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Empecé a militar en el Frente Amplio con 17 años en Jacinto Vera. La militancia de base me enseñó mucho del afecto, del cariño, de la contención que suponen los espacios colectivos. Entendí siempre la militancia frenteamplista como una forma de cercanía con el barrio, con las vecinas y vecinos, con el almacenero, con las personas que piensan parecido y con las que, teniendo diferencias, uno llega a generar espacios de diálogo y confianza.

La militancia te ayuda a entender que los cambios profundos nacen ahí, en los barrios, en los pueblos, en la comunidad y que para cambiar hay que poder hablar con todas esas realidades, que son hijas de una forma común de entender el país.

Esa forma de entender la participación y la militancia me acompañó durante toda mi trayectoria como militante sindical. Primero como delegado de base en AFUPRIM, el sindicato de trabajadoras y trabajadores de Primaria, luego en la FUM y en el PIT-CNT, donde tuve el honor de ser Presidente.

Desde entonces entiendo la lucha como una forma de integrar miradas, escuchar distintas voces y trabajar colectivamente. Una vez que logramos alcanzar los puntos de encuentro, siempre armados de paciencia y cariño.

Hoy nos encontramos como pueblo frente a un desafío inmenso, derogar 135 artículos de una ley que contrapone los valores que constituyen lo que considero la esencia de nuestra idiosincrasia. Nuestro país tiene una tradición histórica, entender el Estado como escudo de los débiles, al calor de la premisa artiguista de que “los más infelices sean los más privilegiados”. 

Asumir esto no supone bajo ningún punto de vista desconocer los pendientes en materia de justicia social que, pese a 15 años de avances históricos, todavía duelen en nuestra patria. Pero sí nos impone el desafío, luego de meses de un esfuerzo conmovedor en el que nuestro pueblo conquistó con lucha, en condiciones de adversidad enormes, enfrentando el dolor que supuso para nuestro país y el mundo una crisis sanitaria sin precedentes recientes, sobreponiéndose a la incertidumbre y el cansancio, alcanzar 800.000 firmas que abrieron las compuertas de la democracia.

El nuevo gobierno de nuestro país promovió un cambio sustantivo en la realidad nacional. La LUC es el cuerpo jurídico de un país que no compartimos, con un formato de aprobación que es, de acuerdo a investigaciones realizadas por el Parlamento y el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, de baja calidad democrática.

Los 135 artículos que se someten a referéndum son un retroceso por forma y contenido para quienes consideramos que nuestro Estado tiene un rol fundamental para garantizar la justicia social, y que no es posible borrar de un plumazo derechos que en algunos casos suponen siglos de lucha.

No hay tarea más importante para nuestro pueblo, y eso incluye desde mi punto de vista a nuestra fuerza política, que desplegarnos a lo largo y ancho del territorio nacional para dialogar con nuestro pueblo y construir una mayoría social que excluya de nuestro ordenamiento jurídico los retrocesos que suponen los 135 artículos de la LUC.

Es en esas condiciones que asumimos la tarea militante de llevar a la práctica las resoluciones que el Frente Amplio resolvió en su Congreso, luego de un debate que tuvo en las asambleas de base y en las recolecciones de firmas un resultado inequívoco. Nuestro país precisa un Frente Amplio que se fortalezca, para contribuir desde el protagonismo popular a transformar el país.

Para ese desafío precisamos una fuerza política que se nutra de las experiencias sociales que día a día gesta nuestro pueblo.

Un Frente Amplio cuya vida esté protagonizada por las luchas de las compañeras y compañeros que a diario forjan en la sociedad espacios colectivos que transforman la cultura de nuestro pueblo. 

Un frente que profundice su participación interna y contribuya a unir a las grandes mayorías populares, que son diversas, plurales y democráticas.

Un frente desplegado en todo el territorio nacional, con las puertas abiertas a todos los y las orientales honestos.

Un Frente Amplio que se proyecte al futuro y se fortalezca con la energía, la voluntad de cambio, la inteligencia y audacia de las mujeres, de las y los jóvenes, de las trabajadoras y trabajadores de la ciudad y el campo, de la gente de la cultura y la academia, una fuerza política de protagonismo colectivo y apertura a la sociedad.

Sentimos que nuestro país precisa que nuestra fuerza política vuelva al gobierno, y no encontramos mejor hoja de ruta que nuestra historia, la del Frente Amplio, la de la CNT, la del movimiento estudiantil, la de las luchas feministas, la del cooperativismo, la de los movimientos ambientalistas, la de la sociedad que forja con unidad y lucha los valores que hacen de nuestro país un lugar en el que sentimos orgullo de vivir.

A las compañeras y compañeros, además de agradecer siempre y cada día la confianza y ratificar el compromiso de dejar como siempre todo. Tenemos el desafío de construir con alegría, con amor, con modestia y compromiso el Frente Amplio que nuestro país precisa.

 

Fernando Pereira

Autor: Fernando Pereira

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