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¿Cómo es posible que la crisis del capitalismo no desemboque en una salida revolucionaria que reinvente la sociedad, que reinvente las relaciones de propiedad e igualmente las relaciones de producción que emanen de esas nuevas formas de propiedad? Fue la pregunta de Gramsci en los años 30 y sigue siéndola ahora. De ahí que nos invitara a mirar a otro lado, a la conciencia, y que pensáramos en la conquista de la hegemonía, camino de crear un nuevo sentido común donde la empatía sea algo inmediato. Pero la hegemonía ha sido la contraria. ( Monedero, J.C., 2014)

La pregunta que nos plantea Gramsci  y que hace suya Juan Carlos Monedero es central en las horas que estamos viviendo. Hace varios meses se instaló una pandemia a partir de las expansión del COVID 19, que radicalizó todas las contradicciones que forman parte del modo de producción capitalista. En un primer momento varias voces se animaron hasta augurar el fin del sistema que no daba respuestas a las necesidades de la humanidad, al tiempo que se mostraba en la práctica el derrumbe del discurso privatizador. Los países que mejor enfrentaron la pandemia son aquellos donde el Estado desarrolló sistemas sanitarios y de protección social. Sin embargo la “hegemonía ha sido la contraria”.

La derecha ha sido capaz de construir un discurso que frenó los primeros empujes de crítica al sistema y los transformó en mayor o menor medida en una situación de miedo a la peste, junto con una aceptación más o menos pasiva del quedate en casa, ya no en términos sanitarios , sino sociales y reivindicativos. Es necesario estudiar su capacidad de construir sentido para explicarnos la realidad y tratar de dar respuesta a la pregunta que nos plantea Gramsci. Esto sin dudas parte de la imposición mediática de un viejo discurso que sostiene que todos somos perjudicados y que existen intereses comunes y que debe procurarse el bien común frente a una agresión externa, no deseada, peligrosa y que nos golpeará a todos.

A partir de esa falsa “unidad” de intereses se plantea que es necesario además confiar en que los poderosos buscando la maximización de su beneficio crearán mediante la inversión las condiciones de crecimiento que llevarán a mejores condiciones de vida de toda la población. Es decir que nuevamente la mayoría de la población deberá confiar en que el emprendedurismo, la capacidad y el asumir el riesgo de quienes son mejores que el resto y por ello son empresarios y ricos al enriquecerse traerán bienestar para todos.

Por ello no solo se debe confiar en la capacidad de sus elecciones racionales e individuales, sino que se les debe garantizar ese empuje mediante la facilitación de la acumulación, sin cargas fiscales, ni tributarias, ni políticas redistributivas, ya que estas frenan el empuje creativo y a la larga generan situaciones de empobrecimiento y de servidumbre aumentando la dependencia de los sectores desposeídos de quienes gestionan esas quitas y cargas, las que además no producen.

Por ello el estado debe distribuir mínimamente recursos que posibiliten paliar en algo la pobreza que genera la crisis, sin constreñir a esos sectores que actúan desde su individualidad como locomotora del restablecimiento económico, facilitando además formas de contratación de la fuerza de trabajo. Los pobres deben conformarse con lo posible, ya que de otra forma se estarían perjudicando a sí mismo al exigir satisfacer demandas que la sociedad no está posibilitada de cumplir.

Lo impresionante de este disparate es que funciona. Funciona como justificación de un sistema intrínsecamente injusto que además necesita de mantener y profundizar selectivamente esa injusticia para subsistir, y funciona porque desde la izquierda se asume un discurso de imposibilidad de superar el sistema capitalista. Respondemos desde los marcos conceptuales fijados por el enemigo sin cuestionarlos, aún cuando la realidad demuestra que estos marcos conceptuales no resisten la menor crítica.

Para la construcción de un posición crítica, radicalmente democrática es inevitable deconstruir  algunos supuestos aceptados de forma axiomática, que en si son portavoces de un sentido común alienado, por ejemplo:

1- Hay que priorizar el empleo

Esta frase parece muy lógica sin embargo contiene una brutal mentira desde su formulación. La contradicción entre empleo y salario es totalmente ficticia y encubre la verdadera contradicción, que es quien se apropia de la plusvalía. Hacer crecer el salario el empleo e, incluso disminuir el tiempo de trabajo, no solo es técnicamente posible, sino que sería deseable en una situación de crisis.

Si la amenaza de contagio obliga al aislamiento físico sería importante que la gente trabaje menos horas, menos días a la semana, se remunere el trabajo de cuidados, fundamentalmente llevado adelante por las mujeres, al tiempo que se mantenga y acreciente el número de empleos y el poder de compra, incluso para dinamizar la economía.

Lo que sucede es que llevar adelante estos planteos lógicos implica disminuir las ganancias de los capitalistas, disminuyendo la plusvalía que se apropian mediante la explotación de los trabajadores.  Esto no se quiere llevar adelante por un sistema y su correlato político estatal que está al servicio de estos sectores sociales, es decir no es una cuestión de imposibilidad sino de poder. La forma correcta de la frase es Vamos a priorizar la acumulación de capital, deben elegir entre salarios o empleo.

2 La Crisis nos afecta a todos.

Según un informe de OXFAM titulado Quién paga las cuentas, la riqueza de las elites mundiales ha crecido significativamente desde marzo de 2020. Sostiene este informe que con respecto a América Latina:

La paradoja es que esta crisis no afecta a todos por igual. Desde el principio de los confinamientos, han aparecido 8 nuevos mil millonarios en la región, es decir 1 nuevo mil millonario cada dos semanas,  mientras se estima que hasta cincuenta y dos millones de personas se convertirán en pobres y cuarenta millones perderán sus empleos este año. La riqueza de esta élite de supermillonarios de la región ha crecido un 17 % desde mediados de marzo: US$ 48 200 millones, 3 que equivalen al 38 % del total de los paquetes de estímulo que el conjunto de Gobiernos ha activado y a nueve veces la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) con préstamos de urgencia en la región hasta el momento (.Oxfam Internacional, julio de 2020)

 Es decir que al igual que en la crisis del  2002, algunas personas aumentan significativamente sus ganancias y riqueza al tiempo que se empobrece el resto de la sociedad. A nivel global, sostiene el informe referido, las empresas vinculadas al e-commerce, las telecomunicaciones e informática y las farmacéuticas tuvieron crecimientos  explosivos de entre un 30 y un 50%.

3- El gobierno uruguayo actuó bien frente a la crisis

Nuestro país ha sido reconocido en el manejo de la crisis sanitaria y es real que se adoptaron medidas de aislamiento físico que sumadas al cumplimiento de las mismas por parte de la población, resultaron en un impacto menor que en otros países. Esto a su vez se ve potenciado por la construcción de un Estado presente que garantizó que ciertos problemas pudieran ser resueltos, por ejemplo el acceso a la salud, la posibilidad de acceder a la internet para mantener trabajo y educación a distancia, la existencia de un sistema fundamentalmente estatal de previsión social, así como la estabilidad económica entre otras.

No obstante ello, la mayoría de estas cosas fueron criticadas por la actual coalición de gobierno, y se llevaron adelante con su voto en contra cuando eran oposición. Justamente esta coalición accedió al gobierno desde la crítica al Estado, la crítica al gasto público y   los planteos de privatización de parte de las empresas públicas, aunque con las promesa de mantener las políticas sociales.

Hoy a pocos meses de gobierno se insiste con el discurso Neoliberal, y se practican políticas públicas de recorte de derechos y planteos de recortes presupuestales en general y en ciencia, tecnología y educación en particular, al mismo tiempo que se niega cualquier posibilidad de gravar la riqueza.

Es absurdo que en un país que produce alimentos  para más de 20 millones de habitantes se le quite parte de la alimentación a los escolares, que una parte importante de la población deba comer en ollas populares y que todavía se tenga el descaro de elogiar la solidaridad desde el gobierno, cuando lo que debería hacerse son políticas públicas que garanticen a todos los uruguayos el derecho a la alimentación.

Es indignante que mueran personas de frío por dormir en las calles y existan más de 250 mil viviendas desocupadas,

Es denigrante que existan más de 100 mil nuevos pobres , mientras que  2500 personas tiene más del el doble de la riqueza que tiene el 50 % de la población de nuestro país, y es irresponsable que en épocas de pandemia se niegue a gravar en lo más mínimo esa riqueza acumulada, la que además es producto de la herencia fundamentalmente.

El informe de OXFAM antes citado tiene varias propuestas entre ellas gravar progresivamente la riqueza y plantea al menos un 3,5% para las riquezas más grandes de América Latina. Gravar a esos 2500 ultra ricos y al decil con mayores ingresos y riqueza de nuestro país para garantizar un ingreso mínimo vital que permita a la mayoría de la población sortear esta pandemia y a la crisis que genera es además de necesario un imperativo ético.

Decir que el gobierno actuó bien al menos es de muy mal gusto y una tomadura de pelo a los uruguayos. La realidad es bien distinta a la que muestran los medios de propaganda del régimen, pero al mismo tiempo desde la izquierda no se expresa con claridad estas contradicciones. Por ello en parte la hegemonía sigue siendo la contraria.

Autor: Diego Alonso

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