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¿Qué es el fascismo?

Ambos autores se plantean esta problemática, aunque los tiempos históricos en que lo realizan son muy diferentes. Mariátegui lo hará en sus comienzos, cuando diversos regímenes fascistas o de ultraderecha ascienden al poder en Europa, tocándole a él ser testigo directo del ascenso del fascismo en Italia, producto de su exilio en dicho país. Poca teorización existía en aquel entonces sobre este fenómeno y él será uno de los que comenzará a hacer el análisis del mismo desde una perspectiva marxista.

Arismendi, en cambio, va a analizarlo bastante tiempo después, en el contexto latinoamericano de los 70 y 80, definiendo a regímenes como los de Uruguay y Chile como fascistas, caracterización que no será compartida por otras corrientes de izquierda y que será debatida incluso en el seno del movimiento comunista latinoamericano. Arismendi se basará en la definición de fascismo de Dimitrov, el cual lo define como “la dictadura descarada de los elementos más reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero”, a la cual Arismendi reformula de la siguiente forma: “..el fascismo en nuestros países es la dictadura descarada del capital financiero enlazada a los sectores más regresivos de las clases dominantes, promovido y sostenido por el imperialismo de EEUU, en particular por sus círculos más belicosos y recalcitrantes encabezados por el Pentágono”.1

Dimitrov, dirigente comunista búlgaro, desempeñó un papel fundamental, en el marco de la Internacional Comunista, en la sustitución de la línea sectaria de “clase contra clase” por la línea de “frente único” contra el fascismo. La primer línea facilitó el ascenso del nazismo en Alemania, al rechazar los comunistas toda acción conjunta con la socialdemocracia, la cual fue definida en momentos de predominio de esa orientación como “socialfascista”.2 Arismendi, como secretario general del PCU, promoverá una política de alianzas muy amplia que apuntará no solo a la “unidad de la izquierda” sino a la “convergencia” con todas las corrientes democráticas, incluyendo las de los partidos tradicionales del Uruguay.

Mariátegui produjo toda una serie de artículos sobre el fascismo en diferentes países de Europa que tenían un carácter más descriptivo y menos teórico que los artículos que Arismendi escribiera al respecto (lo cual no significa que los análisis mariateguianos no tuvieran presupuestos teóricos conscientes y que no apuntaran a una comprensión teórica del fascismo), analizando el desarrollo de esos movimientos y las características de su ideología y psicología. En estos escritos de Mariátegui se encuentran, a mi juicio, una serie de coincidencias con el análisis arismendiano. Ambos resaltan el carácter contrarrevolucionario preventivo que tiene dicho movimiento, el cual surge como reacción ante la posibilidad de la revolución socialista, señalando el carácter reaccionario, no conservador, del mismo.

“En Italia, la reacción nos ofrece su experimento máximo y su máximo espectáculo. El fascismo italiano representa, plenamente, la anti-revolución o, como se prefiera llamarla, la contra-revolución. La ofensiva fascista se explica, y se cumple, en Italia, como una consecuencia de una retirada o una derrota revolucionaria… El fascismo se formó en un ambiente de inminencia revolucionaria ambiente de agitación, de violencia, de demagogia y de delirio creado física y moralmente por la guerra, alimentado por la crisis post-bélica, excitado por la revolución rusa”. 3

Uno de los artículos en que Mariátegui se acerca más claramente a una perspectiva sobre el fascismo como la de Dimitrov, o la que expresa Arismendi, es en “La reacción en Bulgaria”,4 de donde provenía, precisamente Dimitrov. En ese artículo, Mariátegui reseña lo que entonces era la historia reciente de Bulgaria: la Unión Agraria, de base campesina, dirigida por Stambulinsky, fue desplazada del poder por un golpe de estado realizado por Zankov, quien encabezaba una coalición de partidos apoyados en la burguesía y en la pequeña burguesía urbana, que en un país agrario como Bulgaria no podían acceder al poder, según Mariátegui, por una vía constitucional, por lo cual apelarán a una “dictadura desembozada”. Zanco impuso un régimen basado en la violencia y el terror. Este régimen “encarnaba los intereses del capital industrial, comercial y financiero”. Pero los campesinos no renunciaron a sus reivindicaciones. Su principal dirigente había sido asesinado, pero el Partido Comunista empezó a actuar entre los campesinos, dándoles “un nuevo programa y un nuevo rumbo revolucionario”.5 La Unión agraria, a su vez, se acercó al Partido Comunista, ambos partidos participaron en las elecciones preparadas por Zanco, pese a la persecución existente, obteniendo una numerosa representación. Como consecuencia:

“La lucha recomenzó más agria que nunca en el terreno extra-parlamentario. El gobierno sintió la necesidad de una gran ofensiva fascista contra las masas, cada vez más saturadas de ideas revolucionarias. La represión policial no resultaba suficiente. Se organizó, como en Barcelona, una banda terrorista. Varios organizadores comunistas cayeron asesinados. A los actos de terror de un bando respondieron los actos de terror del otro bando. El régimen de Zankov provocó un estado de guerra civil. La legalidad quedó definitivamente suspendida. Llegó un instante en que la reacción aniquiló totalmente al grupo parlamentario comunista. Los diputados comunistas, que no habían sido asesinados, se encontraban encarcelados o exiliados”.6

Estas citas de Mariátegui nos dan cuenta de una serie de cuestiones de las cuales quisiera destacar: el fascismo es un movimiento contrarrevolucionario cuyo objetivo es impedir la revolución; en segundo lugar, el fascismo se puede dar tanto en países con un importante desarrollo capitalista, como Italia, como en aquellos que no tienen un gran desarrollo capitalista, como era el caso de Bulgaria. Finalmente, Mariátegui caracteriza al régimen fascista búlgaro como “dictadura desembozada”.

Refiriéndose a las dictaduras latinoamericanas, Arismendi sostendrá:

“Las dictaduras fascistas son, como fueron los regímenes fascistas clásicos, la respuesta contrarrevolucionaria, terrorista, de las oligarquías y el imperialismo, con el montaje de la estructura de un nuevo aparato de Estado, de una nueva estructura estatal con el auge revolucionario, contra el desarrollo de la lucha de clases”.7

Para Arismendi no son objeciones válidas, a su caracterización de las dictaduras latinoamericanas como fascistas, aquellas que sostienen que el fascismo es propio de los países centrales y que no se puede hablar de fascismo en los países dependientes. El pensador uruguayo señala cómo el fascismo se desarrolló, precisamente, no solo en Países como Alemania e Italia, de un alto desarrollo capitalista, sino también en países como Bulgaria (de donde provenía Dimitrov y a cuyo proceso hace referencia Mariátegui), Hungría, Portugal o Grecia (el “régimen de los coroneles”).8

Tampoco es válida para Arismendi la objeción de que en Latinoamérica el fascismo no se apoyaba en un “partido de masas”, como en Alemania o Italia. El pensador uruguayo sostiene que ya Dimitrov decía que en países como Bulgaria, Yugoeslavia, Rumania, etc. el fascismo no contaba con un partido de masas y se apoyó en el ejército y la policía, los cuales cumplían la función de los partidos en otros regímenes fascistas.9

Para Arismendi estas críticas presuponen un error metodológico que es “reclamar la repetición puntillosa de los fenómenos históricos”.10

Existen una serie de aspectos convergentes entre el pensador uruguayo y el peruano:

El fascismo parece corresponderse en ambos a una determinada etapa de desarrollo del capitalismo: la época del imperialismo y los grandes monopolios, así como de las revoluciones socialistas. No puede existir fascismo en sociedades no capitalistas, y no puede existir fascismo hasta que el capitalismo no haya alcanzado cierto grado de maduración. Un punto en común, por tanto, es el carácter histórico del fascismo para ambos autores, lo cual requiere situarlo en su contexto específico.

Las dos líneas de análisis parecen apuntar, más que a señalar algunos rasgos empíricos de los movimientos o regímenes fascistas estudiados, a encontrar algunos rasgos esenciales propios del fascismo, entendiendo la “esencia” no como características a-históricas e inmutables sino como producto del desarrollo histórico mismo.

Los dos autores realizan un análisis desde lo que comúnmente se llama una “perspectiva de clase” en el marxismo, aunque el análisis de Mariátegui es, por decirlo de alguna forma, menos definido o precisa la caracterización del fascismo, en tanto Arismendi hace hincapié, en continuidad con los planteos de Dimitri, en la centralidad del capital financiero para explicar el fenómeno fascista, mientras que Mariátegui tiende a hablar más genéricamente de las clases dominantes. Recordemos que Mariátegui analiza el fenómeno fascista en sus comienzos históricos en Europa, cuando la teorización era aún muy escasa.

Los dos caracterizan en forma muy similar al fascismo: como “dictadura descarada” Arismendi, siguiendo a Dimitrov, y como “dictadura desembozada” Mariátegui. La adjetivación de la dictadura resulta fundamental, puesto que, desde la perspectiva marxista, que expresan ambos autores, todo estado capitalista constituye una dictadura de clase, pero dictaduras con características sustantivamente diferentes. Siempre los clásicos del marxismo han señalado que aun la democracia republicana con el mayor desarrollo de derechos y libertades no deja de ser una “dictadura” de la burguesía, aunque, claro está, no una dictadura desembozada o descarada como los regímenes fascistas. También siempre han señalado que un régimen democrático-republicano es el mejor régimen posible para la actuación de la clase trabajadora en el marco del capitalismo, pero esto no supone que deje ser un régimen de dominación de clase. En la historia podemos encontrar múltiples ejemplos de como las clases dominantes enterraban la democracia republicana ni bien veían peligrar sus intereses, desde el Chile de Allende hasta el más reciente – y finalmente derrotado – golpe contra el gobierno del MAS en Bolivia.

Asimismo, para ninguno de los dos es relevante el hecho de si el movimiento se desarrolla en un país capitalista “avanzado” y desarrollado o se da en el contexto de un país atrasado y subdesarrollado.

También diferencian el fascismo como fenómeno político de otras dictaduras existentes o que han existido en el marco de sociedades capitalistas. Sostiene Mariátegui sobre la dictadura de Primo de Rivera.

“El fascismo es la reacción... El Directorio también es la reacción. Y, sin embargo, no se puede estudiar la reacción en el Directorio como en el fascismo. No sólo por desdén de la estupidez fanfarrona y condecorada de Primo de Rivera y de sus secuaces... Sino, sobre todo, porque el fenómeno reaccionario debe ser considerado y analizado ahí donde se manifiesta en toda su potencia, ahí donde señala la decadencia de una democracia antes vigorosa, ahí donde constituye la antítesis y el efecto de un extenso y profundo fenómeno revolucionario”.11

Arismendi también distingue entre las tiranías “más o menos folklóricas”, retratadas por los narradores latinoamericanos en “El otoño del patriarca” de Gabriel García Márquez o el “Señor Presidente” de Asturias, con las dictaduras de la década del 70, las cuales tenían otra base social: “primordialmente el capital financiero” y que son, además “la tentativa de ajuste feroz de cuentas con la clase obrera, el movimiento liberador, incluso con las tendencias nacionalistas, independentistas o nacionalreformistas...”12

Tampoco para ambos parece ser relevante la existencia o no de un partido de masas, puesto que la función que en Italia o en el caso de Alemania puede haber cumplido una organización política de estas características, puede cumplirlo otro tipo de organización como señalaba Arismendi respecto a la dictadura uruguaya o Mariátegui respecto al fenómeno fascista en Bulgaria.

¿Qué conclusiones podemos extraer de estos planteamientos de Arismendi y Mariátegui para nuestro presente y para América Latina en particular?

En primer lugar, que, si bien el fascismo es un fenómeno histórico, las condiciones que le dieron origen siguen presentes: el desarrollo del capital financiero, su hegemonía, y la existencia en el mismo de tendencias particularmente reaccionarias. Otros fenómenos históricos – como los populismos de mediados del siglo XX en América Latina- probablemente sean irrepetibles, porque las condiciones históricas que permitieron su desarrollo ya no existen. Pero, en cambio, el sustrato social que dio lugar al fascismo si es parte de nuestro presente, e incluso se puede decir que el capital financiero tiene un peso mayor hoy que cuando se desarrollaron los primeros regímenes fascistas. También - a pesar de los que quisieron decretar en algún momento el fin de la lucha de clases o hasta la desaparición de la clase trabajadora tras la caída del socialismo real- se han desarrollado movimientos políticos y sociales que ponen en cuestión la hegemonía de las clases dominantes, ante los cuales muchas veces los sectores más reaccionarios actúan “preventivamente”.

Que se desarrolle o no un partido fascista, que se profesen o no visiones racistas, que llegue o no a ser un fenómeno de masas, que se desarrolle en un país del capitalismo central o periférico no definen al fascismo. El fascismo, como expresión política de los sectores más reaccionarios del capital financiero, aliado en el caso de América Latina a los sectores más reaccionarios de la oligarquía, se expresa según las condiciones concretas y las posibilidades existentes en cada país.

En la década del 70 se apeló a las Fuerzas Armadas, hoy podemos ver el desarrollo de algunas expresiones político partidarias en América Latina, a la que no es ajena Uruguay, con características claramente fascistizantes o fascistas.

Lo relevante, desde la perspectiva marxista, no son las características más peculiares que puede tomar aquí o allá el fascismo, sino si expresan o no a los sectores más reaccionarios del capital financiero y las oligarquías locales.

En nuestro contexto específico, leyes como aquellas que proponen la prisión domiciliaria para los torturadores y asesinos de la dictadura, por supuestas “razones humanitarias”, tienen otro sentido que nada tiene que ver con el humanismo: garantizar la impunidad no solo de los fascistas de ayer, sino dar un mensaje a los fascistas del “mañana”, profundamente enquistados en las Fuerzas Armadas y en los aparatos policiales, tanto en nuestro país como en general en toda América Latina, adoctrinados por años en la “doctrina de la seguridad nacional” por parte del imperialismo yanqui. A eso se debe sumar que los vínculos entre las oligarquías criollas y el imperialismo, y en particular con el capital financiero, son hoy seguramente más estrechos que hace 40 o 50 años. Para que el Nunca Más se haga una realidad efectiva, habrá que desarrollar en lo inmediato un amplio movimiento de masas contra estas expresiones de las clases dominantes, pero también impulsar en el mediano y largo plazo una serie de transformaciones que son esenciales para la construcción de una sociedad profundamente democrática y que supere históricamente las condiciones sociales e históricas que permiten que renazca una y otra vez el “Huevo de la serpiente”.

 

 

 

 

1- Arismendi, Rodney, “Conversación con estudiantes latinoamericanos”, en Sobre la Educación, la literatura y el arte, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1989, p. 228.

2- “El supuesto que subyacía a la tesis del “social fascismo” era que todos los partidos, a excepción de los comunistas, constituían una masa reaccionaria y que no había distinciones significativas entre ellos”. Borón, Atilio, “La izquierda y el Balotaje en Brasil”, Noviembre 2014 en http://www.telesurtv.net/bloggers/La-izquierda-y-el-balotaje-en-Brasil-20141019-0002.html.

3- Mariátegui, José Carlos, “Biología del fascismo” en Textos básicos, op. Cit., p. 313.

4- Mariátegui, José Carlos, “El terror en Bulgaria” en Mariátegui, José Carlos, Figuras y aspectos de la vida mundial I. Obras completas. Tomo 1, Ed Amauta, Lima en https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/figuras_y_aspectos_de_la_vida_i/paginas/el%20terror%20en%20bulgaria.htm

5- Ibid.

6- Ibid.

7- Arismendi, Rodney, op. Cit., p. 227.

8- Ibid, p. 232.

9- Ibid, p. 231.

10- Ibid, p. 230.

11- Mariátegui, José Carlos, “Biología del fascismo” en Textos básicos, Fondo de Cultura Económica, Lima, 1991, pp.312-313-

12- Arismendi, Rodney, “Algunas reflexiones sobre el fascismo en la hora actual de América Latina” en Arismendi, Rodney La Unidad de América Latina, Ed. Fundación Rodney Arismendi, Montevideo, 2013, pp. 142-143.

Autor: Alexis Capobianco

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