado a su fin. Viene de nuevo la época de rápidos cambios globales, desarrollo turbulento, cambios tectónicos a gran escala, paisajes geopolíticos y económicos cambiantes. Ante nosotros hay un caleidoscopio de nuevas crisis, sucesivos desafíos a la humanidad, amenazas a la paz y al bienestar. La velocidad de estos procesos aumenta constantemente, lo que dificulta enormemente la previsión y la capacidad de prevenir consecuencias negativas. Y la visión actual de las perspectivas está lejos del optimismo y no inspira esperanzas brillantes. Las pruebas que nos han tocado, como la pandemia mundial COVID-19, son solo el comienzo de una larga serie de pruebas similares.

Por supuesto, todas estas tendencias determinarán las particularidades de la vida internacional moderna. Su imagen cambia con la misma rapidez, a menudo con trazos nítidos y ásperos, sin escatimar colores ni medios tonos. El Occidente histórico está perdiendo su posición de líder indiscutible, cediendo sus posiciones a nuevos centros de influencia global y regional. Hay nuevos puntos de crecimiento económico, la creación de tecnologías revolucionarias, conceptos sociopolíticos fundamentales. En un nuevo mundo multipolar, la voz de cada jugador sonará más fuerte y brillante. La función de coordinación de las Naciones Unidas como garante de la paz y la estabilidad aumentará inevitablemente. Los hegemones envejecidos retirados como Estados Unidos ya no podrán eludir las decisiones de su Consejo de Seguridad, como fue el caso de la ex Yugoslavia, Irak y Libia. El mundo centrado en Estados Unidos se encogerá gradualmente.

El espacio de la permisividad liberal dejará de ser el principal generador de ideas e innovaciones significativas a nivel mundial. Sus viejas élites y fuerzas políticas se están degenerando, perdiendo la capacidad de responder con flexibilidad y eficacia a los desafíos de nuestro tiempo. Y los trastornos políticos internos y los conflictos sociales absorben la principal fuente de energía para el desarrollo. El testigo de la civilización lo tomarán países con un sistema más claramente construido de valores espirituales, morales y disciplina social, como China.

Sin embargo, el Occidente colectivo no se rendirá sin luchar. Continuará la presión sobre las sanciones, la presión sobre la libertad de expresión, el juego con cartas marcadas a la democracia y el malabarismo arbitrario con conceptos como los derechos humanos. Cualquier intento de los jugadores de seguir una política independiente, de defender sus intereses nacionales, enfrentará una serie de acusaciones de revanchismo y revisionismo. Esto se manifestará en absolutamente todo, incluso, al parecer, en un tema tan exclusivamente humanitario como la elección de una vacuna contra el COVID-19.

Resistiendo en vano el curso natural de la historia, Occidente tendrá que consolidarse, buscando histéricamente razones descabelladas para ello, como una amenaza imaginaria rusa, china o cualquier otra. El vínculo transatlántico se fortalecerá. En este contexto, una Europa unida intentará declararse en voz alta, pero las ambiciones de la UE de convertir la unión en un nuevo centro de influencia geopolítica están condenadas al fracaso: sus aliados no cederán. La Alianza Transatlántica es una calle de sentido único.

El enfoque de la política mundial cambiará. La región de Asia-Pacífico y el Ártico se convertirán en nuevos territorios de confrontación y al mismo tiempo de diálogo, rivalidad e interacción, competencia y asociación. Es aquí donde se abrirá una nueva arena global de lucha por los recursos, el poder y la influencia. Las viejas regiones "calientes" como Oriente Medio y África del Norte no se enfriarán y se recordarán constantemente a sí mismas. Sin embargo, los fenómenos de crisis y estallidos de violencia, lamentablemente, se han convertido en algo común allí y, por lo tanto, no sucederá nada nuevo y extraordinario desde este punto de vista.

En este "mundo feliz", donde la clase política y económica, olvidada en las batallas por el dominio y el lucro global, puede perder el contacto con la realidad, es la comunidad académica la que tiene el papel y la responsabilidad más importante de investigar y comprender estos procesos, desarrollando mecanismos y métodos para superar las consecuencias negativas.

Autor: Eduardo Contreras

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