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Escribe: Gabriel Mazzarovich

El mismo día, el 11 de marzo, se conocieron dos noticias que muestran la verdadera cara de la red de redes, internet, mejor dicho, de las megaempresas, privadas, yanquis y propiedad de multimillonarios, también yanquis, que la dominan a su placer y antojo.

Mientras Youtube anunciaba el cierre “inmediato” de los canales y los sitios de distribución de Rusia Today y Ahí les Va (de otras maneras la censura también alcanzó a Sputnik), para no permitir que hicieran propaganda del gobierno ruso; Meta, el nuevo nombre de la empresa propietaria de Facebook, reconocía que estaba permitiendo, y lo seguiría haciendo, que se publicaran mensajes de odio contra Rusia, incluso llamados a asesinar a su presidente y a sus ciudadanos. Lo explicaba como ”un cambio temporal” en sus reglas.

Una preciosidad. De manual básico de libertad de expresión. ¿En qué enmienda de la famosa constitución yanqui, puesta siempre como ejemplo, estará eso? 

Las empresas que concentran un oligopolio del acceso (Google registró el 96% de las búsquedas de internet en América Latina) y la generación de contenidos (10 empresas generan más del 70% de los contenidos que circulan en la red y 6 grandes conglomerados tienen el dominio de un porcentaje similar del contenido de medios noticiosos globales) en internet tienen un poder que nunca tuvo ningún Estado, ni siquiera un imperio, en la historia de la humanidad. La censura que aplican no es en un país o en un grupo de países, lo que podían hacer un Estado nacional o un imperio. No, ahora la censura es mundial. Con un clic de un mouse simpático, inalámbrico y seguramente intuitivo, un primor de la tecnología, decretan la censura mundial. Tremendo, ese poder no lo tuvo Roma, ni Atila, ni Alejandro Magno, ni Cleopatra, ni la pérfida Albión, ni EEUU. Ahora lo tienen un puñado de multimillonarios que juegan a ser dioses.

Es una verdadera vergüenza. Además, Twitter, otra megaempresa, con un mundo virtual acelerado y loco, tomó medidas por su cuenta, faltaba más, y no solo catalogó a medios y los calificó, nadie sabe basándose en qué criterios, además les puso carteles a periodistas, catalogándolos y calificando su trabajo, lo que es una canallada. 

Una periodista de RT decía conmocionada que el trabajo de muchos años de ella y sus colegas había “desaparecido”, ya no está, es como si nunca hubiera existido. Esta situación terrible habilita a que todas y todos nos preguntemos: ¿Dónde estará todo lo que hoy escribimos, decimos, posteamos, dentro de 5 o 10 años?, ¿cómo y quienes están decidiendo la memoria del mundo?, pero bueno eso es para otra nota.

Rechazo la guerra, en la que siempre sufren los pueblos, siempre. No me simpatiza Vladimir Putin, más bien todo lo contrario, no coincido con la línea periodística de RT, ni de cerca. Pero eso no me impide rechazar la censura mundial de la que son objeto y la hipocresía y doble moral que esta expresa.

¿Le van a poner cartelitos a CNN, Fox News y la muy flemática BBC diciendo que son operadores del capitalismo y defensores de la OTAN?, ¿nos van a advertir que The New York Times nos mintió a todos sobre las armas de destrucción masiva de Sadam para justificar la invasión a Irak?, ¿le van a poner un cartelito a ABC de Madrid que diga: Cuidado este diario es monárquico y feudal?, ¿le van a poner a los periodistas yanquis cartelitos que adviertan que cuando su país invade otro actúan como soldados y reportan lo que el Pentágono quiere, incluso, sin vergüenza alguna, desde los tanques invasores?, ¿le van a poner un cartelito a TV y Radio Martí para advertirnos que son operaciones de propaganda yanquis financiadas con presupuesto federal para alentar la contra revolución en Cuba?, ¿le van a poner a El Mercurio de Chile y a El País de Uruguay cartelitos que adviertan a los lectores que apoyaron al fascismo en sus países y que decían que Mandela era un terrorista? Creo que no.

Las crisis sirven para mostrar la verdadera esencia de las cosas, para bien y para mal. Ojalá esta vergüenza permita generar conciencia de que se ha conformado una oligarquía mundial. Oligarquía en el sentido clásico, el que le daba Aristóteles en su Política, hace más de 2 mil años, el gobierno de unos pocos y en beneficio solamente de los ricos. Esa oligarquía mundial concentra un porcentaje escandaloso de la riqueza. Según el último informe sobre Desigualdad Mundial, de Wordld Inequality Lab, el 10% más rico del mundo captura el 52% del ingreso y el 50% más pobre solo el 8.5%. Con la riqueza es peor, el 50% más pobre solo posee el 2% de la riqueza del mundo y el 10% más rico tiene el 72%. Esa oligarquía mundial vio duplicar sus ganancias en los años de pandemia mientras 100 millones de personas caían en el hambre.  Esa oligarquía, término que algunos consideran arcaico y que sin embargo nunca fue tan preciso para definir la realidad, ya hubieran querido los oligarcas aristotélicos tener el poder de los actuales, además de ser cada vez más rica, domina lo que vemos, por dónde lo vemos y cuándo lo vemos.

El mayor peligro para la libertad y la igualdad, es decir para la democracia, en el mundo no viene más de los Estados, que, por supuesto siguen teniendo importancia, pero el peligro mayor, al que hay que enfrentar y ponerle límites es el de esta oligarquía indecente. Por supuesto que es censurable, para Uruguay y las y los uruguayos, la ridícula decisión del presidente de ANTEL, la empresa estatal de telecomunicaciones, de sacar de la plataforma Vera TV a Sputnik y RT. Demuestra un cipayismo intelectual pocas veces visto. Pero su capacidad de daño al lado de lo que hacen Facebook, Google, Twitter, Youtube e Instagram, por decir solo algunas del puñado de empresas que dominan todo, es ridículamente pequeña.

Podemos y debemos criticar al censor aspiracional de Gabriel Gúrmendez, claro que sí, pero a condición de que también lo hagamos con quienes lo mandan y asumen que pueden mandar a la humanidad entera. 

 


http://www.cubadebate.cu/noticias/2022/03/11/youtube-cierra-los-canales-de-rt-y-ahi-les-va/
https://www.pagina12.com.ar/407315-facebook-instagram-y-whats-app-habilitan-los-mensajes-de-odi

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