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Hace un rato nomás se nos fue Julio Anguita. Comunista español, bolchevique, supo ser alcalde de Córdoba desde el 1979 al 1986, secretario general del PCE y de Izquierda Unida, también fundador del colectivo Prometeo y del Frente Cívico “Somos Mayoría”.

Inquebrantable republicano, maestro en las clases y en la vida, tuvo mucho que ver con la situación política de la España actual, entendiendo que la unidad de la izquierda era fundamental para las transformaciones.

Pero una unidad particular, no fundada en pactos de reparto con la socialdemocracia, sino construida apoyada y controlada por los movimientos sociales. Unidad en torno a un programa de transformaciones profundas que reivindicaba un camino crítico y de masas, disputando el concepto de derechos humanos y la misma Constitución a la derecha española que la nombra pero la destruye con cada uno de sus acciones políticas.

Muy parecido a otro veterano de acá del sur, que sobre el Frente Amplio opinaba que el mismo “No será ... una coalición formada con ocasional finalidad electoral, sino un auténtico movimiento popular, relacionado en la vida diaria con toda la lucha de la clase obrera y el pueblo...”(1); de esta forma concebía Arismendi a la unidad de la izquierda.

Anguita por su parte entendía desde un profunda postura ético-política que la unidad popular no podía partir nunca del acuerdo de cargos sino que siempre sería "programa, programa, programa”.

En tiempos donde la articulación política se viste de estratagemas eficientes que se basan en repartos de espacios políticos y candidaturas sin tener en claro el objetivo, donde existen candidatos sin programa, rescatar la convicción intransigente de quien entendió cabalmente que:  "La moral comunista es la que sirve para esta lucha, la que une a los trabajadores contra toda explotación y contra toda pequeña propiedad, porque la pequeña propiedad entrega a un individuo lo que ha sido creado por el trabajo de toda la sociedad.” (2).

Pensar nuestra acción desde la definición leninista de moral revolucionaria es una necesidad política acuciante.

 Anguita era un jefe, reconocido por su compromiso, su firmeza de principios, y su altura ética, renunció a la jubilación de diputado viviendo de su jubilación de maestro, como todos los revolucionarios fue odiado por la caverna derechosa, por la “izquierda” claudicante y varias veces traicionado. Durante su conducción Izquierda Unida tuvo las más alta votación en la historia.

Referente reconocido de Pablo Iglesias, de Alberto Garzón, de Juan Carlos Monedero, entendió desde un primer momento que era necesario la confluencia de Podemos e Izquierda Unida en Unidos Podemos, para disputarle espacios de poder al fascismo, tanto en las calles como en las instituciones.

Hoy el mejor homenaje y recuerdo que podemos hacer es continuar su lucha.

 

 

1 - Informe al XX Congreso del PCU.- En Congresos y Documentos.- Montevideo – 1988 –p 198.
2 - V. I. Lenin Tareas de las Juventudes Comunistas en Pravda, núms. 221, 222 y 223 del 5, 6 y 7 de octubre de 1920. Moscú, Rusia.

Autor: Diego Alonso

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