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Ante el Proyecto de Ley (Poder Ejecutivo, 2022) para autorizar el ingreso a territorio nacional de doce militares de las fuerzas especiales de Estados Unidos, surgen algunas interrogantes que quizás compartan algunos señores legisladores y dirigentes de todos los partidos.

Sobre el entrenamiento militar ofrecido por los EE.UU

En las referencias finales puede encontrarse el link al texto completo de la norma proyectada y de los motivos expresados a la Señora Presidente de la Asamblea General, Beatriz Argimón,  por parte del Presidente de la República, Luis Lacalle Pou y de los titulares del Ministerio de Defensa, Ministerio del Interior y Ministerio de Relaciones Exteriores. 

Estas son las preguntas mínimas que quizás deberíamos plantearnos:

1. ¿No es posible proporcionar información más precisa acerca de cuáles serían las circunstancias concretas en que el personal uruguayo aplicará el entrenamiento impartido por las fuerzas especiales de EE.UU?  

En otras palabras, las destrezas y los conocimientos impartidos por las fuerzas de EE.UU, ¿dónde se aplicarán?

¿En territorio  nacional o en áreas conflictivas de otras partes del mundo? 

Y además, ¿cuándo se aplicarán?

2. Si nos atenemos al texto del envío del PE a la Señora Presidente de la Asamblea General se explicitan cinco puntos que pretenden dar fundamento a la autorización.  Primer motivo: paracaidismo y atención a población víctima de desastres de origen natural o humano. Segundo motivo: instrucciones para personal paramédico en “misiones de paz o emergencias nacionales”. Tercer motivo: Instrucciones de liderazgo para suboficiales, en territorio nacional o en el extranjero. Cuarto motivo: Instrucciones de procedimiento para la toma de decisiones durante crisis o emergencias.  Quinto motivo: “Instrucción especialista para equipos tácticos”. Se habla también de “tener unidades de operaciones especiales en óptimas condiciones, a efectos de brindar protección a la población civil”.

Los dos primeros puntos, sobre paracaidismo y paramédicos, parecen congruentes con propósitos habituales de las misiones de paz. Sin embargo, los tres restantes puntos (liderazgo, toma de decisiones, “unidades de operaciones especiales” por loables que sean sus fines declarados acerca de los civiles), quizás adolecen de una peligrosa ambigüedad. ¿No podrían deslizarse los objetivos del entrenamiento a la participación de fuerzas uruguayas en conflictos bélicos futuros que le son distantes y ajenos, o peor aún, hacia un terrorismo de Estado que amenace a la población en el territorio nacional? 

No sería la primera vez que esto ocurre.  Por ejemplo, en Colombia, en particular desde el gobierno de Álvaro Uribe hasta el del actual presidente Iván Duque, los EE.UU han apoyado con todo tipo de recursos al Estado colombiano, con el objetivo presunto del combate a las guerrillas y al narcotráfico (pese a ello continúan los flujos de droga hacia los EE.UU.)  Los EE.UU. no se han limitado al entrenamiento “light” que parecen ofrecerle al Uruguay. Es cierto que algunos  especialistas afirman que es falso que EE.UU. posea 7 bases militares en territorio colombiano. Es el caso de Renán Vega, investigador de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá : “Tengo que decir que esa información es falsa. Es falsa porque no son siete. Son entre 40 y 50 bases militares. Es decir, la información es falsa, por defecto, no por exceso” (Vega, 2021).  

Entretanto, las estrategias del ejército colombiano son propias  de las peores asociaciones para delinquir.  Es el caso conocido como el de los “falsos positivos”.  Recientemente, varios funcionarios militares admitieron haber asesinado civiles presentando sus muertes como las de “combatientes rebeldes”. “Las ejecuciones, que se usaron para fortalecer el discurso de que el país estaba ganando en el conflicto, se han convertido en uno de los [casos] más emblemáticos del traumático conflicto interno armado del país, que tiene su origen en los años sesenta del siglo pasado”  (Turkewitz y Villamil, 2022). En una nota de la BBC se recoge la declaración de uno de esos militares en una audiencia donde estaban presentes testigos y familiares de las víctimas: "Yo ejecuté, yo asesiné familiares de los que están acá, llevándolos con mentiras, con engaños, disparándoles, asesinándolos cruelmente y poniéndoles un arma para decir que era un combate, que eran guerrilleros, y manchar el nombre de esa familia, destruirla, dejar unos hijos sin padre, dejar unos padres sin hijos" (BBC, 2022, abril). 

Recibir entrenamiento en territorio uruguayo de fuerzas especiales de una nación que con más de 40 bases militares no parece haberse enterado de los “falsos positivos” no parece un antecedente que induzca mayor confianza. Los EE.UU. no han protegido en absoluto a los miles de civiles asesinados con la excusa de la lucha contra las guerrillas y el narcotráfico. Incluso el entonces presidente Donald Trump reprochó  a Colombia que la droga continuaba viajando sin obstáculos hacia los EE.UU. Y algunos estudiosos afirman con sólidas evidencias que: “pasadas más de tres décadas de ’guerra contra las drogas’ promovidas por el gobierno estadounidense, es imposible sostener que la interdicción, la criminalización de cultivadores y consumidores, la fumigación con glifosato o la erradicación forzada hayan dado cualquier solución al problema de las drogas ilícitas” (Lajtman y Arias Barona, 2019).

Entonces, ¿para qué recibir entrenamiento especial por parte de quienes no han sabido proteger a los civiles de las naciones latinoamericanas que más apoyo han recibido por parte de los EE.UU. y han fracasado estrepitosamente en sus estrategias de la “guerra contra las drogas”, si ese fuese un argumento tácito y adicional para justificar la presencia de esos doce apóstoles del entrenamiento militar en territorio nacional?

3. Es todavía un consenso entre muy diferentes perspectivas político partidarias que el Uruguay debe adherir siempre al estado de Derecho y mantener relaciones armoniosas con los países de la región y con todas  las potencias mundiales. Sin embargo, los señores  legisladores de todos los partidos, ¿se sienten cómodos y confiados  con una nación que ofrece entrenamiento militar pero opera con frecuencia por fuera del Derecho Internacional haciendo uso y abuso de sus recursos?  Se ha repetido hasta el hartazgo la larga serie de intervenciones  violentas de EE.UU en América Latina o el apoyo  a golpes militares o gobiernos corruptos que le son afines. Pero hoy suena de mal gusto recordarlo y hasta la expresión “antimperialista” parece antigua y es recibida con sonrisas escépticas.

Por eso recordemos apenas hechos recientes, sin pretender ser exhaustivos: la Asamblea General de las Naciones Unidas reiteró con 187 votos su posición contra el ilegal embargo a Cuba aplicado por los EE.UU (ONU, 2019);  el asesinato del general iraní Ghassem Soleimani motivó duras condenas: “EE.UU desafía nuevamente al resto de la comunidad internacional, y sienta un peligroso precedente que violenta las reglas fundacionales del ordenamiento jurídico internacional” (Boeglin, 2020); según varias investigaciones “tortura y desaparición son habilitadas en manual estadounidense hallado en archivos militares uruguayos, fechado en democracia” (Blixen, 2019); muchos han olvidado el caso del periodista saudí  Jamal Khashoggi, descuartizado en un consulado de su país en Estambul y “el polémico apoyo de Trump a Arabia Saudita tras el asesinato” (BBC, 2018). Ocurre que EE.UU es aliado de Arabia Saudí, entonces no importa. 

¿Los señores legisladores y dirigentes de todos los partidos ignoran el creciente racismo con afrodescendientes que culminó con muertes como la de George Floyd? (BBC, 2022, febrero). El hecho de que fuerzas especiales estadounidenses vengan al Uruguay a enseñar cómo proteger a los civiles resulta bastante extraño. Se trata de la única nación hasta ahora que usó bombas atómicas contra ciudades indefensas, como Hiroshima y Nagasaki.  O bombardeó con napalm aldeas vietnamitas. ¿Los señores legisladores, con nobles excepciones, prefieren olvidar esa parte de la historia?

4. Los legisladores de todos los partidos que han votado o están dispuestos a autorizar el proyecto de ley, ¿temen sanciones económicas para el Uruguay  o amenazas de otra índole por votar en contra de un camino quizás funcional a la escalada planetaria de la guerra? 

Estas preguntas insinúan algunas opiniones. Pero no ofrecen respuestas. Las esperan. 

Porque uno puede equivocarse, en parte por las actuales restricciones en redes sociales e internet al libre flujo de las opiniones, por esta guerra que viene escalando más allá de Ucrania y Rusia. Estas circunstancias quizás condicionen las chances de cotejar y ponderar contenidos e insumos informativos.

Para un final provisorio, aclaro que ninguna de estas líneas está animada por “radicalismo” alguno, ni por una simplista postura anti estadounidense. Una cosa es admirar un pueblo y su cultura, su lucha por los derechos civiles, su resistencia pacífica contra la guerra de Vietnam –pongamos por caso-, o vibrar con la música y la letra de Blowind in the Wind de Bob Dylan. Muchos educamos nuestra sensibilidad y a la vez nuestra inteligencia viendo películas como The Strawberry Statement (Stuart Hagmann, 1970) o Born on the Fourth of July (Oliver Stone, 1989). Pero otra cosa muy diferente es hacer extensiva esa admiración a sus sucesivos gobiernos. Y ni hablemos  de la mayor parte de su política exterior. 

Quienes admiramos a los padres fundadores de la gran nación del Norte, quienes leímos con emoción al poeta Walt Whitman y al filósofo y pedagogo John Dewey, sabemos distinguir al Ku Klux Klan de Martin Luther King. El problema reside en que el EE.UU. alberga a unos y a otros, por eso hay que ser prudentes. 

Del actual gobierno del Uruguay y, en particular, del grupo del Partido Nacional que lidera la coalición, podrán decirse muchas cosas. Pero la historia enseña que las calificaciones deben ser cuidadosas y bien fundadas. Decir que el PN hoy es “conservador” es no decir nada. Porque personas de todas las clases sociales pueden serlo. Alcanza con que sean algo miserables, como esa que “vi en el almacén, peleando por un vintén” (“Doña Soledad”, Alfredo Zitarrosa, 1972). Lo que no se puede decir en absoluto del sector que hoy conduce al PN es que sea “herrerista”. No al menos en lo que refiere a aspectos sustanciales del pensamiento y la acción de Luis Alberto de Herrera. 

En 1951, la Casa Blanca envió al Uruguay al subsecretario de Estado para América Latina, señor Howard Miller. El jerarca solicitó al entonces presidente Luis Batlle Berres la participación de militares uruguayos en la guerra de Corea (1950-1953) y a efectos de conseguir  el mayor apoyo nacional posible se ofreció a conversarlo en persona con Luis Alberto de Herrera, quien “aunque no ocupaba posición pública alguna, poseía autoridad”. El caudillo oriental a quien suele invocarse pero estudiarse muy poco, respondió muy enfáticamente: “¡De lo que estoy seguro es que con mi firma no sale criollito a pelear contra ese pueblo que defiende su libertad!”. Y continuó Herrera en la sesión del Directorio del 5 de marzo de 1951 informando en estos términos de la entrevista con Howard Miller: “En concreto, nosotros no queremos ir a Corea a combatir contra quienes heroicamente pugnan por su derecho a ser libres. En la hora, ellos [los coreanos del Norte] son los ‘artiguistas’ de allá, igual que hicimos nosotros antes contra los invasores” (Haedo, 1990, págs. 253-254).

Y es pertinente recordar que el 21 de noviembre de 1940, inspirado por las ideas de Herrera, Eduardo Víctor Haedo interpeló al ministro Guani para evitar la implantación de bases militares en el Uruguay, objetivo finalmente logrado. Cualquier paso actual en dirección contraria a esa tradición, por modesto o pequeño que parezca, sería la traición de un sabio legado. Por supuesto que pueden rechazarse muchas otras doctrinas y decisiones políticas del herrerismo histórico. Pero en momentos en que los conflictos violentos amenazan hoy contaminar gran parte del planeta, parece muy razonable coincidir con Herrera y con Haedo en la no alineación en temas internacionales, y resulta muy ingenuo aprobar la presencia de fuerzas especiales de los EE.UU. como si fuese un entrenamiento para campamentos de los Boy Scouts.

Por cierto, no alineación no significa neutralidad. Lo ha dicho con elocuencia en uno de sus discursos Jean-Luc Mélenchon, de L’Union Populaire, candidato de izquierda que arañó por 1,2%  ingresar en la segunda vuelta con un 21,95% , frente Marine Le Pen que obtuvo un 23,15% en la primera:  

“Desde el 2014 vengo repitiendo una y otra vez que Rusia no se dejaría humillar durante mucho tiempo, si seguimos empujando a la OTAN en sus fronteras. Que es un peligro que nunca aceptarán. No dijimos nada más y denunciamos a los responsables de esta situación. ¿Por qué lo hicimos? Porque no estamos alineados. Y la postura política que me propongo encarnar, si soy el Presidente de la República Francesa, es el no alineamiento porque creo que es la condición para la paz. Pero el no alineamiento nunca ha significado neutralidad. No somos neutrales porque estamos a favor de la paz y para defenderla. ¿Contra quién? Contra los que la cuestionan. ¿Quiénes son? Sea quien sea. Este es el razonamiento que me guía y que guiaría la política exterior que emprenderíamos” (Mélenchon, 2022).  

¿Alguien conoce argumentos alternativos a esos, por parte de los dirigentes y los legisladores uruguayos favorables a la presencia militar estadounidense en territorio nacional con fines de “entrenamiento”?

 

REFERENCIAS

BBC (2018). “Caso Jamal Khashoggi: el polémico apoyo de Trump a Arabia Saudita tras el asesinato del periodista”. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46284803

BBC (2022, febrero). “George Floyd: declaran culpables a los otros 3 policías implicados en la muerte que desató fuertes protestas por la justicia racial en EE.UU.” https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60518588

BBC (2022, abril). “Falsos positivos en Colombia: las desgarradoras confesiones de los militares que por primera vez reconocen su participación en el asesinato de civiles que pasaban por guerrilleros”. Artículo de Daniel Pardo, en BBC News, 27-04-2022. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-61238951.amp

Blixen, Samuel (2019). Semanario Brecha 26/4/2019. https://brecha.com.uy/lecciones-antiterroristas/  Ver también el contundente Torture Team. Uncovering War Crimes in the Land of the Free de Philippe Sands (2009), Great Britain: Penguin Books. 

Boeglin, Nicolás (2020). https://www.dipublico.org/115682/el-asesinato-de-ghassem-soleimani-por-parte-de-estados-unidos-en-irak-breves-apuntes-desde-la-perspectiva-juridica/

Haedo, Eduardo Víctor (1990). Herrera, caudillo oriental. Edición de Homenaje de la Cámara de Representantes del Uruguay. Montevideo: Tradinco.

Lajtman, Tamara y Arias Barona, Christian (2019). “Guerra infinita: EE. UU. y las drogas en Colombia”, en Celag.org 22-08-2019. https://www.celag.org/guerra-infinita-eeuu-y-las-drogas-en-colombia/

Mélenchon,  Jean-Luc (2022). L’UnionPopulaire. Video de la campaña presidencial 2022. https://drive.google.com/file/d/1MaM1OwIhl8TD1jBqz4n_i7QPWpjCLHap/view?usp=sharing

ONU (2019). “La Asamblea General reitera con 187 votos su posición contra el embargo a Cuba”.  https://news.un.org/es/story/2019/11/1465061

Poder Ejecutivo (2022). https://www.gub.uy/presidencia/politicas-y-gestion/proyecto-autoriza-ingreso-territorio-nacional-12-militares-fuerzas-especiales Acceso directo a la exposición de motivos y Proyecto de Ley de artículo único: https://medios.presidencia.gub.uy/legal/2022/proyectos/01/mdn_448.pdf

Turkewitz, Julie y Villamil, Sofía (2022). “Colombia confronta el legado del conflicto armado en una audiencia sobre el caso de los ‘falsos positivos’ ”. En The New York Times, 27-04-2022. https://www.nytimes.com/es/2022/04/27/espanol/colombia-falsos-positivos-jep.html

Vega, Renán (2021). “Colombia: Bases militares de Estados Unidos: neocolonialismo e impunidad”. En SOAW,21-04-2021:  https://soaw.org/colombia-bases-militares-de-estados-unidos-neocolonialismo-e-impunidad

Autor: Agustin Courtoisie

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