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Escriben : Sara García[1] y Alejandra Burgos[2]

Escribimos desde El Salvador, uno de los países con mayor densidad poblacional de la subregión centroamericana (en 21 mil km2convivimos casi 7 millones de habitantes). Un país reconocido internacionalmente por los altos índices de violencia social, con altas tasas de violencia feminicida y violencia sexual. Por ser de los pocos países en el mundo que penaliza el aborto de manera absoluta y criminaliza a mujeres que enfrentan emergencias obstétricas. Hablar de El Salvador es hablar de una sociedad con profundas desigualdades y donde las causas estructurales de la violencia social continúan sin atenderse porque históricamente las políticas públicas en materia de seguridad se han implementado desde una perspectiva armada, militarista y androcéntrica.

Todo lo anterior, es para explicar en qué contexto y tipo de Estado se enfrenta la pandemia del COVID-19; Si bien, el gobierno de El Salvador ha tomado medidas calificadas de oportunas; el problema reside en la implementación de las mismas, donde quedarse en casa, implica estar en una situación de privilegios. Es un hecho que la emergencia del COVID19 está impactando en la vida cotidiana de las salvadoreñas, las medidas de confinamiento y cuarentena domiciliar obligatoria han colocado a las mujeres en situación de riesgo a enfrentar violencia sexual, profundizando la precariedad y feminización de la pobreza.

Según el Observatorio de violencia de género de Ormusa, en 2019 el Instituto de Medicina Legal realizó 2.894 reconocimientos por violencia sexual, es decir, 8 casos diarios. Estas cifras son alarmantes, porque el 75% de los abusos fueron cometidos contra niñas y adolescentes menores de 17 años, las investigaciones plantean que los agresores de estas niñas son personas conocidas y familiares cercanos. Un país con altos índices de impunidad en materia de crímenes de odio contra la población LGTBI (más de 600 crímenes de odio todavía impunes). La cuarentena obligatoria implica estar en casa con el agresor, condición que se agrava en un país con justicia patriarcal e impunidad cotidiana. ¿Cuántas niñas enfrentarán violencia sexual y no tendrán acceso a la justicia? ¿Cuántos embarazos impuestos ocurrirán en este período? ¿Cuántas personas disidentes sexo/géneros están teniendo que soportar la discriminación o violencia familiar?

Además, quedarse en casa no es opción para quien trabaja en el sector informal, según la encuesta de hogares y propósitos múltiples (EHPM de la Digestyc) el 42.49% de la población trabaja en el sector informal, siendo la mayoría mujeres, es decir un 47.26%, por tanto, el confinamiento no es una alternativa para las madres que deben salir a vender para dar de comer a sus hijos o hijas; estas medidas están precarizando más la vida de las mujeres, quienes no puede desarrollar sus actividades cotidianas para conseguir el sustento en sus hogares. La cuarentena no es opción cuando se tiene la refrigeradora vacía y varias bocas que dependen de tu trabajo diario. En El Salvador, la gente le teme más a morir de hambre que al COVID-19.

El presidente de twitter, no es gobierno de mayorías: el presidente ha impulsado una especie de campaña mediática unipersonal en redes sociales, informa los avances de la pandemia COVID-19 por twitter y a través de cadenas nacionales; en un país donde solo el 31.1 % de la población utiliza las redes sociales para informarse según el Instituto universitario de opinión pública (IUDOP). Por tanto, sus mensajes no están llegando a toda la población. Además, la información que suele transmitir a través de las plataformas virtuales, ha resultado ser ambigua e incompleta; otra característica preocupante de la manera de hacer política por parte del presidente es la utilización del miedo, como recurso efectivo para controlar. Además suele hacer uso de narrativas y discursos religiosos donde a pesar de reconocer la laicidad del Estado, hace oraciones en cadenas nacionales para legitimar sus decisiones y medidas. El pánico que difunde a través de sus redes sociales y cadenas nacionales, es contrario a toda medida de salud pública, el impacto en la subjetividad de la población, aunado con la experiencia de la cuarentena obligatoria, está generando impactos en la salud mental, en una país que solamente destina el 1.1 % de su presupuesto a este rubro.

El Presidente de El Salvador ha ido acumulando “legitimidad y reconocimiento” incluso en este marco realizó un live en instagram con el cantante y compositor puertorriqueño Residente para hablar de las medidas que estaba implementando y sobre otros temas de derechos humanos, tales como el aborto, matrimonio igualitario, y la penosa irrupción militar en la Asamblea Legislativa el #9F. Este live mostró nuevamente, la ambigüedad de su discurso, el presidente tuitero en temas que implican hablar de autonomía y libertad sobre los cuerpos y las vidas de la ciudadanía tiene posturas conservadoras.

La presencia militar y cuarentena domiciliar obligatoria: guardar cuarentena domiciliar para #AplanarLaCurva ha sido una de las medidas implementadas por la gran mayoría de países. En El Salvador, desde el pasado 21 de marzo el ejecutivo decretó la cuarentena obligatoria que implica restricción en la movilidad, reunión y asociación. Para cumplir con esta disposición, se instalaron retenes policiales y militares que “garantizan” el cumplimiento de las disposiciones del decreto. Esto en un país con una historia reciente de conflicto armado y más de 75 mil personas asesinadas en manos de la guardia nacional y el ejército, es re-victimizante. Es preocupante que estos cuerpos uniformados puedan cometer arbitrariedades y abusos de poder.

La represión también ha tomado una connotación virtual, las lógicas represivas del presidente implican intolerancia a la crítica y disenso, con lo cual, al realizar denuncias del actuar del ejecutivo, esto desencadena una serie de ataques, misóginos en muchos casos, que atentan contra la libertad de expresión y generan violencia simbólica contra las mujeres. Y esto, está por demás decir, es un atentado a la construcción de una democracia real.

Cierre de fronteras y resguardado militar armado de 150 puntos ciegos fronterizos: es sabido que el Gobierno de El Salvador no ha participado en esfuerzos regionales para controlar la pandemia (que fue el único presidente de Centroamérica que no participó en la reunión virtual que sostuvieron presidentes de la región para el establecimiento de acuerdos para el combate del COVID-19). Colocar en las fronteras y puntos ciegos que limitan El Salvador con Guatemala y Honduras cinturones militares y policías pareciera que responde a un mensaje contundente de soberanía nacional que alimenta la idea que las fronteras de los Estado-nación son funcionales y necesarias para el control de la pandemia como si la misma entendiera de fronteras y no fuera un tema de salud pública.

El anuncio de subsidio de $300 para 1 millón y medio de familias: Luego de imponer la cuarentena domiciliar obligatoria, el presidente anunció la entrega de un subsidio por $300 a cada hogar. Sin embargo, además de ser una medida insuficiente, debido a las desigualdades existentes, también ha sido implementada de manera ineficiente, hace unos días se generó un caos en las distintas ciudades, ante la información tan ambigua propiciada por el ejecutivo, lo ocurrido el pasado lunes 30 de marzo es la estampa que retrata la realidad de las grandes mayorías en El Salvador: cientos de miles de salvadoreñas y salvadoreños se aglutinaron frente a los CENADES, el ejecutivo implementó una medida que incentivó romper la cuarenta obligatoria. Ya que fue el mismo presidente que planteó en cadena nacional el mecanismo virtual para verificar si una persona era acreedora del subsidio o la asistencia a las oficinas CENADES antes referidas, para solicitar el mismo. Sin embargo, hubo miles con necesidad sin subsidio y otros miles que no tienen acceso de internet, por lo cual se generaron largas filas de personas, en espera de una respuesta, la cual nunca llegó, porque el presidente ordenó cerrar los CENADES, generando indignación y molestias pues habían personas que tenían horas de espera; muchas personas desde el hartazgo gritaron, lo que las cifras indican: ¡Tenemos hambre, presidente!.

Este tipo de hechos confirma que el presidente está proponiendo medidas desde su burbuja de privilegios, imponiendo la cuarentena obligatoria, cuando no se tiene nada que comer, invisibilizando los cuidados, sobrecargandolos en las mujeres, cuarentena obligatoria cuando en los hogares muchas se ven obligadas a convivir con un agresor. Es imperante para nosotras como feministas, nombrar todas las injusticias que están ocurriendo, tal como afirma Angela Davis: “El virus es el Covid19, la crisis es el capitalismo”, todo los impactos que estamos enfrentando dan cuenta de la precariedad de nuestros sistemas de salud, de la forma en que están configuradas nuestras sociedades, donde la vida de las personas no está al centro. Nuestra exigencia ahora, reside en monitorear los posibles retrocesos en materia de derechos, denunciar las agresiones, generar espacios de escucha entre nosotras. Seguras que construiremos resistencia a la pandemia desde las trincheras de la solidaridad y nuevas formas de hacer comunidad crítica.

 

 

[1] Activista feminista, psicóloga y magister en derechos humanos, integrante de la Agrupación ciudadana por la despenalización del aborto

[2] Activista feminista, teóloga, egresada del doctorado de filosofía iberoamericana, integrante de la Colectiva feminista

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