Le llamaron el milagro económico de Sudamérica debido al crecimiento sostenido que logró durante 8 años (2006 a 2014). Luego de ese año no decreció, solamente el crecimiento se desaceleró aunque sí aumentó su déficit, posiblemente por mantener el perfil de presencia estatal en medio de la caída del ingreso.

Es claro que la economía no es solamente economía, siempre, se reconozca o no, viene vinculada a la política. Esto permite que las cifras no se lean de manera mecánica sino que hagan parte de un contexto y se enmarquen en un escenario colectivo en función de decisiones que afectan a millones de personas.

Por esta razón, quienes optan por ver la economía con la lente del mercado puro y duro, atribuyen de forma casi despectiva el crecimiento de Bolivia durante ese “milagroso” lapso al aumento de los precios de las “comodities” que es como han dado en llamar a los bienes primarios en esta época. Es la misma razón por la que aseguran que los gobiernos progresistas en general lograron buenos niveles de desarrollo social y ampliación de las capas medias en países como Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia.

Es como si la natural consecuencia del aumento de los precios de las materias primas fuese una mejora en la capacidad adquisitiva de la población, como si las materias primas se negociaran directamente con los habitantes y no con los estados. Será interesante ver con el tiempo lo que pase hoy en Uruguay, debido a que estas materias primas o “comodities” nuevamente están aumentando de precio desde el final de la emergencia sanitaria. Se verá si igual que a inicios de la década anterior, este aumento trae como “natural consecuencia” la mejoría en la capacidad adquisitiva de la población o las ganancias se represan en un pequeño sector.

Visto con otra lente, Bolivia decidió apostar por su población, desarrolló políticas sociales y nacionalizó los sectores más rentables de la producción, lo que resultó determinante a la hora de percibir los ingresos que sustentaron el modelo aplicado, mientras de otro lado es posible ver ejemplos como el de Colombia o Chile, donde los recursos naturales más valiosos fueron concesionados por extensos períodos o a perpetuidad con ingresos ínfimos para la nación, motivo por el cual las regalías por carbón o petróleo en Colombia son sustancialmente menores a las enormes riquezas que han traído para las empresas que las explotan en silencio.

Pero Bolivia no sería el escenario de una fuerte disputa de intereses si de lo que se hablase fuese de cultivos industriales o de materias primas para el sector textil, por más que estas se vendiesen a muy buen precio en el mercado exterior. Bolivia hoy realmente está en el centro de un cambio de época cuyas implicaciones aún no se han terminado de proyectar. 

Es una realidad el derrumbe del sistema sustentado en los combustibles fósiles cuya existencia está cada vez más limitada y donde los costos económicos y políticos del control de sus fuentes, a la larga son mayores que los beneficios que generan a largo plazo.

Posiblemente Venezuela sea el último o al menos uno de los últimos países petroleros en el centro de una guerra geopolítica, de nuevo tipo pero guerra al fin. El bloque de poder tampoco es monolítico y ya hay un nuevo orden de intereses viendo la luz y poniendo los ojos en nuevas fuentes de generación de energía.

Esto no significa que el petróleo “ya fue”, en lo absoluto, así como en su momento con el carbón, hay grandes intereses e inversiones desplegados en ese sector, pero es claro que la reconfiguración del mundo parte por dejar de basarse en los combustibles fósiles y la matriz energética verá cambios sustanciales en las próximas décadas, lo que también significa el nacimiento de nuevas castas de poderosos y dentro de esos cambios el litio cumple un papel preponderante, ya que a diferencia del petróleo o el carbón, su utilidad no se da a partir de la generación de energía sino de su almacenamiento, lo que de entrada implica un gran cambio.

Bolivia, junto con el norte de Argentina, el de Chile y posiblemente una zona de México son los lugares donde se encuentran las mayores reservas de litio en el planeta descubiertas hasta ahora, lo que les hace unos lugares de especial atención por parte de esas nuevas expresiones del macropoder económico, que tienen un estilo diferente a los industriales del siglo XX pero tal vez muchos menos escrúpulos que estos. 

Por eso veíamos al multimillonario Elon Musk, dueño de una megaempresa de autos eléctricos cuyo uso del litio es a gran escala, decir sin desparpajo alguno en Twitter, refiriéndose al golpe de estado de 2019 contra Evo Morales en Bolivia: “Derrocaremos a quien queramos, lidien con eso”, mientras las acciones de su empresa se triplicaban ya que claramente el mercado entendía que mover a Evo Morales de la fórmula del litio, implicaba controlar el mayor mercado de ese recurso natural en favor del capital privado.

El uso de la primera persona del plural en el tuit de Musk es algo que no deja de ser inquietante, primero porque acepta una intervención directa en el derrocamiento de un gobierno, pero la pregunta de fondo es: ¿A quiénes se refiere con “nosotros”? ¿A los Estados Unidos? ¿A los industriales? 

Más allá de la respuesta a estas preguntas, la importancia de Bolivia continúa en el hecho de que  es un modelo nacional con una profunda raíz social en el único país que conserva la mayor parte de su población originaria en Sudamérica, que ha sido un hecho gracias a su organización y su autorreconocimiento como proceso social con dimensiones de estado.

Las pugnas internas de Bolivia son y no son tan internas, indiscutiblemente los sectores presentes en ese “nosotros” pronunciado por Musk han tomado como plataforma las diferencias ideológicas, regionales y han aprovechado el racismo que a veces logra verse con más o con menos claridad para establecer un enclave de disputa interna, que ha demostrado ser lo que más funciona en la actualidad junto con la guerra judicial sustentada en noticias falsas y los relatos fabricados.

La importancia de Bolivia hoy en el continente es central a la hora de construir un nuevo consenso regional. Es claro que salir a proponer instancias de integración regional  no ha sido del palo del gobierno boliviano desde que está en manos del progresismo, aunque siempre han estado prestos a responder a los llamados de quienes proponen alternativas regionales.

Este continente, orgullosamente mestizo debe poner un poco más de atención al componente originario que hoy ha logrado, luego de la debacle generada por la sanguinaria Áñez, quien parece hacer parte del “nosotros” de Elon Musk, una recuperación bajo el mismo modelo económico aplicado antes del golpe. No hay que olvidar que el ahora presidente de Bolivia, durante los años en que el país fue conducido por Morales y Linera fue su principal ministro de economía, y quien lideró uno de los procesos de reconfiguración nacional más drásticos de este tiempo.

Hay una fuerte tendencia a estudiar los hitos económicos de la reconstrucción del Japón después de la Segunda Guerra Mundial, el surgimiento de los Tigres Asiáticos desde los modelos de explotación de materias primas y mano de obra, o la manera en que la Tercera Vía ayudó a edificar las sociedades de bienestar de los países nórdicos, pero hay un ejemplo muy interesante, con aciertos y desaciertos claro está, de construcción de un proyecto nacional luego de siglos de saqueo y de un modelo colonial que aún no ha sido del todo superado en el imaginario colectivo, ese ejemplo está en lo alto de los Andes, en el corazón del continente, hacia allá deberíamos estar viendo todos hoy.

 

Autor: Germán Ávila

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