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Lo vi en el telediario de hoy por RT. Han salido a Puerta del Sol a celebrar el décimo aniversario del 15 M y me obligaron a recordar de quién saqué el aforismo que dediqué a los mejores compañeros varias veces, “el único error que nunca cometimos fue no luchar”.

Fue de un español, Marcelino Camacho, hace muchos años.

Me quedó grabado porque yo pensaba exactamente que los camaradas españoles habían cometido todos los errores, todos, los horrorosos pactos de La Moncloa que desmovilizaron al pueblo y a los sindicatos en la cresta de la ola antifranquista, la redacción de la constitución monárquica (ese oxímoron renunciante de sí mismos), llamarles cantones a las naciones, decir que una franja morada no valía otra guerra que era un mero chantaje insostenible y todavía la llamaban civil, marcar tamaño electoral menor cuando hubiesen podido perfectamente votar programático a bloque histórico republicano, para incidir en más amplia categoría de gente y además tomarse el tiempo necesario para organizarse fuertes en la legalidad antes de marcar tamaño, y más, todos, todos los errores, todo al revés, pero cuando quedaron reducidos a partido testimonial y Marcelino dijo eso, entendí que ambos estábamos equivocados. No era uno ni ninguno; eran dos los errores que nunca habían cometido: no luchar y no dar testimonio de la lucha.

Después asumió la jefatura el crack, el hazañoso azañísimo Julio Anguita. Programa, programa, programa. Consecuente con la libre autodeterminación de los pueblos. Izquierda Unida. A romper el bipartidismo proyanqui. Y le hizo la pinza a Felipe y bien que se la hizo. Y en alto la bandera tricolor y al carajo la cultura de la transición. Se dejó el corazón en la batalla. ¿Cuántos de los que ganaron las calles el 15 de marzo de 2011 palpitaban aquella demostración? Se podía. Había faltado poco para alcanzar el punto de resolución política, pero ¿cuál era ese poco que faltaba, más allá de las reivindicaciones puntuales?

Pudo haber sido Podemos. “Cierto que quiso querer, pero no pudo poder”. Lloré de emoción cuando la niña cantó el “Adagio a mi país” a plaza desbordada. Lloré de bronca cuando renunció Pablo ¿Cuándo lo cagaron a Podemos? ¿Cuando se juntó con Izquierda Unida? ¿Cuando se fue Iñigo? ¿Cuando machacaron con el chalé de Pablo? ¿Cuando entró al gobierno?

“Libertad o comunismo” le zamparon a Pablo los fascistas. Pero no ahora. Desde que Pablo Iglesias le dio al 15 M cause hacia el poder. “Pablo Iglesias es comunista”. “Fue de las juventudes comunistas”. “¿Ven? Se junta con Izquierda Unida. Es comunista”. “No podría dormir tranquilo si hiciese coalición con Unidas Podemos” (ésta es de Sánchez, el facha mayor).

Es una vieja historia. Dijeron que Azaña era comunista, pero era republicano nomás y le dieron el golpe de Estado. Dijeron que Sandino era comunista, pero era nacionalista nomás y lo mataron. Dijeron que Arbenz era comunista, pero era independiente nomás y lo derrocaron. Hasta que dijeron que Fidel era comunista…

 “Sí, soy. Y tengo misiles rusos”.

De Chávez lo primero que dijeron fue que era milico, pero él, por las dudas, enseguida les agregó “y asumo el marxismo”.

Dos veces lloré y no festejé ninguna con Podemos ni con Unidas Podemos, porque no festejo por España desde que leí contar a la Xirgu, de su camarada que no salió a festejar el 14 de marzo de 1931. “Yo voy a festejar cuando vea a la guardia civil gritando ‘¡Viva la República!’”

Cuando Iñigo narró a la televisión que al volver de América diciendo que era peronista su rojo padre lo miró para matarlo, ya lo habían machacado a Pablo por el chalé de seiscientos mil dólares. Toda la casta tenía chalés más lujosos, pero la casta no hablaba de la casta. En cambio Pablo la machacaba. Se había machacado a él mismo. El único acierto que no cometió fue ser coherente y después, cuando la Vicepresidencia le ató las manos y lo amordazó, al punto de tener que agradecerle a Sánchez que haya recibido a Leopoldo López en Ferraz y bancar el ridículo de Borrell en Moscú, descubrió Pablo que aquello de resignarse al 12 por ciento, pero dando testimonio de la lucha no era tan poco. Pablo tenía más poder conduciendo Fuerte Apache que secundando al PSOE y, al fin de cuentas, Iñigo Errejón en Madrid rompió el bipartidismo, superó a los gorilas socialimperialistas del PSOE y Yolanda Díaz, la sucesora de Pablo, puede que pueda contar con Iñigo.

Sin embargo, lloré y de bronca esa noche porque Pablo renunció. ¡¿Qué necesidad de presentarse en una región adversa, habiendo sido candidato nacional?! Por algo Lula no lo dejó a Haddad presentarse en San Pablo, aunque el candidato nacional va a ser Lula. No sólo por si las moscas. Porque no se le da al enemigo la posibilidad de derrotar en regionales a un candidato nacional. ¡¿Y después renuncia?! Él ya había dicho que estaba arrepentido de haberse metido en política institucional. Le faltó epidermis de hipopótamo.

Fue el tiránico imperio del absurdo. 44 años y se cortó la coleta. Sólo le deseo que no cometa los únicos dos errores que los camaradas españoles nunca cometieron.

Lo escribió un compañero: “Vale, anda ya, hombre, A lo hecho, pecho. ¡Que te quiero! ¡Que gracias por tó! Y hasta la victoria siempre, compañero”. Es 15 de marzo. La tricolor a la plaza, también algunas del Polisario y de Palestina, la pasión de andar, nuestras piernas en la marcha, nuestros zapatos hollando el polvo…   

Autor: Joselo Olascuaga

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