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Por muy complejas que parecen haberse vuelto las definiciones de derecha e izquierda, no hay que perderlas de vista.

Básicamente, es de izquierda defender la libre autodeterminación de los pueblos, la carta de la ONU, el derecho internacional, repudiar las “sanciones” unilaterales, los bloqueos, la injerencia en asuntos internos de otros países, el uso de la fuerza para imponer políticas económicas colonialistas y, por supuesto, las invasiones militares y las ocupaciones militares imperialistas, porque desde una óptica revolucionaria de los siglos XVIII y XIX, que dio origen al término, es izquierda hacer política republicana, igualitaria, fraternal, solidaria, liberal y virtuosa, en tanto la verdadera política es la política internacional, desde que el mundo es mundo, cada vez más global y, desde una óptica revolucionaria de los siglos XX y XXI, es de izquierda el antiimperialismo, que suscita el desarrollo, en última fase del capitalismo, de todas las característica de la izquierda fundacional, desarrollo que incluye, desde la revolución rusa de 1917, el feminismo, la defensa de la diversidad sexual, la legalización del aborto y, poco después, la Nueva Política Económica, fundamentalmente democrática antioligárquica.

La derecha es todo lo contrario, la monarquía, el colonialismo y el imperialismo en todas sus formas, desconocer la carta de la ONU y el derecho internacional, obligando manu militari a que naciones debilitadas acaten “normas” y “reglas” unilaterales al uso de la OTAN, de USA, porque la derecha es contrarrevolucionaria, oligárquica, plutocrática, conservadora de la opresión social feudal o capitalista, imperialista.

La cumbre de la CELAC (mecanismo para la integración regional) del fin de semana pasado fue, independientemente de ideologías, un gran triunfo de la izquierda, objetivo, en los hechos, porque fue un golpazo al imperialismo. Dos presidentes de derecha, Lacalle y Benítez, quisieron morigerar ese triunfo (visitados previamente por Caronte –el presidente del BID Mauricio Clever-Carone, el barquero del infierno– a tal efecto) y cumplieron en la medida de sus posibilidades. Es importante que Paraguay y Uruguay hayamos estado representados por nuestros presidentes, en una cumbre que alcanzó el éxito de 17 presidentes presentes y 30 países representados, en 33 de la región, porque, entre otros motivos, los líderes de derecha regionales, Bolsonaro, Uribe y Piñera, decadentes e incluso terminales sus respectivos gobiernos, pero líderes regionales al fin, estuvieron ausentes.

Nicolás Maduro, el más notable y notorio actual líder regional americano de izquierda, junto a Andrés Manuel López Obrador, a ciencia cierta, desideologizó la cumbre y entre ellos y Miguel Díaz Canel encaminaron la CELAC a sustituir a la OEA, en el reconocimiento mayoritario internacional. No fue menor que el único líder mundial que participó de la cumbre (virtualmente) haya sido Xi Jinping, de izquierda.       

Lo nuevo de esta cumbre CELAC, en comparación con la fundacional de 2010, son, entre otras cosas, las distancias geográficas. Aquella frase insignia de Lázaro Cárdenas, “pobrecito México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, está empezando a perder vigencia, con la Cuarta Transformación de López Obrador. Va de suyo, Cárdenas fue protagonista de la Tercera.

Aunque cuatro de los cinco principales recursos económicos mexicanos están relacionados con USA, el chantaje militar yanqui, omnipresente en todas las épocas anteriores a la actual (en México se iniciaba el “patio trasero” del imperio y se inició su atropello expansionista) ha perdido potencia por el alcance misilístico supersónico de Rusia. Eso importa en términos de soberanías nacionales en el mundo tripolar actual, que tiende a la multipolaridad.

Cuando Vladimir Putin (líder mundial de centro; los 9 de mayo ocupa un pequeño estrado adornado con un águila bicéfala, junto a un anillo de seguridad sin medalla alguna, mientras los veteranos de guerra desbordan de galardones, junto a una multitud con banderas rojas, con la estrella roja, con la hoz y el martillo y el uniforme soviético, acaparan Moscú) presentó el misil supersónico de 18 mil kilómetros de alcance y velocidad mach 8 (8 veces la del sonido) cambió la noción de cercanías, porque además los yanquis y los chinos no se quedan muy atrás. La ventaja rusa en desarrollo militar es de diez o cinco años, según qué fuentes.

Falta 5 mil 800 kilómetros para abarcar el contorno de La Tierra con misiles supersónicos, el vértigo de Howard Hughes hecho trizas. Desde Vladivostok, por el Este, el misil ruso llega hasta Washington o Nueva York y desde Moscú, por el oeste, hasta Los Ángeles o San Francisco.

AUSTRALIA NO ESTÁ MÁS LEJOS DEL PENTÁGONO QUE FRANCIA

Entonces, cando el líder mundial de derecha, Joe Biden, mexicaneó (término de candente y positiva actualidad) al líder regional de derecha, Emanuel Macron, derribándole el negocio de la venta de 12 submarinos franceses diesel a Australia, por unos 145 mil millones de dólares en total y acto seguido, le vendió Biden a Australia 12 submarinos nucleares, asegurándose una base naval en Pearth, en el oeste de Australia, estaba tomando medidas. No importa ya que Francia esté próxima al otro lado del charco atlántico. Pearth está a 17 mil kilómetros de Washington. Da igual.

Es incierto que Macron vaya a retirarse de la OTAN por un quítame de ahí esos submarinos (De Gaulle lo hubiese hecho, y de hecho lo hizo por bastante menos, en su momento), pero lo va a presionar la líder nacional de derecha Marine Le Pen, que es opción de gobierno y el líder nacional de izquierda Jean-Luc Mélenchon, gran amigo de Nuestra América, quien no olvidó saludar a la CELAC, el mismo fin de semana en que estalló el escándalo y la furia francesa por el choreo yanqui del negocio de los submarinos, pero más lo va a presionar Alemania, si, tal cual predicen las encuestas (parece que en Alemania sí son serias) gana el socio socialdemócrata de Merkel, Olaf Scholz, el próximo domingo las elecciones. La socialdemocracia alemana, desde Willy Brandt y Gerhard Schröder, quien se opuso a los bombardeos de la OTAN a Belgrado y es socio de Rusia en el Nord Stream 2, no es socialimperialista, es de izquierda (aparte de La Izquierda, partido radical que obtendría un 6 % de los votos, dando mayoría categórica en cuestiones trascendentes al bloque SD-DC), en las antípodas de los socialimperialistas ingleses, “laboristas” (desplazado Jeremy Corbyn, y españoles (“PSOE”), y del Partido Demócrata yanqui (desplazado Bernie Sanders). Scholz en cuanto asume Canciller, ya es líder regional europeo.

Se puede deslizar la hipótesis de que Biden está entregando la Europa continental a Rusia para abrir la posibilidad de un G-2 Washington-Moscú contra China, pero Xi Jinping y Putin no se reunieron presencialmente treinta veces en los últimos ocho años nada más que para saludarse. También se puede decir que es sensato que el Pentágono de a Europa por perdida. La geoeconomía así lo manda, aunque siga teniendo 9 mil soldados yanquis en Alemania. No de gusto, ni a gusto, produjo el Brexit.  

China, por su parte, puede aprovechar la oportunidad para alinear la ASEAN aislando a Australia (que geográficamente ya es una isla, no pequeña, pero irrelevante ante la gran “isla global” (proyección Mackinder) que hoy estarían consolidando las rutas de la seda desde Vladivostok a Ciudad del Cabo y, cada vez más cerca, el Caribe y América Latina.

Australia era la sexta potencia económica planetaria antes de los trágicos incendios y los estragos del COVID, por mal manejo del gobierno, en contraste con el buen manejo y crecimiento ejemplares de Nueva Zelanda, su vecina isla de la anglo esfera.

En definitiva, las alianzas militares de USA en Asia oriental son más humo mediático que avance concreto. Porque ya las tenía (los “cinco ojos” –de información, que incluye a Nueva Zelanda, Australia, Reino Unido y Canadá–, los “tres gendarmes” –Japón, India, Australia, que han aumentado su comercio con China, pese a diferendos políticos–), y porque son alianzas, en el papel, defensivas, y China nunca va a atacar a esos países, no es una potencia militar expansionista. Nunca lo fue. Y, cuando chocan la geopolítica con la geoeconomía –en un marco militar de disuasión mutua–, ya se sabe cuál sale ganando.

DOS NUEVOS PRESIDENTES DE IZQUIERDA

Luis Arce y Pedro Castillo se integraron a la CELAC haciendo los planteos más relevantes de la cumbre. Arce (centro territorial de la región, Bolivia) anunció el ultimátum a Luis Almagro y a la OEA. Es probable que, en la próxima reunión del “Ministerio de Colonias, OEA” (dijera Raúl Roa, ex canciller de Cuba), USA sacrifique a Almagro para preservar el organismo amenazado rotundamente por López Obrador semanas atrás. Castillo, en sintonía con Maduro, definió la nueva política exterior de Perú, en el campo democrático, sin exclusiones, con respeto a la ONU y al derecho internacional.

Lo no previsto fue que México tuvo que hacerse cargo de la presidencia pro témpore por dos años más, ya que Argentina no pudo, por su crisis política nacional, enviar ni al presidente Alberto Fernández ni a ninguno de sus cancilleres (Felipe Solá, que renunció en vuelo a México, haciendo escala en Ecuador y Santiago Cafiero, que asumió el día siguiente a la cumbre). Fue un verdadero regalo de la providencia, porque es México factótum de este relanzamiento del mecanismo regional, porque tiene una cancillería potente conducida por Marcelo Ebrard, porque es una garantía de cumplimiento de las resoluciones acordadas en la cumbre para el próximo bienio y porque no está permeable al topeo gringo, tal es caso del albertismo.

Debo rectificar una apreciación. Más que regional, ahorita mismo y al final del día, Andrés Manuel López Obrador es un líder mundial. Su planteo de negociación con Estados Unidos y Canadá desde la unidad de Nuestra América, “autónoma”, al igual que explícitamente con Rusia, China, la UE y otros, dio a la cumbre 2021 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, carácter histórico, de amplísimas proyecciones de inserción con protagonismo en la multipolaridad.    

Nuevo líder mundial de izquierda, junto a Xi y a Lula: mi cuate Obrador.

Autor: Joselo Olascuaga

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